TUBERCULOSIS
Aquí y ahora

Agosto 2025
Erróneamente mucha gente puede creer que la tuberculosis es una enfermedad del pasado, sin embargo, los casos en adultos se están incrementando en la actualidad y con ello el contagio de los niños.
En Argentina, alrededor del 8 % de los casos anuales de Tuberculosis son en menores de 15 años.
En 2024 y 2025 se ha observado un aumento preocupante de casos en niños, ligado a baja vacunación y problemas sociales.
Según la OMS, la Tuberculosis infantil representa alrededor del 12 % de los casos globales y es subdiagnosticada en muchos países
Debido a todo lo expuesto, creemos necesario recordar la naturaleza de la enfermedad, su real incidencia en la actualidad y las medidas de prevención.
La tuberculosis es una enfermedad infecciosa causada por el bacilo Mycobacterium tuberculosis, un microorganismo que ha convivido con la humanidad desde tiempos remotos y que puede afectar gravemente a los más pequeños si no se la detecta y trata a tiempo. Los niños, especialmente los menores de 5 años, tienen más riesgo de desarrollar formas graves de la enfermedad, tanto en los pulmones como fuera de ellos, como la meningitis tuberculosa.
La enfermedad se contagia por vía aérea a través de gotitas respiratorias que un adulto infectado elimina al toser, estornudar o hablar.

Los niños suelen contraer la enfermedad de adultos cercanos infectados (familiares, cuidadores, etc.). No es común que los niños pequeños contagien a otros, ya que no suelen poseer lesiones abiertas en sus pulmones.
La tuberculosis infantil puede ser difícil de diagnosticar porque los síntomas son inespecíficos y se pueden confundir con otras enfermedades lo que demora el diagnóstico.
Suelen despertar sospechas los síntomas persistentes respiratorios o generales. Antecedentes de neumonías frecuentes o sin resolución en forma completa, fiebres que se prolongan, decaimiento del estado general, falta de apetito y pérdida de peso.
Se suman a ellos la existencia de antecedentes en adultos cercanos con diagnóstico de tuberculosis y lugar de residencia con alta incidencia de la enfermedad o condiciones de hacinamiento.

La Tuberculosis no tratada puede causar daño permanente a órganos, discapacidad o incluso la muerte.
Como ya dijimos, las formas extra pulmonares son más peligrosas en niños pequeños, en especial la meningitis tuberculosa.
La vacuna BCG se aplica al nacer y protege principalmente contra las formas graves de la enfermedad. Es obligatoria en Argentina y en la mayoría de los países.
Sin embargo, también es importante el diagnóstico precoz y un tratamiento efectivo en adultos infectados que suelen originar el contagio por la tos y el esputo.
En los niños, la detección precoz de la tuberculosis es también fundamental, dado que permite iniciar un tratamiento que lleve a una curación total, evitando complicaciones o incluso la muerte. Para ello es importante la investigación en los contactos estrechos del niño, generalmente familiares o cuidadores, que posean síntomas compatibles con la enfermedad o antecedentes de haberla sufrido.
El diagnóstico específico de la tuberculosis es la pesquisa del bacilo en las secreciones bronquiales eliminadas generalmente en el esputo. Es especialmente útil en los adultos que pueden expectorar y que posean lesiones abiertas, eliminando de esa forma microorganismos. En los niños dicha detección se realiza por medio de lavados gástricos, con el fin de obtener el moco deglutido. Sin embargo, es difícil el aislamiento de los gérmenes ya que, a diferencia de los adultos, no suelen eliminarlos por esta vía.
La reacción de Mantoux o PPD es una prueba inmunológica que permite conocer si el niño tuvo contacto con el bacilo, por medio de la induración que produce entre las 48 y 72 hs en la piel del antebrazo donde fue administrada.

Existen en la actualidad novedosas pruebas moleculares que pueden detectar en forma precoz la presencia del microorganismo.
Otra herramienta clave pero no definitiva es la Radiografía de tórax, realizada tanto al niño como a sus contactos, detectando lesiones pulmonares o ganglionares compatibles con la enfermedad.
Una vez diagnosticada la tuberculosis o, sólo con la fuerte sospecha, se inicia el tratamiento con una serie de drogas entre las que se destaca la isoniacida.
Si bien la enfermedad es perfectamente curable, el tratamiento suele ser largo, entre 6 y 9 meses, y debe ser supervisado durante todo su transcurso, dado que el abandono del mismo antes del alta definitiva motivas recaídas y origina contagios. Del mismo modo, provoca que el bacilo tuberculoso se haga más resistente a la medicación.
El incremento de la tuberculosis en el mundo puede tener varias explicaciones.
Los crecientes bolsones de pobreza, la desnutrición, las dificultades en el acceso al cuidado de la salud en esas poblaciones y los recortes presupuestarios en los programas comunitarios de prevención y tratamiento pueden hallarse como las principales causas. Todo ello motiva diagnósticos tardíos o abandono de tratamientos que se traducen en mayor frecuencia de contagios.
En muchas partes del mundo las tasas de vacunación con BCG no son óptimas facilitando la aparición de formas graves de la enfermedad.
En resumen, la tuberculosis en niños es prevenible y curable, pero requiere vigilancia, vacunación, diagnóstico temprano y tratamiento completo. El acompañamiento del Estado es fundamental en el apoyo y sostenimiento de programas de prevención y tratamiento. La amenaza de esta enfermedad seguirá creciendo en la medida que muchos problemas ambientales y socioeconómicos no sean resueltos.