Archivo de la categoría: GRUPO DE REFLEXIÓN PARA MADRES

Dejar ser uno mismo

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DEJAR SER, DEJAR HACERdeporte4

Artículo especial de la Lic. Lorena Ruda*

 

Octubre 2013

Sabemos que no queremos intencionalmente boicotear la relación de nuestros hijos con sus papás, pero muchas veces queriendo controlar las situaciones o queriendo que las cosas se hagan a nuestro modo, logramos que esa relación no se de autónomamente. Muchas veces creemos que hasta fomentamos el vínculo cuando, en realidad, no dejamos que crezca naturalmente, a su manera.                                   Almuerzo

Las relaciones necesitan espacio y tiempo para crecer. Esto quiere decir que los papás aprenderán por ensayo y error, tal como nosotras, a relacionarse con sus hijos, a saber lo que funciona o no con cada uno de ellos. Quiere decir que no es necesario que les dejemos preparado el cajoncito de pañales, la comida lista y la ropa elegida. También significa poder aceptar que las cosas se realizarán de otra manera cuando el padre sea quien esté a cargo. Un papá puede elegir otras comidas para cocinar, puede tener su propio umbral de tolerancia, sus propias expectativas para con sus hijos, para su comportamiento en determinado lugar, su propia manera de usar el humor. ¡Eso está bien!. Eso es una relación y nosotras tenemos que aprender a dejar ser, dejarlos hacer.

papas-y-bebe-dormidoAunque lo esperable en la crianza es que haya coherencia, eso no quiere decir que seamos iguales y que reaccionemos igual ante una situación. Nuestros hijos aprenderán la manera de mamá y la manera de papá, también la de los abuelos y tíos y las diferentes maestras.

No importa cuanta tendencia al control tenga la mamá, los papás siempre abordarán a sus hijos de un modo diferente, incluso muchas veces con mejores soluciones. Eso si, tenemos que corrernos del lugar de «mamás omnipotentes» y de ayudando de esa manera al crecimiento del vínculo. De lo contrario, generamos comodidad y después nos sentiremos sobrepasadas por «hacer todo», sin habernos dado cuenta que no soltamos lo suficiente ya que, tampoco soportamos que las cosas se hagan de otro                                      modo.

Los papás no son niñeros a los que hay que explicarles a qué hora hay que acostarlos, de qué manera hacerlo, qué comidas darles, sugerirles actividades para que realicen con sus hijos mientras nosotras no estamos. ¡Son papás! y cada uno va a construir un vínculo diferente con cada niño. De hecho, nuestros hijos ¡no necesitan dos mamás! Necesitan que cada uno aprenda un modo de relación con ellos entendiendo sus necesidades. Para esto es importante que demos lugar a la observación, seguro así van a saber qué hacer, tal como aprendemos las mamás.
Por otro lado, es cierto que nosotras necesitamos un límite bien puesto, un marido que quiera ser papá e imponga su rol, ayudándonos a corrernos a nosotras también, dándonos tranquilidad, seguridad y confianza. Que de a poco nos vayan «ubicando».
Lógicamente, esto no es en cualquier etapa de la vida del niño, no es lo mismo un lactante que un niño escolarizado. De todos modos, el papá deberá aprender a su modo a calmar al lactante como a jugar con el niño mayor.

Así que a relajarse y dejar que los papás hagan lo que deben hacer. Claro, aceptando que lo harán de un modo diferente y que encontrarán su propia manera de hacerlo.

                                              bosque y niños

 
 *>Lic. Lorena Ruda Psicóloga U.B.A. M.N. 44247Lic Emilio Ravignani 1744 Ciudad de Buenos Aires T.E.: 15-3-696-1806

La llegada del hermano

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hermanito1¡TODO BIEN…HASTA QUE LLEGÓ EL HERMANITO…!

Por la Lic. Lorena Ruda*

Marzo 2013

Luego de un tiempo de la llegada de nuestro primer hijo, cuando seguramente todo ya se había acomodado a la nueva vida, logrando una convivencia relativamente armoniosa entre los tres,arriba el segundo, el hermanito o hermanita. En algunos casos planificado, según las circunstancias y maneras de pensar de la familia, en otros planeado con mucho deseo porque las ganas de ser padres nuevamente afloran, la imprevista o la no tan imprevista noticia finalmente se confirma.


hermanito5Nos enteramos del embarazo y ¡puf!, aparece una invasión de sentimientos encontrados, felicidad, miedos, y muchas veces, culpa por lo que pueda suceder con el hermano/a mayor

Los adultos damos por hecho que los hermanos mayores «estarán celosos» y es una respuesta que solemos tener ante cualquier actitud o acción de nuestro hijo. Quizás sin evaluar lo que realmente les pasa ya contestamos: -«está celoso». Pareciera que muchas veces esa respuesta calma más a los adultos, ya que necesitamos poner palabras a lo que no sabemos. De esta forma interpretamos que actúa de tal o cual forma porque simplemente «está celoso». Pero, lo cierto es que los celos de los hijos, generalmente, son una construcción de los adultos, sobre todo durante el embarazo, donde todavía la llegada efectiva del hermanito no sucedió y el chico poco puede interpretar lo que está sucediendo.

Seguramente se estará preguntando por qué la panza de la mamá crece, cómo es que ese bebé llegó ahí adentro. Todos le dicen: -¡qué bueno, ahora vas a tener con quien jugar!» «siempre te vamos a querer», etc. Estas frases son las que muchas veces alertan al hermano/a mayor que lo que está por llegar puede poner en duda el amor de los padres, más específicamente, de la mamá. En vez de demostrarle la importancia de su lugar, de enfatizar nuestra mirada en él, le advertimos que su situación pende de un hilo. lo cual no es cierto. Cada hijo tiene un lugar, una personalidad, virtudes y defectos. A veces es nuestro propio temor por «no poder amar a dos por igual» lo que nos hace sentir que nuestro hijo tampoco podrá querer y aceptar al hermano, o que su lugar pueda ser reemplazado por el nuevo integrante.

Indudablemente la llegada del hermanito/a tendrá un efecto y habrá repercusiones en el mayor, pero dejemos que afloren con libertad sin dar por hecho que el mayor vivirá con celos.

Si nuestra actitud por la llegada del nuevo hijo a la familia es con felicidad, si tratamos de incluir al hermano mayor dentro de los cuidados del recién nacido, desde el embarazo haciéndolo participar en la elección del nombre, preparar el cuarto, .el/la mayor no tendrá por qué sentirse desplazado, hay que ayudarlo para que también sea su bebé, y desde el lugar de «hermano/a mayor» lo cuidará y le enseñará cosas que él ya vivió.

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Obviamente la llegada del hermanito tendrá un efecto en el mayor, tampoco podemos ignorar esa cuestión, pero podemos ayudarlo a que sienta que pierde el lugar de hijo único, del cual gozó mucho tiempo recibiendo todo lo que necesitaba, (no me refiero a objetos sino a mirada, contención, mamá, papá, familia, brazos), para ganar otro lugar, que tendrá algunas ventajas y otras desventajas, el de «hermano mayor». Su lugar de «primero» jamás lo perderá.


hermanitoMuchas veces le sucede lo mismo que a los demás nenes de su edad, está más caprichoso, más demandante, más peleador. ¿No se nos ocurre pensar que eso que le pasa tiene que ver con la etapa que está viviendo, más allá de la llegada de su hermano? Solemos caer en una respuesta fácil que nos evita poner atención a lo que realmente necesita nuestro hijo. Todas las personas somos diferentes, y esto vale también para los niños. Cada chico tiene necesidades, intereses, gustos y viven etapas que le son propias y que lo diferencian de sus hermanos. Es fundamental aceptar esta diversidad y atender los requerimientos de cada hijo, sin marcar diferencias de «importancia». Si la llegada de un segundo hijo desvía nuestra mirada del primero, entonces sí habrá más celos. Pero si seguimos prestando atención a sus necesidades y respondiendo aunque sea con la mirada y la preocupación, nuestro hijo podrá recibir al hermano con la misma felicidad que nosotros.

Tampoco es cierto que un hijo pretende estar en el lugar del otro, por el contrario, cada uno pretende poder ser sí mismo y para esto, es nuestro deber «mirar» lo que cada uno necesita. Es muy común escuchar: – «no quiero hacer diferencias, si a uno le doy A al otro también», lo que quizás a veces no nos damos cuenta es que los dos no necesitaban A. No nos detenemos a evaluar lo que cada uno es y tiene para dar, les damos «por igual» haciendo que a uno le sobre y al otro le falte (insisto, no me refiero en este caso, solamente, a objetos) y terminamos haciendo lo que intentábamos evitar. Rotulamos a cada uno con características opuestas, verbalizamos lo que ellos son sin darnos cuenta que, muchas veces, eso que decimos que son es lo que terminan siendo. No nos damos cuenta que muchas veces, nuestras palabras les dan identidad y ellos nos creen, sin dejarlos elegir libremente. Tendemos a comparar y, lo que es peor, en voz alta, generando rivalidad. Debemos aceptar que no son iguales ni deben serlo. No es igual cómo una madre vive cada embarazo, cada nacimiento y hacer hincapié en las diferencias.

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Es importante poder mirar atentamente a cada uno de nuestros hijos, sea uno o sean cinco, resaltando sus capacidades y acompañarlos en los que les resulta más difícil. Sin enojarnos si no cumplieron nuestras expectativas. El error, en realidad es nuestro, en crear expectativas sin conocerlos realmente, forzándolos a que resalten en algo sin observar qué es realmente lo que les gusta hacer o pueden hacer. Generamos exigencias y desde ese lugar acompañamos poco cada proceso, pero, si además los comparamos, etiquetamos, generaremos sin querer competencia entre ellos. La hermandad la fortalecen o la debilitan los padres, no es el lazo sanguíneo lo que realmente los hace hermanos, sino lo que nosotros como padres, transmitimos. No alcanza con decir » el vínculo entre hermanos es lo más hermoso». Hay que actuar en consecuencia. La llegada de un hermano puede ser lo más hermoso que a un niño o niña le suceda, con los sentimientos ambivalentes que obviamente van a existir. Pero nosotros debemos trabajar en función de la hermandad. Los celos pueden existir, son naturales, pero podemos ayudar a nuestro hijo mayor a apaciguarle la ansiedad o la angustia que pueda llegar a sentir:
Tips:
Durante el embarazo incluirlo desde el momento en que se lo contamos, él/ella va a tener un hermanito y también será su bebé. Será imprescindible para el recién nacido su presencia y ayuda. Mostrarle como va creciendo el bebé adentro de la panza, llevándolo a alguna ecografía, si él quisiera, dándole la información que él pida acorde a la edad. Ayudando con la elección del nombre, con la elección de objetos para el cuarto o el ajuar del bebé.
Una vez el bebé llegó al hogar la cosa cambia! El mayor necesitará momentos de exclusividad y realizar actividades con los padres, juntos o separados, que el «pobre» bebé pequeño no puede aún realizar. Ejemplo: comer helado, ir al cine, salir con el triciclo, etc…
Incluirlo en los momentos del baño del bebé, la cambiada de pañales, en lo que él quiera colaborar debe ser bienvenido.
No dar por hecho que el hermano mayor querrá y deberá prestar todo al menor o que, para evitar que el más chico llore tenga que ceder siempre. Debe ser respetada su decisión de no compartir. Algunas veces resulta útil preguntar si existe un objeto o juguete particular que no quiera prestar. En ese caso lo podemos guardar o autorizarle a tenerlo sin obligarlo a compartir. De esta manera él se sentirá respetado y será más armoniosa la convivencia. No caer fácilmente en la frase: – «vos sos el mayor y por eso tenes que tal o cual cosa». Sus necesidades deben ser escuchadas con la misma importancia que las demandas del bebé. Si se siente escuchado y respetado, disminuirán los celos y/o competencias.
No creernos nosotros el típico discurso: – «pobrecito, perdió el trono». en función de lo que nosotros pensamos, actuamos y transmitimos.
Por ultimo, muchas veces la llegada del segundo hijo nos enfrenta con los vínculos con nuestros propios hermanos, con lo que se decía de nosotros, con nuestra historia y el lugar que nos tocó «el mayor, la segunda, el más chico» o «el inteligente, el vago, el caprichoso». Revisar lo que a nosotros nos pasa con la llegada de este nuevo bebé nos ayudará a manejarnos libremente, sin mezclar (tanto) los sentimientos y miedos que a nosotros nos genera esta situación.

Formar una familia no es fácil, tampoco criar a los hijos. Es un desafío diario. Ellos aprenderán a relacionarse entre sí, y mucho podemos ayudar. Lo más importante es no presionar, no forzar y observar. No perder de vista y responder a sus necesidades como seres independientes que son. De esta manera, la llegada de un hermano será el mejor regalo les pudieron dar.

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*Lic. Lorena Ruda Psicóloga U.B.A. M.N. 44247
Emilio Ravignani 1744 Ciudad de Buenos Aires T.E.: 15-3-696-1806

Dulce espera

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dulce esperaEL EMBARAZO DESEADO

Artículo especial de la Lic. Lorena Ruda*

Octubre 2012

La decisión de tener un hijo es una de las más fáciles y de las más difíciles a la vez. Si te dejas llevar por las ganas y nada más, es fácil. Pero, generalmente, hay personalidades más racionales que cada vez que se encuentran ante una situación para decidir, la postergan. Otras, más «arriesgadas», lo deciden sin pensar tanto, sin tantas vueltas. Esto ocurre en casi todas las decisiones y, sobre todo, cuando se trata de tener un hijo. Sin el deseo de asustar, creo que es la única decisión que es para toda la vida y, lógicamente, sería difícil tomarla si la pensáramos así. La cuestión es que cuando el deseo de tener un hijo está instalado, el ser humano se las ingenia para que esta situación se concrete. A algunos les cuesta más resignar cosas de su vida cotidiana, entonces intentarán no tomar conscientemente la decisión, con lo cual aparecen los «descuidos». Algunos, por el contrario, se ponen en campaña con el almanaque al lado para no perderse la posibilidad en cada mes. Otros deciden dejar de cuidarse y mantener el ritmo sexual habitual y «cuando tenga que llegar que llegará…». Están también los que, por circunstancias de la vida, tienen que recurrir a un tratamiento de fertilización y la búsqueda es una constante sensación de ansiedad y expectativas, donde es más difícil dejar todo «librado al azar». En el mismo sentido están los casos de adopción en los cuales las ganas de tener un hijo son exactamente iguales que en los demás casos, aunque muchas veces la espera es más larga además, de no depender directamente de uno mismo. Para todos los gustos, no importa cómo, lo cierto es que el deseo está y finalmente llega.
Durante el embarazo, supongamos que es el primero, las expectativas aumentan día a día. En el último trimestre las fantasías del parto comienzan a aflorar. Sabemos que ese momento es inminente y, los sentimientos encontrados característicos de toda la maternidad, se hacen presentes. Queremos seguir embarazadas porque es un estado único y especial Si tuvimos un buen embarazo y nos vemos bien, nos gusta estar con la panza y que el vínculo con nuestro bebé sea exclusivo y particular. Ya nos acostumbramos a estarlo y a hacer las cosas así, a ir sentadas en el colectivo y no hacer cola en el supermercado…. pero también queremos ver cómo es «el bebé en casa».
Nos imaginamos el parto y se nos llenan los ojos de lágrimas, cargando esos pensamientos con toda, absolutamente toda, la emoción que tenemos. ¡Nos empiezan a dar ganas de conocer a nuestro bebé, aunque también de conservar la panza! ¡Imaginamos su cara, su llanto al nacer, lloramos….! ¡Nos imaginamos al bebé en brazos, tomando la teta, a upa del papá, lloramos…!.¡Nos imaginamos dando la noticia y sintiendo la reacción de los demás, lloramos…!
Llegó el día. Parimos. No fue lo que esperábamos. Pero ¡no porque salió algo mal, no! ¡Todo lo contrario!. ¡Salió de maravillas, tuvimos contracciones, dolieron, tuvimos trabajo de parto, pedimos a gritos la anestesia, pujamos, pujamos, nació!. Episiotomía, (que no sentimos en el momento), peeeero no lloramos como Andrea del Boca en el momento del parto, no sentimos ese amor incondicional por nuestro hijo al mirarlo lleno de líquido amniótico, teníamos miedo a no reconocerlo cuando nos lo llevaran al cuarto, etc. Lo cierto es que el momento del nacimiento de un hijo está cargado de mucha emoción y expectativas. Nada nos dice que ese día va a ser tal cual lo soñamos. Y cuando esto no ocurre, no quiere decir ni que seamos malas madres por no llorar como suponíamos que íbamos a llorar, ni por preferir que la primera noche duerma en la nursery, ni porque no sentimos: -«¡oh, lo mejor del mundo fue parir!». Y más aún, de pronto podemos terminar en una cesárea. Claramente no era lo que imaginábamos para este día, (o sí, pero no podemos decirlo porque no se escucha bien), pero finalmente estamos los dos bien, con salud, abrazados, con el bebé a upa, luego de haber sido «ayudado» a nacer, tomando la teta… y nosotras sabiendo y diciendo: – «no fue parto natural», como si eso también hablara del tipo de mamá que seremos.

El punto no es asustarlas o angustiarlas. Al contrario, me propongo desmitificar algunas cuestiones en relación al nacimiento de un hijo. Considero que está bueno saber, que sólo nos cuentan las cosas lindas y maravillosas y que, si las mismas no salen así, es muy fácil frustrarse, porque en realidad nadie habla de las cosas menos románticas del posparto. Se diagnostica «depresión posparto» apresuradamente cuando en realidad sentir angustia luego del parto es normal e, incluso, esperable. Es normal tener sentimientos encontrados el día que nace nuestro hijo, también lo es que nos suceda algo diferente a lo imaginado y a lo «socialmente esperado». Que también es lógico, luego de una cesárea, estar molesta y dolorida y no poder estar al ciento por ciento, o que, a pesar de tener un super parto natural, sentir molestias por la episiotomía impidiendo movernos demasiado…Es normal que hayamos fantaseado con amamantar, pensando que sería como en las tiernas fotos que vemos en la caja de productos «Avent» o en la sala de espera del obstetra. Pero, de pronto, ¡las fotos no nos muestran cuánto duele amamantar los primeros días! ¿Soy mala madre si pienso cuando llega el momento de la teta? : -«uh, ¡otra vez!» sin disfrutarlo como lo debería. Date tiempo, si querés amamantar, ¡ya lo van a disfrutar, ambos!

Los mandatos sociales y culturales, las opiniones de la suegra, de mamá, de una amiga influyen directamente en nosotras y la pregunta sobre si seremos buenas madres encuentran respuestas en los estilos de las demás, sin poder, al principio quizá, darnos ese lugar para sentir lo que nos pasa, ser honestas con nosotras mismas y encontrar las respuestas en nuestra única y exclusiva manera de ser mamá.
Una vez que nace nuestro hijo, el vínculo se construye, no es igual al que teníamos cuando estaba en la panza. Y para que se construya amablemente, lo ideal es estar tranquilas, observando, respetando nuestros sentimientos y estados. Dándonos lugar a que la situación fluya sin suponer que hay una sola manera de vivir el parto, el nacimiento, el posparto. Dejemos fluir nuestro «ser mamá», dejemos que aparezca. No le demos lugar a la culpa, que siempre aparece para no dejarnos disfrutar a «nuestra manera». Es un momento de encuentro con una situación muy imaginada, pero que se convierte en real y nueva. Muchas de las situaciones que empezamos a vivir, los sentimientos que empezamos a sentir, no los podíamos imaginar, simplemente porque no los conocíamos. Fantaseamos este momento desde lo que nos dijeron, desde lo que vimos, desde lo que suponíamos o esperábamos. Pero la vida nos sorprende y muchas veces la mujer, que no se imaginaba madre, de pronto saca a la leona de adentro, quizás más sensible, emocionada, muchas veces sin saber cómo reaccionar. Quizás las cosas sean tal cual las soñaste porque «así tenía que ser». Confesar algunos pensamientos «no esperados» no es fácil…. o simplemente el no fantasear demasiado ese momento te sorprendió a vos
En fin, hay tantas opciones como madres en el mundo. Viví tu experiencia, a tu manera.
¡Hasta la próxima!

¿Dónde está mamá? ¡Acá está!

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donde esta mama1EL APEGO CON NUESTRO BEBÉ


Por la Lic. Lorena Ruda*

Febrero 2012
La maternidad dispara en nosotras sensaciones y sentimientos que jamás antes habíamos sentido. Durante el embarazo es probable que nos hubiéramos imaginado serenas a partir del nacimiento de nuestro hijo, probablemente nos imagináramos tiernas, llenándolo de besos, durmiendo juntos. Un sinfin de situaciones que probablemente hubiéramos visto en alguna publicidad o película y algunas que imaginábamos porque suponíamos saber cómo nos desenvolveríamos. Pero lo cierto es que cuando finalmente estamos con nuestro bebe en casa no siempre las situaciones son tan ideales y fáciles. Es muy común que nos sorprendamos de nosotras mismas reaccionando de una manera diferente a como la pensábamos antes de ser madres, o que de pronto seamos más estrictas de lo que suponíamos o a la inversa. Situaciones que antes que sucedieran pensábamos: – «cómo voy a saber sobre tal o cual cosa, cómo reaccionare si sucede tal otra, etc». Pero, ¡de golpe tenemos respuestas! como si durante el parto nos hubieran colocado un chip sobre «como responder ante tal situación».

Como venimos hablando en artículos anteriores, la llegada de un hijo produce un cambio en nuestra vida, en nuestra pareja, en nuestro cuerpo. Según cómo vivamos este cambio, la relación con nuestro hijo podrá ser de una manera u otra.


donde esta mama5Es común que en la primera etapa de «fusión emocional» o «apego» entremos en crisis por las excesivas demandas de todos y que nos sintamos desbordadas. Muchas veces resignar nuestra autonomía es difícil. Permanentemente hay una lucha narcisística entre «yo» y el «resto», sobre todo con nuestro bebé, que demanda sin parar, suponiendo que una siempre tendrá ganas de estar «ahí». Pero sucede que a veces una «no está ahí».

Otras puede enojarse con si misma al darse cuenta que ha resignado cosas que antes podía hacer, que todo está cambiando. -«No voy a ir ante el primer llanto, sino después me sale caprichoso», «¡tiene que poder esperar!», «¡ahora estoy comiendo, ya voy!» y diferentes frases que pueden retumbar permanentemente y dejan entrever la incapacidad propia de ceder nuestra autonomía, de resignar, de aceptar que un bebé recién nacido nos necesita todo el tiempo, que no se lo malcría teniéndolo a «upa». Pero no a todas nos resulta fácil adaptarnos a lo nuevo. Y cada mamá hace lo que puede y como puede. Muchas necesitamos más tiempo. Quizá estas son las dificultades más comunes en esta etapa de apego, que justamente necesita una entrega total. Estar disponibles al máximo, a la «teta a demanda», al «upa», a los «mimos», a los pañales, a las horas de sueño interrumpidas, etc. Paradojicamente cuanto más se entregue en este período de tantas demandas, más se disfrutará también.

Hay otras mamás que no viven esta etapa como «enloquecedora», que se permiten disfrutar hasta de las noches interrumpidas, que la teta a demanda no genera ningún conflicto y sobrellevan estos cambios con gran naturalidad. Lo más dificil para este tipo de mamás puede ser el inicio del des-apego.


donde esta mama3El desapego, interpretado en este sentido, no implica un desprendimiento total ni abrupto, sino que paulatinamente se van imponiendo momentos de separación. Muchos están pautados por la sociedad o incluso por el pediatra: «A tal edad hay que cambiarlo de cuarto». Ocurre que muchas mamás podemos sentir culpa por alejarnos un rato, por dedicarnos un rato para sí. Muchas veces suponemos que nuestro bebe puede tener dificultad para «estar sin nosotras», cuando en realidad la dificultad es nuestra. Nos cuesta alejarnos suponiendo que si no estamos, nuestro bebé se sentirá mal, nos extrañará; tendrá hambre y no estaremos ahí para calmarlo. Esta situación es independiente de la mamá que trabaja (será abordado ese tema en otro artículo) ya que no hablamos solamente de separación física. La capacidad de apegarnos y desapegarnos tiene que ver más con las diferentes personalidades y con nuestra manera de «hacer vínculos».
En este tipo de situaciones como en las otras, es muy importante el rol del varón. Al principio posibilitando el apego, fomentándolo, participando del mismo, acompañando a la mamá, ayudándola y sosteniéndola. El apego es fundamental para el bebe para luego lograr una natural independencia. El apego le da seguridad y facilita la construcción de un «yo» independiente de la mamá.
En la segunda etapa, el rol del varón es necesario para ayudar despacito a ir des-apegando. Estando más tiempo con el bebé, favoreciendo los momentos para una misma, para que de a poco nos vayamos sintiendo más mujer y no tan mamá!
La etapa del apego es muy importante y si se da naturalmente es probable que el desapego también sea natural. Muchas veces es notable cómo las mamás nos creemos y hacemos creer lo imprescindibles que somos. Quizá en este caso la «herida narcisista» es corroborada cuando nos vamos y nos damos cuenta que nuestro bebé ni nos llama.
Muchas veces generamos una «imprescindibilidad» irreal, cuando creemos que el varón no puede satisfacer muchas necesidades del bebé. No siempre querrá teta ante el primer llanto o queja, no siempre deberá ser una la que lo levante y lo arrulle hasta que vuelva a dormirse.

Es importante que cada mamá pueda identificar qué vinculo construirá o está construyendo con su hijo, o mejor dicho, qué tipo de vínculo suele construir con «los otros» ya que posiblemente se relacione de un modo similar con su bebé.

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Si tenemos personalidades más independientes, más estructuradas es probable que la primera etapa nos cueste más y que incluso el apego tenga corta duración o cueste lograrse. En cambio si somos más dependientes, si poseemos mayor facilidad para adaptarnos al cambio es probable que la segunda etapa cueste un poquito más. Ambas etapas son importantes para la vida de nuestro hijo. Lo cierto es que el destete tiene que ocurrir, separación tiene que haber.
Todo esto no significa que: «si fui muy apegada no voy a poder desapegarme». Quiere decir que debemos darnos cuenta que muchas angustias que creemos le ocurren a nuestro bebé en realidad son las nuestras.

Forzar esta separación no tiene sentido. Esos momentos solamente van ocurriendo. La mamá empieza a necesitar sus espacios, de sus otros roles, de su cuerpo y de a poco irá marcando sus límites. Lo mejor es que sea natural y que la mamá y el bebé disfruten de lo que están haciendo cuando el otro no está. Y esto sólo ocurre cuando ambos están preparados para que así suceda. Si trabajamos sobre estos puntos, la separación será más fácil. Incluso muchas veces tejemos fantasías en cuanto al destete, al cambio de cuarto, al dormir en otra casa, a la adaptación al jardín o a dejarlo en un cumpleaños.. Pensarlo cuando una no está preparada parece terrible, pero insisto en que si el apego es normal y natural, el des-apego también lo será, y esas situaciones que parecen complicadas en algún momento, terminan generándose naturalmente, dentro de cada díada/tríada de una manera particular en un tiempo particular.

*Lic. Lorena Ruda Psicóloga U.B.A. M.N. 44247
Emilio Ravignani 1744 Ciudad de Buenos Aires T.E.: 15-3-696-1806

Grupo de reflexión para madres

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adaptacion LucasA cargo de la Lic. Lorena Ruda

Psicóloga U.B.A. M.N. 44247

Emilio Ravignani 1744 Ciudad de Buenos Aires T.E.: 15-3-696-1806

 

 

 

¡Hoy no…mejor mañana…o pasado…!

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hoyno5LA SEXUALIDAD DE LA PAREJA DURANTE EL PUERPERIO


Por la Lic. Lorena Ruda*

Noviembre 2011
La sexualidad durante el postparto es uno de los cambios más notables en una pareja. Durante el embarazo, cada mujer vive el mismo de un modo muy particular. Hay muchas que disfrutan más del sexo que antes, otras que están mas apagadas, en algunas no cambia con respecto a como era antes, en fin…de todo un poco.

Pero luego del parto la realidad es más o menos parecida para todas. Por un lado, hormonalmente estamos revolucionadas y todo nuestro organismo esta en función del amamantamiento. Las hormonas están centradas en producir leche, en generar sed para tomar liquido y así generar más leche, en comer y dormir. Igualmente en las mujeres que por algún motivo no dan la teta.También las noches son parte del dia, y hormonalmente también están revolucionadas..Nuestro cuerpo se prepara para resistir a las noches y para estar lúcidas durante el día y poder atender a nuestro bebe. Toda nuestra libido está puesta ahí.


hoyno4Por un lado estamos esperando que llegue el momento de reencontrarnos con nuestra pareja luego del parto. El hombre espera el alta médica, suponiendo que alta es sinónimo de «aparición del deseo» y que el postparto son sólo 40 días. Nosotras creemos que podemos responder a sus lógicas demandas .Pero llega ese día y vemos que las ganas no aparecen; o por lo menos no como suponíamos. Muchas veces lo vivimos con culpa ya que, en el fondo, sabemos que los encuentros sexuales no son en este momento algo imprescindible para nosotras. Pero también tememos que nuestra pareja se enoje, no lo comprenda. Es probable que en sus planteos nos señalen que «quedaron en segundo plano», no desde el pedido y la comprensión sino desde el reclamo. Desde el vamos, nosotras sabemos que no podemos responder a sus demandas como antes.
Lo importante no es saber quién tiene razón. Cada uno tiene sus motivos e intentar explicar lo que nos pasa muchas veces es muy difícil. Nuestros argumentos son «estoy agotada», «mi trabajo es de 24hs», «no duermo de corrido mas de 3 hs», «dar la teta me consume la energía, etc». Ellos generalmente responden: «yo también estoy cansado», «trabajé todo el día, pero tengo ganas igual!». Este tipo de discusiones no llegan a ningún lado ya que no podemos pretender que siempre nos entiendan. Claramente estamos en situaciones diferentes y ambos tenemos razón. Empezamos a escuchar los mandatos sociales con mas énfasis: «no descuides a la pareja» , «lo que no hay en casa se busca afuera…» y muchas otras más. Creíamos que a «mi no me va a pasar» y de pronto si, nos sucedió.

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Nosotras no necesitamos el sexo como antes ni de la misma manera que el varón. Necesitamos sentirnos comprendidas, sin el deber de dar explicaciones.. Necesitamos volver a conectarnos con nuestro cuerpo tan cambiado y tan poco sexuado. Nuestros pechos son el alimento de nuestro bebe y no hay otro tipo de placer en ese momento más que el dar de mamar. Nuestra piel esta más sensible, sobrando por todos lados. Habrá que esperar hasta que se reacomode. Nuestro pelo se cae, las uñas se rompen. No nos sentimos para nada femeninas. Una cantidad de cambios físicos, fisiológicos y, sobre todo, psicológicos han ocurrido en nuestro organismo y no podemos pretender «hacer como si nada». Necesitamos un tiempo para volver a libidinizar nuestro cuerpo y conectarnos con la sexualidad desde otro lugar. En ese momento necesitamos caricias, abrazos, muchos mimos, sostén, palabras dulces, besos. . Algunas veces sentimos que el el hombre puede interpretar este acercamiento como «deseo del acto sexual» y es por esto que muchas veces lo evitamos, ya que nos molesta la obligatoriedad y nos sentirnos presionadas. El desencuentro se incrementa. El hombre tampoco se empieza a acercar porque siente que es rechazado y eso es, en ocasiones, bastante frustrante. El hombre deberá aprender a conectarse con la mujer desde otro lugar, para que con el tiempo la sexualidad de la pareja se disfrute incluso, más que antes. Muchas veces buscando esto sentimos que el hombre puede interpretar este acercamiento como «deseo del acto sexual» y es por esto que muchas veces lo evitamos, ya que nos molesta la obligatoriedad y nos sentirnos presionadas. El desencuentro se incrementa. El hombre tampoco se empieza a acercar porque siente que es rechazado y eso es, en ocasiones, bastante frustrante.

Lo importante es que la pareja dialogue sobre estos temas ya que muchas veces son tabú y quedan sin abordarse. Está claro que nosotras queremos satisfacerlos, reencontrarnos, pero por un tiempo no podremos acceder a sus demandas ni aun por el solo hecho de complacer y evitar enojos. Los necesitamos cerca, pero nos alejamos si no hablamos de lo que sentimos, de lo que nos pasa. Debemos charlar para ayudarnos mutuamente a transitar este momento, generando juntos una sexualidad nueva, diferente, y placentera para ambos.

                                   hoyno1

Dialogar para que los reclamos no generen conflictos. En vez de pelear, acercarnos, reencontrarnos desde lo mas tierno que todos, hombre y mujer, tenemos.

*Lic. Lorena Ruda Psicóloga U.B.A. M.N. 44247
Emilio Ravignani 1744 Ciudad de Buenos Aires T.E.: 15-3-696-1806

Versus (2ª parte)

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colecho3EL DESAFÍO DE EMPEZAR A CRIAR A UN HIJO (2ª parte)

Por la Lic. Lorena Ruda*

Septiembre 2011
Un día nos conocimos, nos enamoramos….,nos unimos en convivencia o en matrimonio….,decidimos tener un hijo. Lo buscamos hasta que finalmente aparecieron las esperadas dos rayitas en el test. ¡Guau!                                          papas-y-bebe-dormido

Soñamos, imaginamos, idealizamos al otro en su nuevo rol, la panza crecía y las preguntas empezaban a surgir…. ¡ a los dos!. Miedos e inseguridades. Nuestra historia y los vínculos con nuestros padres pasaron un primer plano. «¿Cómo seré como papá?».»¿ Cómo seré como mamá?».»¿ Cómo seremos como papás!?»
Al principio casi todo sigue igual….No se nota que en realidad ya somos tres. Después de nueve meses efectivamente: ¡somos familia!

 

La pareja:

 


colecho2¿Qué pasa con la pareja en medio de toda esta revolución?.¿Qué siente el hombre como hombre?. ¿ Como se siente? La situación cambió para los dos.

Inevitablemente aparecen las discusiones, mas allá de la felicidad que implica el momento. Todos necesitamos del otro, los tres tenemos deseos. El bebé quiere estar en «upa», mimos, atención, calor, abrazos, canciones, miradas, alimentación, sueño.
¿Y mamá y papá?

 

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La mujer-mamá necesita descansar, comer, ser mimada, contenida y sostenida ya que hormonalmente estamos revolucionadas . ¡Psíquicamente también!. El hombre- papá llega con ganas de estar con su familia, pero tambien está cansado de trabajar y necesita descansar, requiere caricias, cena, tranquilidad, hogar, atención….pero se da cuenta que las miradas cambiaron de foco (transitoriamente). Agotado, busca llegar a casa y tener un rato para si, pero la mamá que se despertó de noche, que estuvo todo el día dedicada a responder a las demandas del bebé, espera ansiosa a la pareja para también poder tener un rato para si, ¡aunque esto solo sea darse un baño! ¡Otra vez lucha de deseos, campo de batalla!
Racionalmente entendemos el cansancio de ellos y ellos el nuestro. Sin embargo se instala una especie de competencia para ver quién tiene mas derecho a estar cansado o a necesitar primero su rato de relax, en vez de ponerse en el lugar del otro y tratar de conversar sobre las necesidades de cada uno.
Vemos de nuevo como, cuando no hay lugar para dos deseos, las consecuencias se ven reflejadas en los vínculos que construimos, con nuestro hijo por un lado, pero con nuestra pareja por otro.
Cada uno encuentra la manera mas «aceptada»» de hacer el reclamo. Pero detrás de cada reclamo hay en realidad un pedido de «¡mirame!». Necesitamos recuperar la mirada hacia el otro que, en este momento, solo apunta a una personita: nuestro bebe! Llamentablemente muchas veces la pareja encuentra en las peleas su momento de «encuentro», haciéndose reproches y defendiendo su lugar. Es más fácil llegar al otro desde un planteo que pedir lo que verdaderamente necesitamos, aunque en esta etapa quizás no podamos satisfacer al otro en sus pedidos. Quizás entender ésto sin caer en «poner en falta» es lo mas difícil.
Muchas veces el hombre se siente desplazado y en este caso, si no puede reflexionar sobre ello, el vínculo padre -hijo estará creciendo sobre esa base, como así también la relación de pareja comenzará a ser cada vez mas «tensa». «La intensidad con la que el varón decida comprometerse y vincularse para sostener la díada mama-bebe, le permitirá acomodarse integrando la triada. No desde el reclamo, sino desde el sostén y la observación de «lo que pasa» en lugar de pretender que «las cosas sucedan como a mi me gustaría» ( Laura Gutman)
Este tipo de situaciones se escuchan permanentemente en el consultorio. Creo que es inevitable que dichas discusiones no ocurran una vez que llega el bebe a casa. No obstante, si uno es sincero consigo mismo y puede poner en palabras lo que le está pasando, si revisa su historia y los sentimientos que le han generado el nacimiento de un hijo, podría ser mas fácil.
Este tema es complejo y creo que lo mejor es seguir hablándolo de a poco.
Si tienen ganas pueden mandar alguna pregunta a lorenaruda@hotmail.com o incluso sugerir algún tema que les resulte interesante.   
                                        colecho
*Lic. Lorena Ruda Psicóloga U.B.A. M.N. 44247
Emilio Ravignani 1744 Ciudad de Buenos Aires T.E.: 15-3-696-1806

Versus (1ª parte)

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donde esta mama1EL DESAFÍO DE EMPEZAR A CRIAR A UN HIJO

Por la Lic. Lorena Ruda*

Julio 2011


Nació nuestro hijo. Llegamos a casa y ya no están las nurses que vienen a cada rato a decirnos cómo darle la teta,  o porqué llora mi hijo ocómo limpiarle el ombligo. Nos fuimos dos, volvimos tres. Nuestra pareja super servicial y atenta nos mira emocionado.  El bebe llora….ay, ¿que tendrá? .¿Hambre?. ¿Sueño?. ¿Gases?. «Mas que eso no le puede pasar», pensamos. Van pasando los dias y empezamos a entenderlo, casi siempre.¿Qué pasa cuando hagamos lo que hagamos el bebé sigue llorando?. Aparece, en el mejor de los casos, la pregunta : ¿qué estoy haciendo mal?. Ojalá aparezca esta pregunta…. No desde la culpa y el autorreproche sino desde la reflexion. Muchas veces ante la desesperación de no saber, una no puede tranquilizarse y preguntarse: «¿cómo me siento yo?».

Cómo nos sentimos es decisivo para la relación que empezamos a construir.El bebe recibe todo y si nos sentimos nerviosas y desbordadas ante su llanto,será difícil calmarlo. Probablemente si estamos tranquilas y lo observamos, rápidamente vamos a aprender a entenderlo. Pero lo cierto es que muchas veces nos sentimos ansiosas, angustiadas, con miedos, un poco cansadas, presionadas….

Siguen pasando los dias, el bebe esta mas organizado pero pide teta , mimos, teta, atención, teta, baño, teta, upa, etc….Nuestra pareja volvió a trabajar y ya no está taaan servicial como la primera semana.Él tambien esta cansado. Trabajó todo el dia. Nosotras tambien.Nos despertamos varias veces a la noche, damos la teta seguro cada tres horas y¡a veces cada menos…! Tenemos que cuidar la pareja, responder a nuestro hijo y a todas las demás demandas. 

¿Es posible responder a todo? . «Algo tengo que dejar de lado…. Yooo? porque yo quedo de lado? No puedo bañarme cuando quiero, no puedo dormir cuando quiero, no puedo estar con mi pareja cuando quiero, no puedo elegir cuando comer... Nuestra pareja siente que, de alguna manera, él también es dejado de lado.

Podemos pensar que si las cosas siguen este curso,  esta forma de vivir la situación, aparecerán los problemas, las angustias, las peleas.Difícil será la comunicación con nuestro bebe ya que entraran en conflicto nuestros deseos con los de él, y también con los de nuestra pareja.Ambos merecemos un rato para uno mismo y ese rato es cada vez menos frecuente y más breve.

Tener un hijo implica estar dispuestas, por lo menos por un tiempo, a perder autonomía, independencia. Nuestro hijo depende ciento por ciento de nosotras.No es «El versus yo».No es una lucha. Es un bebe que necesita a su mama, su olor, su calor, sus mimos.Para nuestro hijo el tiempo no existe, es siempre ya. Si sentimos que nuestros deseos están amenazados por la llegada de nuestro hijo, si sentimos que ceder nuestro tiempo o responder a lo que él pide pone en riesgo nuestra autonomía, se declarauna guerra, parece que hay lugar sólo para un deseo sin poder hacer convivir a los dos al mismo tiempo. Corremos el riesgode que esta manera de vinculación se instale como modo de relación.
Esta situación es bastante habitual, y probablemente si revisamos nuestra historia podemos descubrir que con nuestro hijo se ponen en juego cuestiones que, en realidad, preexisten a su llegada. Probablemente, si soy una persona a la que le cuesta convivir con los deseos del otro, esta dificultad también se manifieste con un hijo, independientemente que lo ame, que haya sido deseado y buscado. 

La maternidad genera muchos sentimientos encontrados y ser concientes de estos nos ayudara a vincularnos ‘mejor’ con nuestros hijos, y con los demas!

*Lic. Lorena Ruda Psicóloga U.B.A. M.N. 44247
Emilio Ravignani 1744 Ciudad de Buenos Aires T.E.: 15-3-696-1806

¿Seré buena madre?

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pecho a demanda 4¿CÓMO SE CONSTRUYE EL VÍNCULO CON NUESTRO HIJO?

por la Lic. Lorena Ruda*

Mayo 2011
Nace nuestro hijo. Momento esperadísimo, por todos. Expectativas. Miedos. La gran pregunta ¿seré buena madre?
El bebé llega a un mundo y tiene que aprender absolutamente todo, incluso a tomar la teta. Momento de a dos, mamá y bebé tienen que aprender a ser mamá y a ser bebé en un mundo lleno de mandatos culturales sobre cómo se es «buena madre».
Estas presiones están presentes todo el tiempo, sobre todo si tuviste una cesárea, si no pudiste dar la teta…. Parece no importar el por qué, todos juzgan y opinan y si no lo hacen igual imaginamos esos comentarios y con lo cual la cosa empeora. Yo tampoco me pregunto por qué, solo me siento con culpa, y así con menos posibilidades de preguntarme cómo me siento con este momento, viendo a una personita crecer día a día y que depende exclusivamente de mi, y yo de ella….lo más difícil de la cuestión.
Los horarios los marca el bebe, las horas de sueño las marca el bebe, el bebe llora y yo «debo» saber que le pasa porque soy la mama y» las mamas entienden al bebe desde que nace.»
Todas estas presiones, entre otras, hacen que una no pueda relajarse en un cien por cien al principio y el instinto quede ahí, a la espera de que lo dejemos fluir.
Muchos sentimientos encontrados, mucho amor, angustia que ni sabemos porque pero está, sueño, cambios….ganas de estar con el bebe y ganas de que duerma, ganas de dar la teta pero nos duele y queremos que pase rápido. Ganas de estar con nuestro marido, pero tenemos sueño. Culpa! Si, siempre aparece la culpa!
El bebe demanda y tenemos que responder, ya. Para el bebe no hay tiempo de espera.
¿ Qué tan dispuestas estamos a entregarnos de lleno a nuestro bebe? ¿Qué pasa cuando en realidad no lo estamos? ¿Qué pasa si la mirada del otro es más fuerte? ¿Qué pasa cuando no podemos resignarnos en pos del bebe? ¿Cómo hacemos para disfrutar de este momento de verdad y no porque «ser buena madre es disfrutar al bebé»? ¿Cómo hacemos para que despertar tres, cuatro veces por noche no nos moleste?¿Se puede? Me animo a decir que estas cuestiones, entre otras de las cuales ya hablaremos, son cruciales en el vínculo que empezamos a construir.

Me gustaría que este rinconcito sirva para que cada una pueda preguntarse sobre como construye su vinculo con su hijo y vayan encontrando las respuestas. Cada una la suya, revisando su historia, su mundo.

*Lic. Lorena Ruda  Psicóloga U.B.A. M.N. 44247

Emilio Ravignani 1744 Ciudad de Buenos Aires T.E.: 15-3-696-1806

Ser madre

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dulce espera«MADRE»: ¿SE NACE O SE HACE?
  por la Lic. Lorena Ruda*

Marzo 2011

¿Quién le enseña a las mamíferas del reino animal a amamantar? ¿Cómo saben cuidar y elegir los mejores alimentos para sus cachorros? ¿Cómo saben protegerlos de agresiones externas e incluso de enfermedades? ¿Cómo saben curarlos?
La respuesta es fácil: instinto de madre, ya que no poseemos otra forma de explicarlo decimos que poseen un mandato natural que indica que al gestar y tener cría se comportan como «madres». Algunos dirán que en realidad todo se hace con el fin de promover la continuidad de la raza y su supervivencia. Otros explican que hormonalmente el organismo se modifica y el cerebro como parte de él modula el comportamiento.
Los humanos somos parientes de ellos, nos denominamos «más evolucionados». El sexo femenino comparte cambios hormonales comunes a todos los mamíferos. Sin embargo, ¿perdura en ella el instinto de saber criar a sus hijos?. ¿La crianza de los hijos implica un aprendizaje previo, independientemente de lo instintivo?. Por ejemplo, el bebé instintivamente succiona y busca el pecho materno. La madre, ¿instintivamente lo ofrece?, ¿tiene apego natural por su bebé?
El tipo de crianza ¿puede influir en toda la vida de ese niño?

Queda planteado el interrogante para que todos opinen. A medida que lleguen las respuestas continuaremos desarrollando el tema.

AQUÍ OPINIONES

Gracias.

A. L. (26):
«…El instinto queda esperando que llegue el hijo. Cuando vez la carita de tu bebé todo cambia y aparece lo que tenías dentro».
Carolina:

Imposible no obrar por impulso cuando tenés a tu primer hijo. Creo que muchas veces el instinto de madre queda oculto por el miedo que tenés, la responsabiidad que sentís. A mí mucho me ayudó mi marido, pero fueron muy importantes todos los consejos de mi mamá.

Miriam:
El instinto de madre existe en forma pura sólo en los animales. En los humanos aparecen otras cosas. Si el bebé fue deseado, cómo te criaron a vos cuando eras chica. O sea, tu modelo de criar a un hijo pasa más por las experiencias que viviste vos como niño y que dejan huella.
Cecilia:

El instinto de madre es el mismo que tiene una primeriza con su bebé al de una madre con varios hijos y de distintas edades? ¿Cuándo se termina de criar a un hijo? Yo tengo ya un hijo grande (21) y lo sigo criando. Tengo otro adolescente. Supongo que es instinto mío cuando presiento que pueden andar mal en algo. ¡Instinto es el aguante que hay que tenerles.!

COLABORACIÓN ESPECIAL: Lic. Lorena Ruda*

Considero que hay una mamá instintiva, pero hay una sociedad marcada por el «deber ser» que opaca un poco al instinto, muchos mandatos, muchas ocupaciones….muchas mamás de esta época ya quieren volver a estar flacas y lindas y no se bancan el momento de «entrega al cachorro», cuentan cada minuto que dan la teta para calmarlo y ya poder ir a hacer otra cosa…. O inconcientemente no quieren dar la teta por miedo a no «recuperar su figura». Ofrecer el pecho a demanda debería ser instintivo, pero hay que estar dispuesta a perder autonomía e independencia. Creo que ese es el tema. Nos cuesta dejarnos de lado por un tiempo. Es instintivo escuchar a nuestro hijo llorando aunque estemos a una determinada distancia, pero no lo vamos a «escuchar» si sólo estamos pensando en lo que tenemos ganas de hacer y no podemos porque la siesta del bebe se hizo mas corta ( a modo de ejemplo). Creo que hay que escuchar más al instinto y entregarse sin tanta estructura, dispuestas a entender al bebe, a interpretarlo, a darle lo que necesita más allá del alimento. En algunos momentos los pensamientos no dejan fluir al instinto, justamente lo que nos diferencia de otros mamíferos. Creo que para ser mamás hay que pensar menos y dejarse llevar más por los sentimientos, intuición, instinto… dejando de lado las opiniones del resto, la mirada «acusadora» del otro. Si estamos dispuestas a entregarnos a los pedidos y necesidades del bebe y a interpretarlos, el instinto sale solo. NO hace falta no bañarse, no comer…es cuestión de acomodarse! De todos modos no todas tenemos el mismo instinto, por así decir, sino que estamos muy influenciadas por nuestra propia crianza y eso nos determina bastante a la hora de actuar con nuestros hijos, forma parte de nuestro instinto y de nuestra manera de amar.

*Licenciada Lorena Ruda
Egresada de la Universidad de Buenos Aires.
Ha trabajado en el Hospital de Clínicas y en el Hospital Piñero.
En «Casa del Sur», centro de rehabilitación de adicciones y problemáticas psicosociales.
Actualmente:
Coordinadora de Grupo de reflexión para madres.
Psicóloga de grupos y terapia individual.
 

MÁS OPINIONES:

 

Marisel:
Nunca me puse a pensar si hay instinto. Creo que lo que hay en realidad es amor, que en una persona sin problemas se desarrolla en forma natural.
Federico:

Totalmente de acuerdo con la Lic. Lorena. El contexto sociocultural determina o moldea el instinto maternal. No es lo mismo una madre sin preocupaciónes (de cualquier índole) que una madre despreocupada o disponible ciento porciento para criar a su hijo. Y aún así, la segunda puede tener condicionamientos sociales, culturales o familiares que terminan influyendo en su «instinto maternal».

Luciana:

Cuando ves a tu bebé iniciás una comunicación que es difícil de cortar. Lo tuviste en la panza, te escuchó, pero no te vio ni tampoco vos lo viste, tampoco lo tocaste ni te tocó. Es en el momento que lo ponés al lado tuyo que se te encienden todas las luces como de un tablero que te dice que realmente sos mamá y que darías la vida por tu hijo. Para mí ese es el instinto o lo que quieras llamarlo.

Marina:

Creo que sos madre desde el momento que te sentís embarazada y que querés estarlo. Cuidar la panza, cuidarte y cuidar lo que llevás adentro también es instinto de madre. En mi caso, el deber ser, que dice la licenciada nunca me afectó aunque reconozco que muchas amigas se sienten forzadas a continuar viviendo como si nada, no dejando que el llamado instinto fluya libremente.

MI OPINIÓN: Dr. Horacio Roqué Abril 2011
Agradezco todas los correos recibidos sobre este tema. Mi opinión desde el punto de vista profesional, es que muchas veces la gente sobrestima al llamado «instinto de madre», creyendo que la mujer siempre, por el solo hecho de ser la mamá puede entablar una relación satisfactoria y saludable con su hijo. Los seres humanos estamos «atravesados» por un montón de circunstancias que hacen a nuestras vidas y también pueden modular o afectar la forma de relacionarnos con nuestros hijos. Entran en juego nuestras propias experiencias con nuestros padres, el nivel socio cultural, la transferencia generacional, nuestra propia crianza, etc. No es lo mismo una mamá que está sola con su embarazo o con su bebé, con experiencias de abandono y con dudas en cuanto a su futuro que, otra con la contención adecuada de la pareja, familiares y amigos. Hay mujeres que siempre fueron inseguras y esa sensación la trasladan a la relación con su bebé.
Todas estas circunstancias pueden afectar algunas veces el fortalecimiento del apego. Pero, ¿qué es el apego?. El apego se refiere a un vínculo específico y especial que se forma entre madre-hijo. El vínculo del apego tiene varios elementos claves: 1) Es una relación emocional perdurable con una persona específica, 2) dicha relación produce seguridad, sosiego, consuelo, agrado y placer y 3) la pérdida o la amenaza de pérdida de la persona, evoca una intensa ansiedad. Los investigadores de la conducta infantil entienden como apego la relación madre-hijo, describiéndola como el andamiaje funcional para todas las relaciones que el niño desarrolle en su vida. Una relación sólida y saludable con la madre se asocia con una alta probabilidad de crear relaciones saludables con otros, mientras que un pobre apego parecería estar asociado con problemas emocionales y de conducta a lo largo de la vida.
Es así que si bien la mujer puede estar provista naturalmente de «instinto», el apego mutuo entre madre-hijo es fundamental. La mayoría de las mujeres lo desarrollan «sin darse cuenta», como lo han expresado aquí en algunas opiniones y obtienen la misma respuesta en el niño. Otras en cambio, por experiencias familiares, personales, culturales o ambientales pueden tener dificultades en lograrlo. Es ahí cuando la madre necesita del apoyo familiar o profesional oportuno. Es fundamental favorecer y motivar el apego. Siempre existe el cariño, pero muchas veces no se lo sabe expresar. Algunas madres «no saben» como abrazar al bebé, cómo acunarlos, cómo y qué cantarles, cómo jugarles. Menos aún como calmar un llanto, etc. Es en estos casos cuando se deben promover y estimular prácticas de crianza. Algunas veces falta en estas madres la transmisión generacional de cómo criar a un hijo. Probablemente motivada por trastornos en los vínculos familiares hay poca comunicación de la madre con sus propios padres.
La promoción de la alimentación a pecho exclusiva es fundamental para el apego. Muchas madres, aunque los alimenten de esa forma no le dan a esos momentos la importancia que requieren. No es lo mismo dar pecho mientras se ve televisión que mirar a los ojos al bebé o susurrale canciones. Tampoco es lo mismo dar un juguete a un niño que jugar con él. Hay madres y padres que no saben qué cantarles o cómo jugarles, tampoco saben cómo contar un cuento porque quizás tampoco a ellos se los contaron. Lo que no surge naturalmente es necesario estimularlo. En centros de salud públicos y privados, en consultorios, muchos profesionales trabajan con mamás, papás y sus bebés para fortalecer la relación entre ellos. Se pueden prevenir o atenuar trastornos futuros en las relaciones interpersonales obrando precozmente en los vínculos familiares.

Para terminar, podríamos decir que más allá de afianzar un instinto debemos lograr una crianza con apego, y un apego con prácticas de crianza naturales y saludables.

*Lic. Lorena Ruda Psicóloga U.B.A. M.N. 44247
Emilio Ravignani 1744 Ciudad de Buenos Aires T.E.: 15-3-696-1806