Déficit en la atención

By | 4 abril, 2010
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hiperactividadEL NIÑO DESATENTO E INQUIETO EN LA ESCUELA

Trastorno de déficit de atención e hipeactividad (ADD/ADHD)

por la Dra. Minu Polvere.
Abril 2010

El niño que es sano «molesta», debe molestar al adulto. El niño que no molesta así como el niño que no juega, deben hacer sospechar alguna dificultad. ( Winicott)

Un niño que se mueve mucho pero con objetivos, en un despliegue motriz ligado a metas es un niño vital. Quizás es un niño en el que la acción predomina sobre la palabra. Esto se confunde muchas veces con algo patológico a partir de la exigencia del contexto de que un niño sea alguien quieto, alguien inmóvil.
El movimiento infantil es vivido muchas veces como algo peligroso. La escuela exige habitualmente un comportamiento pasivo, de un niño que debe quedarse quieto durante muchas horas escuchando a la maestra. Un niño activo (y no por eso enfermo) puede no tolerar esto. También muchos padres agobiados por sus exigencias laborales, pueden pretender que la casa sea un remanso de paz y tranquilidad y viven la actividad de sus hijos como excesiva. Es decir, es común que los niños sean sancionados por aquello que es justamente una de las características de la infancia: la vitalidad, el movimiento, el salto de un tema a otro, de un juego a otro, el llamar la atención de los adultos, el hacer ruido, la no aceptación inmediata de las órdenes de los adultos.
Hay, sin embargo niños que sufren y que lo manifiestan con un movimiento desordenado. Son niños que dan la impresión de quedar pataleando en el aire, que no pueden parar, que dan la sensación de estar pasados de revoluciones, que están cada vez mas excitados.
Nos referimos a «hiperactividad» como a un exceso de movimiento desorganizado considerándolo como una señal de conflictivas que no siempre son evidentes y deberemos develar.

Para aprender hace falta atención, memoria y elaboración (armado de nuevos pensamientos) serían tres momentos fundamentales en el proceso de aprender, momentos que se dan al mismo tiempo. La atención implica una selección de momentos que va variando a lo largo del tiempo y que puede ser diferente en cada uno. Así un bebé centra su atención sobre el rostro de su mamá, sobre su voz. Mientras que un niño más grande puede registrar otras cuestiones de su entorno. Y esto a su vez va depender de la historia particular de ese niño. Aprender supone un trabajo psíquico, etimológicamente viene del latín apprehendere y significa apoderamiento. Es decir aprender algo es apoderarse de eso.
Cuando se habla de ADD lo que se hace es una descripción de la sintomatología y la investigación detallada de los efectos de los fármacos. Esto es insuficiente en tanto no da cuenta de la producción y mantenimiento de los trastornos a partir de una dinámica psíquica y de los vínculos intersubjetivos.
Lo que se combina en toda la bibliografía médica sobre el tema es : descripción del síndrome, medicación y terapia conductista.
Esto no hace más que contener a los adultos y colocar a los niños en el lugar de enfermos.
Un lugar de enfermo para tapar el de déficit de identidad.
Ya no es el que no atiende en clase, el que se mueve mucho y produce el interrogante ¿Por qué será?
Es ADD por eso no atiende en clase. Ya no hay interrogantes ni nada por descubrir. El cartel queda puesto para siempre.
Nos preguntamos ¿ la medicación dada para producir efectos inmediatos (sin elaboración psíquica por parte del sujeto) no desencadena adicción psíquica al ubicar una pastilla como generadora de » buen desempeño»?
¿Qué molesta de estos niños? lo intolerable es quizás un malestar que no encaja dentro de lo esperable, cuando un niño no responde a las expectativas, cuando un funcionamiento infantil nos perturba.
Que hay detrás de un niño excitado y distraído que no puede concentrarse para aprender?
Allí aparecen historias relacionadas con abuso emocionales, violencia, abusos sexuales, abandonos tempranos maternos o paternos duelos y todos los padecimientos que también son patrimonio de la infancia.
El niño tiene un psiquismo en estructuración, hay una multiplicidad de historias y de valores a evaluar.
Los síntomas escolares son uno de los modos que tiene el niño para expresar distintos grados de sufrimiento.
La historia que encierra cada síntoma merece un espacio para ser contado. Ese espacio es el que ofrece un analista de niños.

Bibliografia: Licenciada Beatriz Janin