Previniendo accidentes

por | 13 abril, 1997

 

MEJOR EVITARLOS

Abril 1997

Hay una frase que podría resumir en forma sencilla este artículo: «Los accidentes son imprevistos pero no imprevisibles».Lo que se quiere significar es que los accidentes son siempre imprevistos en el momento que ocurren pero si nos preparamos adecuadamente podremos evitar a los mismos y hacerlos previsibles.

Los accidentes no ocurren por «mala suerte»,por la «fuerza del destino» o por «casualidades». Detrás de cada accidente hay una medida de prevención que no se cumplió por desconocimiento o negligencia.

Un niño que juega en la bañera o en la pileta sin la observación de un mayor en forma permanente, un hogar con medicamentos al alcance de un chico, enchufes sin la debida protección, niños que viajan en el asiento delantero de los autos son todos campos propicios para la ocurrencia de accidentes. De nada sirve decir: «nunca lo hizo», «nunca lo toca», «nunca choqué», «me descuidé unos segundos» . Sin embargo es lo primero que se dice una vez que se produjo el episodio.

Para cada edad del niño hay accidentes característicos. Conociéndolos de antemano podremos corregir actitudes o acondicionar nuestro hogar para que los mismos no ocurran.

Durante los primeros doce meses de vida el niño generalmente es sujeto pasivo de accidentes. El descuido de los adultos propician los mismos: quemaduras, caídas y asfixias.

Alrededor del año, al comenzar a caminar por la casa, el niño puede tomar contacto con materiales cortantes, caer al vacío desde luna ventana o balcón o ingerir sustancias tóxicas.

El niño de dos años es muy curioso, siendo también frecuente las intoxicaciones, quemaduras por líquidos cáusticos y electrocuciones al explorar los enchufes con interés.

A los tres años el niño es más independiente e impresiona que ya conoce los peligros. Este error generalmente produce la mayoría de los accidentes: caídas, intoxicaciones y ahogamientos.

Entre los 4 y los seis años el niño comienza a desplegar su vida social. Su actividad primero en el jardín y luego en la escuela lo hace «independiente» e «importante». A pesar de ello y aunque él no tenga reparos al respecto, no debe quedarse sólo en la casa ni en los lugares de recreación, pues no sabe reaccionar frente al peligro. Si bien maneja triciclo o bicicleta no debe cruzar solo la calle, aún en arterias de muy poco tránsito.

Los accidentes más frecuentes en esta etapa son en la casa: intoxicaciones, quemaduras por líquidos, fuego , electricidad y mordeduras de perro.
Comienzan a tener importancia los accidentes de tránsito y en los lugares de recreación las caídas desde hamacas y toboganes.

El niño escolar amplía su mundo. Aparece la escuela, ocupando un lugar cada vez más importante. Tal es el caso de los accidentes en los recreos, en prácticas deportivas y en la riñas estas últimas frecuentes en varones. Las partes generalmente afectadas son las manos, la cara, los pies y las piernas. La supervisión de un adulto en todas las actividades, (maestro, preceptor, etc) y una actitud solidaria entre la escuela y los padres será siempre necesaria para prevenirlos.

En la adolescencia el principal riesgo se encuentra en los accidentes de tránsito. Basta sólo recordar que los mismos son la primera causa de muerte en el grupo de 15 a 24 años de edad. Es en esta edad cuando generalmente se prueban y exponen a riesgos como método permanente de descubrirse y reconocerse. Los accidentes en bicicleta, moto o conduciendo automóviles ocupan el lugar más importante.

Recordar que el adolescente no debe ser nunca liberado de toda supervisión tanto por los riesgos que genere su propia conducta como los que se deriven de la conducta de los otros adolescentes.

Bibliografía del artículo: «Prevención de accidentes» tomada del Programa Nacional de Actualización Pediátrica. Soc. Argentina de Pediatría. 1996.