Deporte seguro

por | 27 agosto, 2026

La práctica deportiva y la actividad física regular ofrecen enormes beneficios para el desarrollo físico, psicológico y social de niños y adolescentes.

El deporte fortalece el corazón, previene el sobrepeso y fomenta el valioso trabajo en equipo.

Sin embargo, sus cuerpos están en constante crecimiento. Sus huesos, músculos y cartílagos son elásticos, pero también vulnerables. Por ello, las lesiones a estas edades ocurren de forma distinta a las de los adultos y requieren de una prevención especial.

A continuación, se mencionan los pilares clave basados en la evidencia médica reciente para protegerlos mientras disfrutan del deporte:

Antes de iniciar cualquier disciplina o temporada de entrenamiento, es indispensable realizar un control pediátrico. Este examen sistemático es nuestra mejor herramienta para:

  • Detectar a tiempo problemas cardíacos. En los niños que realizan deporte competitivo y en todos los adolescentes se solicita además estudios cardiológicos como un electrocardiograma y un ecocardiograma doppler. En caso que la práctica fuera de rugby el estudio radiológico de la columna cervical es fundamental.
  • Esquema de vacunas completas para la edad
  • Identificar riesgos particulares de lesión.
  • Optimizar de forma segura su rendimiento.

Para que el cuerpo responda bien y no sufra daños estructurales, debemos vigilar los siguientes aspectos prácticos:

  • Calentamiento y enfriamiento: Es obligatorio realizar una entrada en calor antes de jugar y una relajación al terminar para adaptar los músculos.
  • Variedad deportiva: Se recomienda priorizar el «multideporte» antes de la adolescencia en lugar de especializarlos en uno solo, respetando sus etapas de crecimiento.
  • Elementos de protección: Aseguren el uso de calzado adecuado, protectores bucales, máscaras o plantillas según lo requiera cada actividad.
  • Cargas graduales: El aumento de la intensidad o la frecuencia de los entrenamientos debe ser siempre paulatino.

Se denomina de esta forma a la prevención más importante, la que ocurre fuera del horario de juego, a través de los hábitos diarios permitiendo al cuerpo repararse o recuperarse del esfuerzo físico:

Descanso estricto: El sueño repara las micro lesiones musculares normales del ejercicio y previene la fatiga extrema del sistema nervioso.

Salud bucal: ¿Sabían que las caries mal cuidadas pueden provocar lesiones musculares? Las bacterias dentales viajan por la sangre y retrasan la recuperación de los tejidos.

Hacer ejercicio con un cuerpo enfermo genera una peligrosa sobrecarga cardíaca e inmune. Si apareciera fiebre como acompañante de cualquier enfermedad:

  • No debe asistir a los entrenamientos.
  • Se debe cumplir un aislamiento estricto si hay sospecha de infección.
  • Debe pasar 24 horas completas sin fiebre (y sin tomar antitérmicos) antes de volver a entrenar. El regreso al deporte debe ser lento y progresivo.
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El bienestar psicológico influye directamente en la salud física. Un entorno con críticas excesivas o proyecciones de las frustraciones adultas genera una ansiedad severa que eleva el riesgo de lesiones y propicia el abandono temprano del deporte. Se debe acompañar, motivar y asegurar que la actividad siga siendo un espacio de disfrute.

Cuidar la salud de nuestros jóvenes deportistas es un trabajo en equipo entre la familia, los entrenadores y su pediatra. La consulta médica previa nunca debe ser pasada por alto.