Vida más saludable

por | 28 marzo, 2026

Las enfermedades cardiovasculares, el cáncer, la enfermedad pulmonar obstructiva crónica y la diabetes constituyen patologías crónicas que ocupan el primer lugar entre las causas de enfermedad y muerte a nivel mundial.

La mayoría de los factores de riesgo para desarrollar estas enfermedades como el tabaquismo, el sedentarismo, la obesidad y la hipertensión arterial; pueden prevenirse con cambios en el estilo de vida. Dichos factores no aparecen de un día para el otro, sino que se van gestando desde etapas tempranas de la vida, siendo la infancia y la adolescencia momentos claves para promover estilos de vida saludable que también el resto de la familia puede incorporar.

El estilo de vida de cada persona involucra seis aspectos a tener en cuenta, especialmente durante los primeros años de vida.

  • Nutrición
  • Actividad física
  • Horas de sueño
  • Manejo del estrés
  • Conexiones sociales positivas
  • Hábitos de consumo tóxico y lesiones no intencionales

Poseer un estilo de vida saludable no sólo beneficia a los niños y sus familias, sino también a toda la población e inclusive al planeta.

Nutrición:

Una nutrición adecuada es aquella que permite un óptimo crecimiento y desarrollo, favoreciendo la expresión de las potencialidades del individuo, promoviendo su bienestar psicofísico y al mismo tiempo previniendo el desarrollo de enfermedades.

Un menú saludable para la familia debe contener:

  • Alimentos mínimamente procesados y proteínas de origen animal de calidad.
  • Legumbres (lentejas, garbanzos, porotos, arvejas) granos integrales (quínoa, arroz integral, yamani, avena, maíz, cebada integral). Semillas.
  • Harina integral (pan, pastas)
  • Frutas, frutos secos, vegetales frescos, hortalizas.
  • Limitar el consumo de jugos de fruta naturales ya que la ausencia de fibra puede provocar rápidos aumentos de la glucemia con una menor sensación de saciedad, lo que podría llevar a un consumo calórico mayor.
  • Leche, huevo, quesos. Yogur natural sin el agregado de azucares ni edulcorantes, eligiendo pescados o pollo, limitando las carnes rojas.  Evitar el consumo de alimentos ultra procesados.

El tipo de alimentación y los malos hábitos alimentarios son factores clave en la prevención de la enfermedad cardiovascular.

El sedentarismo constituye uno de los principales puntos a corregir para alcanzar un estilo de vida saludable. Junto a los malos hábitos alimentarios genera a edades cada vez más tempranas incremento de la obesidad y diabetes, esta última considerada en otra época como patología del adulto.

Según encuestas el 81% de los adolescentes entre 11 a 17 años no realizan actividad física o no lo hacen con la frecuencia recomendada.

El complemento del sedentarismo es la exposición excesiva y frecuente a pantallas. Según las últimas estadísticas, afecta a 7 de cada 10 niños y adolescentes entre los 5 y 17 años. Existe evidencia de que el uso excesivo de pantallas produce sedentarismo, sobrepeso, alteraciones vinculares, trastornos oculares, musculo esqueléticos y del sueño por el efecto lumínico de las pantallas sobre la producción de melatonina.

Horas de sueño:

Los hábitos de sueño saludables y las rutinas hogareñas a la hora de ir a dormir son muy importantes. Un buen descanso favorece la atención, el desarrollo de la memoria, la flexibilidad cognitiva, la capacidad de inhibir impulsos, mejora el razonamiento y la toma de decisiones.

Durante el sueño además se liberan hormonas como la del crecimiento y factores antiinflamatorios.

La denominada “higiene del sueño” recomienda pautas de sueño saludable:

• Establecer rutinas de sueño acordes a la edad, respetando horarios y lugares de ser posible.

Ambiente propicio, en calma, oscuro, con temperatura agradable y seguro.

• Evitar el uso de pantallas y dispositivos electrónicos previos al dormir. Se recomienda el uso limitado de pantallas, idealmente 2 horas antes al inicio del sueño no solo por el efecto inhibidor de melatonina sino por el efecto dañino de la luz azul de pantallas sobre la retina que es mayor en la oscuridad o con luz artificial.

• No consumir bebidas carbonatadas/azucaradas, o comida en cantidad en las horas previas al descanso.

• No realizar actividad física en la tardecita-noche.

Estrés:

El estrés constante o recurrente tiene repercusión en la función de diferentes órganos, produciendo en algún momento hipertensión arterial, problemas gastrointestinales, migrañas y cansancio entre otros.

Las discontinuas discusiones en el hogar, la violencia familiar o problemas de índole socioeconómica pueden generar en el niño un estrés que se puede manifestar más adelante por la adicción al tabaco, el alcohol, las drogas ilegales, la obesidad, la diabetes y la enfermedad cardiovascular.

Relaciones sociales positivas y saludables:

Un vínculo saludable se relaciona con el respeto, la empatía y la posibilidad de diálogo con las personas. El niño, desde la primera infancia recibe en el jardín el compañerismo de sus pares. Deben ser experiencias gratificantes, más allá del período de adaptación de cada uno. Sin embargo, esos primeros vínculos pueden generar estrés crónico como la exclusión dentro de las aulas o el mismo hogar, el abuso tanto verbal como físico o el ciberacoso.

Prevención de hábitos o consumos:

 Ya hemos hablado de los perjuicios ocasionados por el uso excesivo de pantallas y el humo del tabaco sobre los niños en diversos artículos.  La Sociedad Argentina de Pediatría ha recomendado los siguientes criterios en relación del acceso de los niños a las pantallas.

EdadMenores de 2 años2 a 5 años5 a 12 añosAdolescentes
RecomendaciónCero pantallas. Se desaconseja la exposición a cualquier tipo de pantallaMenos de una hora diaria acompañado de un adulto. Contenidos educativos o de entretenimiento adecuados a la edadMenos de 2 horas diarias. Entretenimiento con la supervisión de un adultoMenos de 2 horas diarias. Con la intervención de adultos que eduquen sobre los riesgos.

La adopción de un Estilo de Vida saludable permite no solo mejorar la salud actual de niños, sino también influir positivamente en su futuro. Educar en hábitos saludables desde la infancia es, sin duda, una de los mejores consejos para prevenir gran parte de futuras enfermedades.