PELIGRO EN EL ARCO
Lesiones por aplastamiento

Agosto 2026
El Mundial de fútbol pasó, comprobando la atracción mundial por este deporte en grandes y chicos.
Las competencias deportivas vuelven a multiplicarse en distintos ámbitos incluyendo tanto a niños como adultos.
El fútbol, como todo deporte en equipo, requiere normas de seguridad para su práctica que no suelen ser considerados en el ámbito doméstico o aficionado. Esto tiene importancia relevante en los partidos de fútbol, hándbol o jockey disputados especialmente por niños tanto en las escuelas como en clubes o espacios al aire libre.
Entre las medidas de seguridad, la fijación de los arcos móviles no suele tener la importancia que merece.
En el último mes, mientras Argentina avanzaba en el campeonato, la compra de suministros deportivos, relacionados especialmente con la práctica del fútbol creció exponencialmente, incluyendo entre ellos a los arcos, destinados mayormente a casas de fin de semana, patios y centros recreativos. Con la posibilidad de plegarse o armarse pueden transportarse también a los “picados” informales en alguna plaza o parque.
Las lesiones asociadas a la inestabilidad de los arcos móviles constituyen un peligro que suele pasar inadvertido en los distintos espacios recreativos, provocando lesiones graves que suelen afectar especialmente a niños y adolescentes cuando intentan colgarse de los travesaños. La tentación de sujetarse de ellos y ejercitar los brazos suele convertirse en una trampa en la que el niño termina siendo aplastado cuando el arco móvil no está debidamente ajustado, cayendo sobre él.

Cada fin de semana, miles de familias llevan a sus hijos a jugar al fútbol convencidas de que el mayor riesgo será un golpe o una torcedura. Sin embargo, en los últimos años, al menos 19 niños y adolescentes argentinos sufrieron traumatismos graves por la caída de un arco deportivo, involucrando generalmente la cabeza, cuello y tórax. De los 19 casos comentados, 12 de ellos murieron, exteriorizando la severidad de los cuadros. Del mismo modo, seguramente existe una mayor cantidad de casos que no llegan a ser documentados por lo que muchos profesionales creen que podemos estar ante la punta de un “iceberg” sin que tanto las instituciones de deportivas como sanitarias tomen conocimiento de la magnitud del problema..
Recientemente, un adolescente sufrió graves lesiones en Junín de los Andes durante un campamento escolar, siendo aplastado por un arco de fútbol que pesaba 160 kg.
Las lesiones, según los casos relevados, ocurren generalmente al festejar un gol, colgarse del travesaño, mover un arco para iniciar un partido o quedar enredado en una red para iniciar una práctica.
Además del riesgo de vida frente a estos incidentes, las lesiones producidas pueden dejar secuelas físicas y psicológicas en los niños, desde trastornos neurológicos, dificultades para la deambulación o para comunicarse, fracturas, internaciones y pérdida de escolaridad.

La gran mayoría de estos accidentes y muertes podrían haberse evitado con una medida muy simple: la fijación correcta de los arcos al suelo. La verdadera causa de estas tragedias no es que los niños se cuelguen de los arcos, sino que los arcos se caen.
La solución no debe pasar simplemente por colocar carteles que prohíban colgarse de los arcos, es la debida fijación de los mismos al suelo para que no se caigan.
Los clubes, ligas deportivas, escuelas y cualquier otro lugar donde chicos y adolescentes practiquen deporte deberían garantizar que puedan hacerlo de manera segura. Este problema no afecta únicamente a sectores vulnerables. Pueden estar más expuestos por determinadas condiciones, pero la correcta sujeción de los arcos móviles es una responsabilidad que alcanza a todos, incluyendo a los fabricantes de los mismos, debiendo consignarse las precauciones en el uso. El peligro atraviesa a toda la población infantil y adolescente sin distinción.

Los niños y adolescentes deben seguir jugando al fútbol, hándbol o jockey, pero lo deben hacer en condiciones seguras para la tranquilidad de todos.
Fuente: Beltramino J. y col. Hospital de Niños Orlando Alassia Santa Fé. Tomado de un artículo publicado en el diario La Nación. 2026