TUBERCULOSIS

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Alerta en el colegio

tbc2TUBERCULOSIS EN LA ESCUELA

Septiembre 2018

 Desde hace un poco más de 30 años la tuberculosis ha vuelto a preocupar a padres y médicos. Una enfermedad que puede tratarse y curarse en forma adecuada continúa sin embargo cobrando enfermos y víctimas fatales, muchos de los cuales son niños y ancianos.

Las pobres condiciones socioambientales han sido desde siempre aliadas de la enfermedad a las que se suman los ineficientes controles de salud, especialmente en comunidades cerradas o semicerradas de jardines, escuelas  colegios y hogares. La asociación con HIV hizo disparar aún más la frecuencia de tuberculosis en la población.

Es así que, a la fecha, no es infrecuente que la tuberculosis irrumpa en la comunidad escolar provocando la lógica preocupación de todos.

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Los niños son contagiados por adultos, en la gran mayoría por familiares directos, dado que la enfermedad se transmite principalmente por saliva o gotitas de Flugge, ingresando por la vía respiratoria.

Es infrecuente el contagio entre niños dado que en ellos la enfermedad no suele provocar lesiones abiertas, por lo menos en sus primeras etapas cuando no hay signos ni síntomas respiratorios. Por lo tanto y para tranquilidad de padres es poco probable que la enfermedad se disemine dentro del jardín o la escuela primaria a menos que sea el maestro o docente la fuente del contagio.

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Hay niños que asisten a clases sin síntomas de la enfermedad. Sin embargo pueden haber tenido ya contacto con el bacilo tuberculoso. Este es el caso del chico con familiares enfermos  y que habiendo sido contagiados aún no desarrollaron la enfermedad y por lo tanto no la transmiten. La forma de detectarlos es la reacción de Mantoux que se debe solicitar a todo infante en el  que se detecta un caso de tuberculosis en el grupo familiar. El resultado positivo de la misma indica que, si bien se encuentra sano, pueden desarrollar la infección en cualquier momento de su vida. Debido a ello deben recibir  medicación antituberculosa específica.

Distinto es el caso de los niños que enferman de tuberculosis. En ellos ya hay síntomas, la mayoría inespecíficos: tos, dolor de espalda, dificultad respiratoria, fiebre, malestar general, decaimiento, falta de apetito y descenso de peso. En la mayoría de los casos dichos síntomas venían presentándose en forma frecuente con meses de evolución.  La presencia de algún adulto tosedor o enfermo en la familia alerta al médico para iniciar los estudios que lleven en forma rápida  al diagnóstico de la enfermedad. El deterioro del estado general más o menos pronunciado sumado a la patología respiratoria hace que el niño deba faltar a la escuela por períodos prolongados. La medicación que generalmente se administra entre 6 y 9 meses hará que en forma progresiva logre su recuperación y su reinserción, comprobándose además que no contagia pudiendo continuar con el tratamiento.

Hay casos de tuberculosis aún más graves que pueden sorprender a la comunidad escolar. Uno de ellos es la meningitis tuberculosa, más frecuente en niños más pequeños dejando secuelas neurológicas de por vida e importante mortalidad a pesar del inicio de la medicación.

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Ya en la adolescencia no es infrecuente el hallazgo de casos de tuberculosis en los colegios secundarios. Aquí se agrega la posibilidad de que los mismos sean bacilíferos, o sea pueden contagiar a sus compañeros por ser contactos frecuentes. Estos casos suelen ser secundarios a aquel primer ingreso del microbio que no provocó enfermedad en otra época y que por motivos dependientes del bacilo o del organismo inician el ciclo de la enfermedad.

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En todos los casos, el diagnóstico definitivo de la tuberculosis se logra con el aislamiento y la observación del bacilo de Koch en las secreciones bronquiales. Es difícil de obtener en niños pequeños dado que los mismos no saben expectorar debiéndose recurrir frecuentemente al lavado gástrico para obtener el moco deglutido. Aun sin encontrar el germen y existiendo casos de tuberculosis familiares, signos radiográficos patológicos y deterioro del estado general el tratamiento no debe demorarse  ante la fuerte sospecha de enfermedad.

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La reacción positiva de Mantoux sólo informa el ingreso del bacilo al organismo, independientemente de la evolución de la enfermedad. Incluso en casos muy avanzados la reacción puede ser negativa dado el compromiso del estado general. Lo mismo puede suceder en personas HIV +.

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La presencia de cualquier enfermedad infectocontagiosa en alguna persona se relaciona siempre con un balance entre las defensas que posea, la agresividad y/o la cantidad de los gérmenes que ingresen y del medio ambiente donde pueda ocurrir el contagio. En el caso de la tuberculosis dichas variables quedan expuestas fácilmente. Niños mal nutridos, con enfermedades crónicas o que afecten sus defensas pueden ser fáciles presas. El número de bacilos que ingresan, generalmente relacionado con la frecuencia del contacto suele tener un papel importante en el desarrollo de la enfermedad. Por último el aspecto socioambiental completa la ecuación que puede explicar la aparición de la mayoría de estos cuadros.

La vacuna BCG es un arma útil para prevenir tuberculosis graves en niños pequeños, especialmente la meningitis, siendo de relativo valor en los mayores de  6 años.

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