EL MIEDO

por | 25 marzo, 2023

Nosotros y los miedos

EL MIEDO EN LOS NIÑOS

Mayo 2023

Según la Real Academia Española el miedo se define como “una sensación de angustia provocada por la presencia de un peligro real o imaginario”. En su segunda acepción, considera al miedo como “un sentimiento de desconfianza a creer que ocurrirá un hecho contrario a lo que se desea”.

De todas formas, el miedo constituye una entidad que nos acompaña a todos hasta el final de nuestros días. En cualquier momento que ocurra es una emoción displacentera acompañada por componentes psicológicos que afectan el comportamiento.

Niños y adolescentes suelen tener miedos normalmente específicos para cada edad. La mayor parte de ellos son transitorios y se resuelven espontáneamente. Ejemplo de ello lo constituye el miedo a la oscuridad en los más pequeños o el miedo al ridículo frente al público en los adolescentes.

Los miedos infantiles son muy comunes. Se cree que entre un 20 a 30% de ellos presentan uno o más miedos intensos. Afortunadamente la mayoría de ellos no evolucionarán ni progresarán con la edad.

El miedo, en realidad, es una función adaptativa y necesaria para la supervivencia. Su aparición por sí sola no implica patología alguna y, como dijimos anteriormente, la presentación será diferente según la edad.

Ya desde los primeros 6 meses suele aparecer el miedo a las alturas, cuando son levantados por extraños, acentuándose entre el año y los 2 años y medio de vida. Estas respuestas se consideran programadas genéticamente, sin intervención en sus orígenes de experiencias anteriores. Cerca de los 2 años suelen aparecer los miedos a pequeños animales y a ruidos fuertes como los truenos.

Entre los 2 y los 5 años, si bien pueden mantenerse los anteriores, aparecen el temor a los monstruos, la oscuridad, los fantasmas, muchas veces relacionados con personajes de cine o dibujos. La mayoría de los miedos a los animales suelen comenzar en esta etapa pudiendo perdurar hasta la vida adulta.

Durante la edad escolar, el avance del razonamiento y la mejor percepción de la realidad hacen que desaparezcan los miedos a seres fantásticos o imaginarios siendo reemplazados por el temor a ciertas situaciones reales como pueden ser las catástrofes naturales, las enfermedades o el miedo a lastimarse.

Es la edad de inicio de las fobias a ver sangre, a las inyecciones o vacunas. Suele comenzar en los últimos años de esta etapa el temor a la valoración negativa de sus pares y a los exámenes escolares.

Durante la adolescencia las preocupaciones pasan sobre todo en las relaciones con compañeros o amigos. El temor se centra en la crítica o el rechazo por parte de los demás, el fracaso escolar y a la no obtención de los logros académicos.

Es normal que los niños tengan miedos y preocupaciones en cada etapa del desarrollo. Lo importante es que no evolucionen y desemboquen en un trastorno que pueda constituirse en ansiedad.

La ansiedad implica una anticipación de la amenaza, pudiéndose manifestarse como miedo, temor, angustia, timidez y pensamientos negativos.

Los trastornos de ansiedad son de aparición más temprana, comenzando en la mayoría de los casos entre la segunda infancia y la adolescencia. Distintos estudios han determinado que entre el 6 y el 20% de esta población presenta alguna manifestación de este trastorno.

Hay signos y síntomas que suelen ser comunes entre los niños con ansiedad. Taquicardia, aumento de la frecuencia respiratoria, dolores de panza, cabeza, sudoración, etc. Algunos pueden también manifestar vómitos, diarreas y problemas en el sueño. Los llantos, la irritabilidad y las rabietas también pueden ser parte del trastorno como una forma de evitar los estímulos que pueden conducir al miedo.

En general, es común denominar al miedo también como fobia. Sin embargo, es importante diferenciarlos, aunque algunas veces no parezca sencillo determinarlo aún para los profesionales.

Se denomina fobia a un temor no justificado ante un objeto o situación que, aunque pueda reconocerse como exagerado, genera en la persona una intensa angustia y un deseo por evitar dicho estímulo. En caso de enfrentarse al mismo produce un elevado malestar emocional.

Un miedo puede convertirse en una fobia si los síntomas que provoca un objeto o una situación son tales que causan un sufrimiento o deterioro significativo y evolutivo. Sin embargo, la persona fóbica puede permanecer asintomática, siempre y cuando el estímulo fóbico no se presente.

Las fobias se manifiestan en forma más frecuente en adultos, no obstante, la mayoría de ellas tienen su inicio en la infancia, pudiendo alertar de futuros cuadros psicopatológicos, siendo necesario un diagnóstico y tratamiento precoz.

Como vimos, los miedos acompañan a las personas desde casi el inicio de la vida. Los padres o cuidadores de los niños deben actuar de manera contenedora y afectiva cuando se presenten o se manifiesten, tratando de no minimizarlos. Su evolución o progresión debe motivar la consulta oportuna a un profesional.

Fuente: Ponce C. “Los miedos”. Preguntas a Especialistas. Programa Nacional de Actualización Pediátrica. Sociedad Argentina de Pediatría. 2022.

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