CAMBIO DE HÁBITOS Y COSTUMBRES PARA ALIMENTAR A NUESTROS NIÑOS
La frase se repite en muchos consultas. «¡Mi hijo no me come nada!» «No tiene el menor interés por la comida». «Si por él fuera no comería nunca». Los padres se desesperan porque el niño que antes no tenía dificultades para comer en la mesa, ahora se distrae, juega en la mesa, mira televisión, etc. Generalmente se trata de niños sanos con crecimiento y desarrollo adecuados para la edad y en los que el pediatra muchas veces no encuentra en el examen clínico motivos para alarmarse.
En realidad, la importancia del tema no radica en lo poco o mucho que come. Lo fundamental es conocer si el niño tiene un crecimiento y desarrollo adecuado para la edad y si se encuentra sano. En la mayoría de los casos estas condiciones se encuentran presentes y en algunas podrá haber un cierto estancamiento en el peso. La tarea del médico con la colaboración de la familia será entonces descubrir malos hábitos alimentarios, manifestados en la ingesta de comidas o bebidas de poco valor calórico que estuviesen reemplazando a las importantes. Muchas veces con la desesperación para que el niño ingiera alimentos los adultos no diferencian comidas saludables de las que pueden provocar rápidamente saciedad sin alimentar. Un niño que es traído a la consulta por estos motivos con una bolsa de papas fritas justifica que luego al llegar a la casa no quiera comer. Lo mismo ocurre con las golosinas que generalmente consumen estos niños, los yogures y los «postrecitos» vendidos como saludables.
Entonces la comida deberá ser entretenida, sin que signifique ello entretener al niño para que coma. Los alimentos deberán ser variados en color, consistencia y sabor. El niño deberá experimentar con sus alimentos. Mirarlos, tocarlos, llevárselos a la boca con sus manos o cubiertos. Es importante la textura de los alimentos. No se recomiendan comidas demasiado «secas» que dificulten la deglución. En esos casos se deberá emulsionarlas para que las mismas sean más cremosas.
La presentación de nuevos alimentos requiere estrategias de presentación. Se elegirá el momento del día en el cual generalmente el niño tiene más apetito y se lo acompañará en menor cantidad de algún plato preferido.
La compañía durante las comidas son también importantes. No sólo de la persona encargada de darle de comer. Si el niño ve que los adultos comen junto a él se estimulará el hábito de sentarse a la mesa para compartir los alimentos.
Los alimentos deben elegirse siempre teniendo en cuenta la cantidad, la calidad y la variedad de los mismos. La cantidad estará relacionada al tamaño de las porciones y también a la calidad del alimento. Los alimentos de mayor calidad generalmente requieren de menor cantidad para nutrir en forma adecuada. La energía aportada en estos últimos es siempre mayor, acorde con el crecimiento que experimenta un niño. Los alimentos con más calidad son los que aportan proteínas, minerales y vitaminas. Por ello son generalmente los más caros. La variedad logrará que el niño coma distintos alimentos con calidades y cantidades acordes a su edad. También posibilitará que, como dijimos antes, el niño no se aburra de comer «siempre lo mismo». Importará entonces la preparación y presentación de los platos.
