Los anticuerpos «a medida»

por | 27 enero, 2026

Los anticuerpos son proteínas, producidas por el sistema inmunitario para identificar y neutralizar sustancias extrañas (antígenos) como bacterias, virus y toxinas que puedan ingresar al organismo. Algunas veces estas respuestas son también inducidas por vacunas con el fin de promover defensas en el caso de que el elemento extraño ingrese a nuestro cuerpo.

Durante las últimas décadas las posibilidades de enfrentar enfermedades, especialmente graves, se ha ampliado con la aparición de los denominados anticuerpos monoclonales. A diferencia de los primeros, no son sintetizados por el organismo, sino que son producidos en forma externa mediante técnicas de avanzada.

Los anticuerpos monoclonales son productos biológicos diseñados para reconocer y unirse a objetivos muy específicos en el cuerpo y están transformado el diagnóstico y tratamiento de enfermedades como infecciones, ciertos cánceres y enfermedades autoinmunes. Son proteínas creadas en laboratorio que imitan la capacidad del sistema inmune para reconocer un blanco concreto (por ejemplo, a una célula tumoral, una toxina o un germen).

Actúan uniéndose a un blanco específico como los recién comentados y pueden bloquear su función. Del mismo modo pueden marcar células para que el sistema inmune las destruya o les sirva como vehículo para llevar fármacos directamente a células enfermas.

Su principal ventaja es que ofrecen tratamientos más dirigidos y, en muchos casos, con menos efectos adversos que las terapias tradicionales. No obstante, enfrentan desafíos importantes como su alto costo y el acceso desigual a la atención médica.

La técnica que permitió producir AM a gran escala fue descrita por primera vez en 1975 y permitió generar líneas celulares que fabrican anticuerpos con una sola especificidad. Con el tiempo se desarrollaron versiones humanizadas para reducir la reacción del organismo receptor y se crearon anticuerpos conjugados que llevan una droga o toxina al tejido u órgano infectado o con alguna clase de tumor.

Los anticuerpos monoclonales en la actualidad están dirigidos principalmente a:

  • Enfermedades autoinmunes: Bloqueando agentes inflamatorios, ayudando a controlar enfermedades como la artritis reumatoide y psoriasis.
  • Cáncer:  solos o conjugados con fármacos citotóxicos mejoran la eficacia y reducen la toxicidad.
  • Pediatría: Algunos anticuerpos monoclonales están aprobados para niños, por ejemplo, para prevenir infecciones respiratorias graves como las bronquiolitis en bebés de alto riesgo. También fueron útiles durante la pandemia por Covid tanto en niños como en adultos.

Ventajas principales

  • Alta especificidad que reduce daño a tejidos sanos.
  • Nuevas opciones para enfermedades antes difíciles de tratar.
  • Posibilidad de personalizar tratamientos según características genéticas o antigénicas del tumor.

Como toda nueva terapéutica la administración de anticuerpos monoclonales posee limitaciones y desafíos a vencer.

El organismo puede reconocer algunos anticuerpos monoclonales como extraños y reducir su eficacia con el tiempo.

Suelen poseer un costo elevado en proporción a su desarrollo y producción complejos.

Requieren generalmente que la enfermedad a tratar tenga un diagnóstico especializado que algunas veces requieren estudios complejos.

Como conclusión se puede afirmar que los anticuerpos monoclonales representan un avance terapéutico significativo que ha cambiado el manejo de múltiples enfermedades.

Ofrecen tratamientos más precisos y, en muchos casos, mejores resultados, pero su impacto real depende de la disponibilidad, el acceso equitativo y la capacidad del sistema de salud para integrarlos oportunamente para que estos beneficios lleguen a toda la población.