¿EL OJO ROJO ES SIEMPRE CONJUNTIVITIS?
Lo que hay que saber
Junio 2017
El ojo rojo en los niños es responsable de un gran número de consultas diarias tanto al pediatra como al oftalmólogo.
Las conjuntivitis originan la mayoría de estos cuadros. Como su nombre lo indica la inflamación en estos casos se localiza en las conjuntivas. Las mismas son membranas muy finas que recubren tanto a la parte interna de los párpados como al globo ocular. El ojo rojo en estos cuadros está dado por la dilatación de la vasta red capilar que poseen.

Las conjuntivitis infecciosas son las más frecuentes, especialmente las de origen viral. Suelen comenzar en un ojo y con la evolución pasar al contralateral, provocando los mismos signos y síntomas, como la presencia de lagañas, ardor o picazón. Este último motiva que el niño se toque y contamine al cuadro con bacterias, requiriendo frecuentemente la indicación de colirios antibióticos. Los catarros virales muy a menudo se acompañan de conjuntivitis como parte de la afección de todas las mucosas. En estos casos los dos ojos se comprometen al mismo tiempo por igual. Las lagañas, especialmente al despertar por las mañanas, deben ser removidas mediante lavajes suaves para desprender las costras que suelen dificultar el tratamiento.

Hay conjuntivitis bacterianas específicas. Una de ellas, la gonocóccica puede ser contraída por el recién nacido en el canal del parto por contagio materno. Otra afección del bebé es la obstrucción o falta de permeabilidad del canal lagrimal. Este conducto es el responsable de desagotar las lágrimas que normalmente bañan al globo ocular. Cuando no está totalmente permeable, el líquido se acumula desbordando la capacidad para contenerlo. Como resultado el ojo y los párpados se observan con aspecto vidrioso y con abundantes lágrimas. Muchas veces el contenido líquido se termina contaminando y origina conjuntivitis que suele repetirse en la medida que la luz del conducto no se libere. Generalmente el problema tiene resolución espontánea durante los primeros meses de vida recomendándose masajes entre la nariz y el ojo afectado.
Las conjuntivitis pueden ser alérgicas, secundarias al contacto directo o indirecto con algún tipo de alergeno, requiriendo obviamente la eliminación del mismo y la indicación de colirios específicos.
Es frecuente también la consulta por ojo rojo secundario al ingreso de algún cuerpo extraño. Suele ser una afección unilateral, generalmente originada por polvo o arena transportadas por el viento, siendo muy frecuente en los días de playa. Las pestañas constituyen la primera línea de defensa pero en algunas oportunidades las mismas no suelen alcanzar para evitar la entrada y el contacto con las conjuntivas. En estos casos puede producirse también una inflamación que lleva con frecuencia al ojo rojo. Más aún, si el niño se rasca tiene posibilidad de lesionar aún más al ojo y al párpado complicando aún más la resolución del cuadro. El parpadeo y el lagrimeo que origina suelen ayudar en forma espontánea a expulsarla, siempre y cuando no se haya incrustado en la conjuntiva. En estos casos se debe revertir el párpado en busca del minúsculo cuerpo extraño.
Es importante saber que lo “rojo” de las conjuntivitis está determinado por la dilatación de los pequeños capilares que estas membranas poseen. No suele haber sangre. Distinto es el caso de las pequeñas hemorragias de estos capilares, bastante frecuentes, originadas generalmente por el impacto de polvo o partículas del ambiente tiñendo de rojo repentinamente la esclerótica. Suele provocar temor por el súbito color del ojo a pesar de no provocar generalmente inconvenientes.

Todo ojo rojo que duele es un signo de alarma que siempre debe ser consultado. La afección de la córnea provoca este síntoma. La misma puede ser dañada por traumatismos y también por afecciones que suelen iniciarse en las conjuntivas para luego comprometer las córneas. Con el nombre de queratitis se identifica a la inflamación de las mismas y cuando se asocia al compromiso de las conjuntivas pasa a llamarse queratoconjuntivitis. Algunas infecciones virales suelen provocarlas, en especial el herpes, requiriendo tratamiento específico generalmente por el especialista.
Un ojo rojo con dolor y que se exacerba al moverlo puede significar una infección que ha superado los límites habituales y comienza a comprometer estructuras contiguas. En estos casos suele haber signos y síntomas de inflamación en sectores de la cara que rodean al ojo afectado.