Las quemaduras provocadas por el sol

por | 21 diciembre, 2015

¿QUÉ HACER?

Enero 2016

A pesar de lo mucho que se habla y se escribe para prevenir las quemaduras solares cada verano aparecen niños y adultos con lesiones en piel de distinta gravedad debida a la exposición sin protección adecuada. Esto es más peligroso cuanto más pequeño sea la persona afectada, especialmente los lactantes que comienzan a caminar. Suelen deambular o jugar  por fuera de las carpas o sombrillas. Ya el niño no se queda en brazos de la mamá o el papá, quiere explorar, también en la playa. Esto significa que en esas circunstancias la protección solar debe extremarse. Los lactantes tienen una piel más delgada y delicada. La producción de ampollas suelen provocar una pérdida de agua importante que puede llevar a cuadros de deshidratación sin un tratamiento adecuado.

Como ya dijimos en otros artículos, la sobreexposición al sol puede conducir al envejecimiento prematuro de la piel y a distintos tipos de cánceres. La radiación  solar tiene efecto acumulativo. La infancia y la adolescencia son generalmente los períodos en los cuales la exposición a los rayos solares es más frecuente. La producción de quemaduras de sol en niños acelera la mencionada acumulación y la posibilidad de aparición de las comentadas enfermedades.

Las lesiones más frecuentes se encuentran sobre el rostro, especialmente la nariz, los hombros, espalda y dorsos de pies. La frecuente posición en cuclillas de los niños durante el juego en la playa o pileta provoca una mayor exposición del dorso del cuerpo.

Los juegos en el agua generalmente descubren los hombros y ello facilita la mayor exposición solar. El cuero cabelludo sufre también las consecuencias dado que en el agua raramente se usen gorros. La afección del sistema nervioso por sobrecalentamiento conocida como insolación es una de las consecuencias.

La quemadura se inicia con un enrojecimiento de la piel acompañada de ardor de intensidad variable. Si uno apoya suavemente sus dedos sobre la zona fácilmente puede observar sus huellas que permanecen por algunos segundos. En realidad lo que existe en estos casos es una gran inflamación de la zona producida por dilatación de vasos capilares. Estos mismos serán los responsables de la extravasación de suero en un paso posterior,  apareciendo en la zona las ampollas. Podrán ser pequeñas y numerosas según la gravedad de la agresión. Cuando confluyen producen una gran vesícula con una importante cantidad de líquido. Ya comentamos su importancia cuando aparecen en niños pequeños.

El tratamiento inmediato frente a una quemadura consiste en hidratar y refrescar la piel. Los baños con agua fría o aún mejor, con agua termal, generalmente previenen y mejoran la evolución si se administran en forma precoz. Se deben evitar el hielo, por la posibilidad de agravar la lesión y los jabones con perfumes o componentes abrasivos. Evitar frotar o secar en forma brusca. La humectación luego puede continuar con cremas o emulsiones hidratantes. Se deben evitar las lociones o componentes oleosos que pueden obstruir los poros de la piel y prolongar el curso de la lesión.

Siempre es mejor prevenir que curar. Las pantallas solares son efectivas y deben utilizarse en forma frecuente durante un día de playa o pileta. Los factores de protección deben ser los más elevados. La protección o pantalla total referida en las publicidades no existe. Tampoco la completa resistencia al agua. Ambas condiciones justifican incrementar la frecuencia de su uso luego de zambullidas o juegos en el agua. Son preferibles las cremas a las lociones o soluciones en spray. La correcta protección solar requiere una capa importante del producto sobre la piel, difícilmente de lograr con productos en presentación líquida.

El uso de gorros o sombreros que cubran además las orejas y de ropa de algodón, holgada y de colores claros complementan las referidas indicaciones.

Las quemaduras producidas en plantas de pies, originadas por la deambulación sin calzado sobre superficies calientes como arenas o cerámicas de natatorios merecen una consideración especial. Aparecen sobre los apoyos de ambos pies, (talones y cerca del inicio de los dedos), respetando los arcos. Algunas veces se acompañan de erosión de la piel por fricción, especialmente cuando se juega a la pelota con calzado sin medias o directamente descalzo. El tratamiento de las mismas es similar a las lesiones anteriormente descriptas y su prevención radica en la correcta protección de los pies con calzados adecuados.