SIEMPRE SE PUEDEN PREVENIR
Octubre 2012
Los accidentes nunca ocurren por fatalidad ni por una determinación del destino. La previsión de que puedan suceder hace que se tomen medidas para la prevención de los mismos. Las casas en general no son construídas pensando en las necesidades y en los cuidados de los niños, más de la mitad de los accidentes ocurren en el hogar.
Pensar que estos hechos nos pueden suceder a nosotros nos debe impulsar a tomar las medidas necesarias para evitarlos. No son fenómenos que sólo a «otros» les puede ocurrir.
Desde el momento del nacimiento la posibilidad de las caídas del bebé están presentes. No se puede dejar al recién nacido o al lactante en brazos de otro niño u otra persona con dificultad para deambular sin la debida supervisión de un adulto responsable. Es frecuente observar en los balcones o ventanas a niños que son acunados en brazos, expuestos a cualquier tropiezo de la persona que los tiene, con la posibilidad de ser involuntariamente arrojados al vacío.
Generalmente alrededor del cuarto mes el bebé tiene la posibilidad de darse vuelta estando acostado, pudiendo caer de la cama o cambiador. Los llamados «bebesit» sobre mesas son también peligrosos, dado que el niño va creciendo y en algún momento tendrá la fuerza necesaria para desplazarlo y caerse. Es preferible siempre que el niño esté sentado o acostado jugando sobre el piso limpio o sobre una mantita.
Cuando empieza a comer no se deben dar nunca alimentos que provoquen atragantamientos ya sea por su tamaño pequeño o por su consistencia.
Nunca administrar comida a esa edad para calmar el llanto o para entretenerse. Si toma mamadera siempre debe ser dada por la madre o un adulto responsable. En ninguna circunstancia puede alimentarlo otro niño. Cuando el bebé tiene la posibilidad de asir objetos, entre ellos el biberón, es frecuente que quiera tomarlo por su propia cuenta. Cuando esto suceda se lo debe controlar y evitar que ingiera la leche estando acostado. De esta forma se podrán prevenir ahogamientos y ascenso de leche y moco que faciliten la aparición de otitis.
El niño que se desplaza explora el mundo que hasta hacía poco tiempo le era casi desconocido. Es una etapa difícil en la que no deben quedar al alcance de ellos ningún elemento peligroso: botellas de vidrio, envases con sustancias potencialmente tóxicas, objetos pequeños, bolsas plásticas, estas últimas motivo de asfixias cuando el niño introduce su cabeza dentro de ellas. Si bien los envoltorios de los juguetes no las poseen, es común encontrar en la casa las características bolsas de supermercado.
Se aconseja no usar manteles sobre mesas o muebles y en caso de colocarlos no apoyar objetos pesados sobre ellos dado que los niños gateando suelen tirar de los mismos con el consiguiente peligro.
El niño que comienza a caminar suele apoyarse sobre las paredes o sobre distintos muebles. Algunas veces estos últimos no pueden soportarlos o no están debidamente equilibrados, provocando la caída del chico o lo que es peor, que éstos caigan encima del mismo. Este es el caso de los televisores o monitores, lamentable y frecuente consulta en las guardias.
Cuando la casa se agranda es común que se edifique y aparezcan escaleras que antes no estaban. Algunas veces el presupuesto o el tiempo hacen que las mismas no estén lo debidamente terminadas para que un niño conviva con ellas. Es así que pueden quedar para otro mes la colocación de barandas, protectores o redes para prevenir caídas. En los últimos años se han incrementado las consultas por estos accidentes, algunos lamentablemente fatales, relacionados con la construcción de pisos superiores sobre la vivienda primitiva. El uso de andadores se debe desaconsejar dado que retrasa la deambulación independiente y además otorga al niño y a los padres una falsa idea de seguridad, no advirtiendo que de esta forma el acceso a escaleras puede ser más rápido y frecuente.
Los chicos no deben jugar o caminar por la cocina, previniendo quemaduras. Es frecuente tomar mate con un bebé en brazos y un termo o pava cercanos. Lamentablemente un manotazo del niño hace que el contenido de agua fácilmente caiga sobre alguna parte de su cuerpo provocando la quemadura. Lo mismo puede ocurrir con los artefactos utilizados para la calefacción, en especial las estufas de cuarzo.
Los enchufes sobre las paredes deben ser eliminados o protegidos. De la misma forma se deben instalar en todos los hogares disyuntores, evitando las electrocuciones.