Anemias por déficit de hierro

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anemia2EL DÉFICIT DE HIERRO

Los chicos:
los más afectados y los más perjudicados

Noviembre 2015

La anemia es un problema de salud pública universal que no hace diferencia entre regiones desarrolladas o no. Afecta en especial a los niños alterando la calidad de vida, el comportamiento y el rendimiento escolar. Además, su falta de tratamiento durante edades tempranas, cuando el cerebro se encuentra en pleno crecimiento, puede llevar a secuelas importantes durante la edad adulta.
Según datos de la OMS más de 1,6 billones de personas están anémicas. En nuestro país, según las últimas encuestas, presentan anemia más del 16% de los menores de 5 años, 34% de los niños comprendidos entre los 6 y 24 meses y 19% de las mujeres en edad fértil. La prevalencia es mayor cuanto peores son las condiciones socioeconómmicas.
Habitualmente se suele asociar el diagnóstico de anemia a la disminución en la cantidad de glóbulos rojos circulantes. Si bien este concepto es en parte correcto, se define como anemia a la disminución de la hemoglobina y/o hematocrito por debajo de los valores de referencia correspondientes a edad, sexo y medio ambiente. La hemoglobina es la responsable de captar oxígeno en los pulmones y posteriormente transferirlo a las células, siendo trasnportada por los glóbulos rojos. El hematocrito corresponde al porcentaje de los mismos en una muestra centrifugada de sangre. En las poblaciones que viven en altura, las concentraciones de hemoglobina son normalmente más elevadas dado que al haber menos oxígeno ambiental el organismo incrementa su capacidad de transporte.

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Dentro del vientre materno, el feto presenta valores elevados de hemoglobina y glóbulos rojos. Sin embargo, desde el mismo momento del nacimiento, dichos valores empiezan a disminuir en forma sostenida. El oxígeno que comienza a respirar el bebé actuaría como inhibidor de la formación de nuevos glóbulos rojos, no habiendo por lo tanto reposición de los que comienzan a destruirse. Este fenómeno se conoce como anemia “fisiológica” observada en todos los bebés sanos y que alcanza su punto más crítico entre las 10 y 12 semanas de vida. Este descenso suele ser más precoz y más intenso en los niños prematuros. Un dato a destacar y que suele ser importante para atenuar dicha anemia es el momento del corte del cordón umbilical luego del nacimiento. Cuanto más se espere para su “clampeo” más probabilidades habrá para que más glóbulos rojos ingresen al recién nacido, asegurándose de esta forma mlayor cantidad de estas células. A partir de aproximadamente el quinto mes comienza normalmente una recuperación lenta en los valores de hemoglobina. Para su formación se requiere hierro. La leche materna es pobre en dicho metal pero lo poco que posee es fácilmente absorbible. Lo contrario ocurre con las leches de fórmula. La alimentación complementaria que se inicia al sexto mes contribuirá a la incorporación de mayor cantidad de hierro sumado al aporte profiláctico que suele indicarse a partir de dicha edad.

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Las anemias pueden originarse por pérdida de sangre o destrucción de glóbulos rojos. También por disminución o ausencia en la producción de los mismos.
La anemia ferropénica es la más frecuente en los niños. La misma se produce por falta o disminución en el aporte de hierro. Intervienen en su desarrollo especialmente los antecedentes alimentarios. Como dijimos el antecedente de lactancia materna exclusiva es un factor preventivo. No obstante, la incorporación tardía de otros alimentos, en especial las carnes, favorecen el desarrollo de la enfermedad. La dietas vegetarianas exclusivas que no complementen hierro o la ingesta de alimentos carentes de dicho elemento son antecednetes a tener en cuenta.
Los alimentos más ricos en hierro son las carnes, en especial la de vaca y en orden decreciente el pollo y el pescado. Tienen la particularidad de absorberse además en mayor proporción del que se encuentra en cereales y algunos vegetales. El hierro medicinal posee sólo una absorción del 10% de la cantidad aportada.

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Los síntomas en los niños de edad escolar y adultos suelen ser la palidez de piel y mucosas, el decaimiento y la falta de apetito que suele agravar el cuadro. Los dolores de cabeza, vértigos, disminución en la capacidad de concentración, el cansancio precoz y la hipersensibilidad al frío atentan contra el normal desenvolvimiento escolar o laboral.
El diagnóstico se confirma con el resultado del hemograma, estudio que determina en una muestra de sangre la cantidad de hemoglogina circulante, la cantidad y el porcentaje de glóbulos rojos y blancos. Además el dosaje de hierro siempre se encontrará disminuido.
El tratamiento es el aporte de hierro medicinal. Habitualmente se utiliza el sulfato de hierro en gotas, el mismo que se utiliza en dosis profilácticas durante el segundo semestre de la vida. La ingestión del mismo siempre debe realizarse alejado de los alimentos lácteos para que pueda ser bien absorbido. Del mismo modo, las infusiones como el té o el mate también suelen disminuir el ingreso del hierro. El aporte debe continuarse por un período generalmente no menor a 3 meses durante el cual no sólo deberán desaparecer los síntomas y normalizarse los valores de laboratorio. También deberán completarse las reservas del metal en el organismo.

Boy eating pasta

De poco puede servir el tratamiento medicinal si no se apunta además a mejorar la calidad de la alimentación. Comenzando con la dieta de la embarazada, continuando con la alimentación con pecho exclusivo durante los primeros 6 meses de vida, iniciando la alimentación complementaria con comidas ricas en hierro y continuando con dichas recomendaciones en el transcurso de la vida. Las golosinas, los jugos azucarados artificiales y la comida “chatarra” favorece entre otras cosas al desarrollo de las anemias.

Fuente: Donato H. “Abordaje de la anemia”. Programa Nacional de Actualización Pediátrica. S.A.P. Buenos Aires. 2015