La otitis externa

por | 28 febrero, 2015


otitis externa1¡QUÉ DOLOR DE OÍDOS!

Febrero 2015

– Ayer estuvo en la pileta nadando. Hoy le duele el oído.
La afirmación es frecuentemente escuchada en consultorios y guardias pediátricas. El niño se encuentra generalmente con buen estado general, sin fiebre y señalando claramente de qué lado proviene el dolor. Suele no haber mocos ni tos. El antecedente inmediato es haber disfrutado de la pileta o incluso de un día de playa con olas incluidas. Apenas el médico quiere tocarle la oreja, el niño intenta retirar su rostro, dado el intenso dolor que se exacerba ante la maniobra del profesional.
La otitis externa es la inflamación del conducto auditivo externo que se encuentra entre el pabellón auricular y el tímpano. Es una cavidad recubierta de piel que tiene como función conducir las ondas sonoras hacia la caja timpánica, situada en el oído medio. Es una cavidad semicerrada cuyo fondo se encuentra normalmente ocluido por la membrana del tímpano. Esa característica lo hacen particularmente vulnerable a inflamaciones producidas por distintos tipos de gérmenes, Por los mismos motivos, su limpieza se hace dificultosa, provocándose frecuentemente lesiones debido al uso indebido de hisopos o al mismo rascado.

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El conducto auditivo externo está recubierto por glándulas que secretan cerumen. La «famosa» cera de los oídos tiene la función de protección contra la entrada de agua, cuerpos extraños y hasta gérmenes dadas sus propiedades antisépticas.
En casos de excesiva humedad como los días de pileta, esta barrera natural es sobrepasada, dando lugar a un terreno fértil para la instalación de gérmenes que provocan la infección. Otras veces el prurito que la humedad provoca hace que el rascado provoque pequeños traumatismos, permitiendo la sobreinfección de las lesiones.

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El síntoma, como dijimos característico, lo constituye el dolor que se exacerba con la mera palpación de la oreja del niño, más aún si se intenta movilizarla. Otras veces, incluso, puede haber ligero enrojecimiento de la misma a la observación directa. Cuando el médico examina el conducto, por medio del otoscopio, observa el engrosamiento y el enrojecimiento del mismo, confirmando el diagnóstico que seguramente sospechó.
El tratamiento de la otitis externa es habitualmente local, por medio de gotas óticas que suelen contener antibióticos con la asociación frecuente de corticoides. Es importante la confirmación del diagnóstico por un profesional antes de la mencionada indicación, dado que de haber compromiso del oído medio con perforación timpánica, las gotitas podrían ingresar a la caja y afectar la cadena de huesecillos. Raras veces se necesitan antibióticos generales, salvo en casos especiales, cuando el compromiso incluye también al pabellón auricular.

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La prevención se basa en reducir la humedad de la zona luego de la práctica de la natación o juegos en el agua. Muchas veces los tapones suelen ser la solución.
Ha resultado muy útil la indicación de gotas de alcohol en ambos conductos al salir del agua, favoreciendo de esta forma un secado más eficiente de la cavidad.
Es importante tener en cuenta la calidad del agua, en especial en ríos y arroyos pero también en las piscinas. Las piletas de lona deben ser higienizadas periódicamente con el correspondiente cambio del agua. El excesivo cloro en otras actúa como irritante para el posterior prurito e irritación del conducto auditivo.