La operación de amígdalas

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 DOCTOR: ¿Y SI LO OPERAMOSanginas

La amigdalectomia en los niños

Junio 2013

La “operación de nariz y garganta” como vulgarmente se conoce a la adenoamigdalectomía consiste en la extirpación de las amígdalas palatinas y la adenoides, órganos de contenido linfático como los ganglios. A modo de defensa, incrementan su tamaño en la medida que aparezcan cuadros infecciosos en las vías superiores. Este aumento de volumen acompaña a los niños en mayor o menor medida durante los primeros años de escolaridad, principalmente mientras cursan el jardín, primer y segundo grado de la primaria. A partir de allí, tanto las amígdalas como las adenoides comienzan a retardar su crecimiento, disminuyendo proporcionalmente el espacio que ocupan.

Desde luego hay niños que, en relación a la frecuencia de las infecciones respiratorias sumado a particularidades constitucionales, presentan hipertrofias adenoideas y amigdalinas más importantes. El tejido linfático, como el que poseen dichos órganos, suele “filtrar” microorganismos y secreciones que sirven para incrementar la memoria inmunológica facilitando las defensas en futuras infecciones. Muchas veces ocurre que, el crecimiento desmedido de los mismos provoca signos obstructivos pudiendo interponerse a la entrada o salida del aire. Otras veces, en el caso de la adenoides, pueden obstaculizar la ventilación del oído medio, provocando otitis en forma repetida y disminución en la audición. Hay también oportunidades en las cuales las amígdalas palatinas pueden acantonar los mismos gérmenes que “filtraron” reiniciando anginas que se irán repitiendo a lo largo del año o, incluso, provocar abscesos.

La amigdalectomía estuvo antiguamente de moda. Muchos niños fueron operados en las décadas del 50 y del 60. El motivo más frecuente por aquellos años eran las amigdalitis recurrentes . No obstante, a partir de los 70 la tendencia comenzó a revertirse, principalmente en relación a la extracción de amígdalas. La causa de la disminución hay que encontrarla en la imposibilidad de demostrar que, gracias a este método, las faringitis o anginas a repetición mejoren. Desde ya, muchos padres ante cuadros recurrentes en sus hijos, suelen sugerir al pediatra o al especialista la operación, habiendo incorporado probablemente con su propia experiencia, el beneficio de tal procedimiento.

El motivo más frecuente y justificado para la extracción de las mismas en la actualidad suele ser la “apnea obstructiva del sueño”. Esto es, la obstrucción que producen las amígdalas al pasaje del aire mientras el niño duerme, dificultando el ingreso de Oxígeno y la eliminación del dióxido de carbono. La acumulación de este último provocaría despertares frecuentes y bruscos, que interrumpirían a modo de defensa los momentos de apnea. Otras veces la apnea, (pausa en la respiración), sigue a una serie de ronquidos. Con el tiempo, si estos cuadros persisten, pueden producir hipertensión en el circuito venoso pulmonar y agrandamiento cardíaco. El estudio llamado “polisomnografía” registra, mientras el niño duerme, la frecuencia cardíaca, respiratoria, la concentración de Oxígeno en la sangre y la actividad cerebral por medio de un electroencefalograma. Por este medio se puede llegar al diagnóstico de las apneas, que, de mediar obstrucción amigdalina, justifican la indicación de extracción.

Otro motivo de operación es la presencia de absceso en las amígdalas, secundario a infección de faringe. El mismo provoca protusión de las mismas hacia la línea media pudiendo obstruir el flujo aéreo en forma brusca, constituyéndose por lo tanto en una urgencia.

En el caso de las faringitis o anginas repetidas se debería en primera instancia conocer el origen de las mismas. Si bien las que acompañan a mocos y catarro suelen ser de origen viral, es importante cultivar por hisopado las lesiones para conocer la etiología. En caso de confirmar la presencia de estreptococo beta hemolítico la infección requerirá medicación antibiótica. En las recaídas o recidivas en las que esté presente el mismo germen se deberá investigar el cumplimiento real del tratamiento, de su duración y de la existencia de portadores en el grupo familiar. Portador es aquel que teniendo el microbio en su garganta no manifiesta síntomas pero contagia. Por todo ello, está claro que sacando las amígdalas, por supuesto, no habría amigdalitis, pero no evitaríamos las faringitis o anginas producidas por los mismos microbios.

Finalmente, es de destacar que a pesar del término cotidiano de “operación de amígdalas”, la misma no deja de ser una cirugía y como tal siempre entraña riesgos.

La experiencia inmunológica del niño, en especial los que concurren a jardín maternal, hace que con o sin cirugía las anginas comiencen a disminuir en frecuencia e intensidad con el transcurso del tiempo.