Angina, tos, vómitos y diarrea

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vomito4TODO EN UNO

Las enfermedades respiratorias, los vómitos y las diarreas

 

Junio 2015

Comenzó el frío pero las diarreas no se van. Los síntomas gastrointestinales lejos de ser propiedad exclusiva de las enfermedades de los veranos, acompañan durante estos meses de otoño-invierno a los mocos y a la tos en muchas consultas médicas.
Así como los síntomas digestivos están relacionados durante la época estival con intoxicaciones o infecciones de origen alimentario, durante los primeros meses de frío suelen aparecer cuadros digestivos con vómitos y diarreas que suelen complicar aún más los síntomas respiratorios.
Es así que pueden observarse niños pequeños con fiebre e intolerancia a todo lo que se administre por vía oral. El vómito es aquí el síntoma preponderante que puede luego acompañarse de diarrea, pudiendo llevar a cuadros de deshidratación de no reponerse en forma adecuada el líquido que se pierde. Algunas veces este síntoma es desencadenado por la inflamación de la garganta. La estimulación dolorosa de esa zona provoca fácilmente la aparición del vómito.


reposo y control3Otras veces la intolerancia oral es consecuencia de la cantidad de mocos que el niño traga y que, al acumularse en el estómago, se eliminan hacia el exterior.

Las diarreas completan el cuadro. Pueden aparecer desde el inicio, como único síntoma o seguir a los vómitos. Suelen ser más importantes cuanto más pequeño es el paciente. Generalmente son muy acuosas siendo, como dijimos, motivo frecuente de deshidrataciones.

Desde luego que los síntomas y signos respiratorios también están presentes en estos cuadros. Los mocos, producto de la hipersecreción del árbol respiratorio superior e inferior, siempre están presentes. Si bien el compromiso de la vía aérea superior, nariz, garganta y oídos, es la más frecuente en el inicio, la afectación bronquial y de los bronquiolos puede ser la continuación, especialmente en los lactantes y niños pequeños. La consecuencia es la aparición de bronquitis, bronquiolitis o incluso neumonías como complicación de las mismas.
Los padres al referir el cuadro suelen decir: «todo se inició con una diarrea». En realidad, en la mayoría de los casos y como dijimos anteriormente, las deposiciones líquidas son parte de la misma enfermedad respiratoria.
Muchos virus pueden dar origen a estas enfermedades. Independientemente del clima, durante el otoño y el comienzo del invierno los síntomas digestivos suelen acompañar o constituir el primer motivo de la consulta.

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Los virus respiratorios suelen estar implicados en el origen de estos cuadros, entre ellos el sincicial respiratorio y el adenovirus. Ambos, en especial el primero, causantes de bronquiolitis en lactantes y niños de corta edad. El rotavirus es uno de los principales agentes que provocan diarreas «de invierno». Suelen ser muy importantes y llevar a la deshidratación cuanto más pequeño es el paciente. Afortunadamente se cuenta en la actualidad con una vacuna contra los cepas más agresivas de este agente, habiendo ingresado recientemente al calendario oficial de inmunizaciones en nuestro país.
El tratamiento de todos estos cuadros apunta a reponer los líquidos que se pierden por vómitos o diarreas. Se intenta de todas las formas aportarlos por vía oral. Si el niño recibe pecho la mejor decisión es continuarlo. Caso contrario se deben administrar líquidos en forma fraccionada y con un aporte de sales adecuado. Lo primero trata de evitar los vómitos y lo segundo facilita una correcta hidratación. En los niños pequeños se suelen utilizar las sales de rehidratación de fácil y simple preparación.

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Junto a estas medidas se debe prestar atención a los signos respiratorios que suelen seguir o acompañar a los digestivos. En especial los relacionados a la dificultad respiratoria originada en las vías inferores, como por ejemplo la bronquiolitis en los lactantes. No se indican antibióticos, dado el frecuente origen viral de estas enfermedades. Tampoco sintomáticos como los antieméticos ni medicaciones antidiarreicas.
Finalmente debemos destacar las medidas de prevención para evitar la diseminación de estos cuadros. La ventilación de los ambientes, el correcto y frecuente lavado de manos y una alimentación saludable son pilares a tener en cuenta siempre.