Envejecimiento y cánceres de piel

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¿DE QUÉ HABLAMOS CUANDO DECIMOS QUE HAY QUE PROTEGERSE DEL SOL?


Enero 2015

La incidencia de cáncer de piel en los últimos años se ha incrementado notablemente adquiriendo proporciones epidémicas. El daño ocasionado por la exposición a la radiación ultravioleta A y B es acumulativo durante toda la vida, siendo la infancia y la adolescencia las etapas donde mayor sol se toma.

Entre los distintos cánceres de piel, el melanoma es el más grave. Ya en Estados Unidos está ocupando el quinto lugar en frecuencia entre las enfermedades malignas. Si bien puede verse en niños, su incidencia es mayor entre adolescentes y adultos. Lo importante es que la acumulación de radiación solar facilita la aparición durante la vida de esta clase de tumores.

Los niños con mayor riesgo de presentar melanoma son los de piel y ojos claros, también los que tienen antecedentes familiares de melanoma y los que presentan lunares desde el nacimiento. Hay factores también ambientales y culturales que contribuyen al incremento de la incidencia de los cánceres de piel. Entre ellos la disminución de la capa de ozono, los cambios de hábitos en la vestimenta que llevan a exponer más la piel durante los veranos, las mayores oportunidades recreativas al aire libre y el uso de camas solares. La utilización de estas últimas, en especial por parte de las adolescentes, predispone a la aparición de cáncer de piel, dada la emisión indiscriminada de radiación ultravioleta A.

La mejor forma de protegerse del sol es la llamada “fotoprotección” que incluye modificación de hábitos poco saludables durante la exposición al aire libre y la utilización de protectores para disminuir la radiación solar sobre la piel.
Un principio fundamental a tener en cuenta es que la radiación solar tiene una intensidad casi constante durante los 365 días del año. Ésta es independiente del calor. Esto quiere decir que si durante la época invernal hay días despejados y nos “atrevemos” a tomar sol, nos estamos exponiendo de la misma forma que en el verano. Lo mismo ocurre durante los días nublados cuando, a pesar de ello, la radiación sigue siendo la misma.

    Los niños menores de 6 meses no deben exponerse a la radiación solar directa.

Evitar la exposición solar durante las horas del mediodía, ( 11.00 a 15.00). Como guía práctica se puede considerar el tamaño de nuestra sombra, fácilmente observable por ejemplo en las playas. Si la misma es menor a nuestra estatura indica que el horario es inconveniente para exponerse a la luz solar directa.
Una moda a adoptar es la utilización de sombreros de ala ancha que no solo protegen la cabeza sino también las orejas, especialmente en los niños.
Si bien se debe buscar la sombra hay que recordar que las sombrillas y los árboles protegen parcialmente.

      Los protectores solares pueden usarse a partir de los 6 meses de edad.

En niños menores se desconoce si existe absorción a la sangre del producto por lo cual no se recomienda su uso.
En niños mayores se debe elegir siempre el producto que brinde mayor fotoprotección.
A pesar de las publicidades prácticamente no existe un factor que supere el 50. Debemos tener en cuenta que a pesar de la correcta utilización del mismo nunca la protección es total. A modo de ejemplo, si colocamos un factor de protección 30 debemos saber que el mismo nos está protegiendo sólo un 30% del total de radiación que recibe nuestro cuerpo. Por lo tanto, para todas las presentaciones caben también las recomendaciones generales en cuanto a la exposición solar referidas anteriormente. Del mismo modo, las cremas fotoprotectoras protegen especialmente contra los rayos ultravioletas A pero casi nada contra los B que son igualmente nocivos.

El protector solar debe aplicarse en todas las zonas expuestas 20 minutos antes de entrar en contacto con el sol y repetir la aplicación cada 2 horas. Casi no existe la resistencia al agua tan publicitada, por lo tanto, si hay contacto con la misma, las aplicaciones deben guardar intervalos más cortos y con piel previamente seca.
La presentación más adecuada del fotoprotector lo constituye la crema, dado que brinda una capa más espesa que sirve de barrera. Lo contrario ocurre con los sprays o aerosoles. Si bien facilitan y agilizan la colocación no logran una protección eficiente.

                                

                    El bronceado es sinónimo de daño de la piel

Constituye una primera reacción de protección natural del organismo frente a la agresión solar. Broncearse antes de las vacaciones tampoco disminuye el daños sino que lo aumenta dado que erróneamente se puede creer que la piel está más protegida y esta idea predispone a exponerse aún más.

Sepamos protegernos del sol, en especial cuidemos a los más pequeños que tienen más años por vivir pero mayor radiación por acumular.

                                                      

Fuente: Giachetti A. Programa Nacional de Actualización Pediátrica. Sociedad Argentina de Pediatría. Buenos Aires. 2014