Los mocos del jardín

Share on FacebookTweet about this on Twitter

mocos6LOS FRECUENTES CONTAGIOS EN LOS NIÑOS QUE CONCURREN AL JARDÍN

Junio 2013

El comienzo de las enfermedades respiratorias altas, (catarros, otitis, anginas), son las que generalmente dan la bienvenida a los niños que inician su concurrencia a guarderías o jardines. Es frecuente la consulta de madres angustiadas por los reiterados catarros, algunas veces acompañados de fiebre, que suelen prolongar la adaptación a las salitas. Sumado a ello se resiente el trabajo de los padres que deben faltar para cuidar al niño en los hogares.

Los chicos preescolares constituyen la población de mayor demanda en los consultorios de pediatría. Los mocos y la fiebre constituyen los motivos reiterados de las mismas.

La interacción prolongada de los niños en el jardín facilita el contagio de enfermedades respiratorias y diarreas. Las primeras principalmente durante la época invernal.

El bebé que concurre a guardería desde los primeros meses de vida está expuesto a la circulación viral que exista en su sala. Generalmente vírgenes de patología respiratoria, son candidatos obligados al contagio. De esta forma suelen iniciar una historia de mocos acompañados o no de fiebre de la que salen generalmente favorecidos, dado que enriquecen su memoria inmunológica. Lo claro es que, principalmente en época invernal, la fiebre y los mocos son visitantes no deseados pero frecuentes en las salas de jardín.

Todo esto hace que el ausentismo en estas salitas sea frecuente, principalmente con los primeros fríos. A partir de allí las enfermedades virales comienzan a circular de niño en niño no respetando incluso a maestras o cuidadoras. En general suele ocurrir que los primeros mocos se acompañan de fiebre. A partir de allí, en sucesivas reinfecciones el niño generalmente suele comenzar a “convivir” con sus mocos. Si bien puede haber fiebre, la misma comienza a ser menos frecuente a medida que pasan los meses, de la misma forma que los padres se acostumbran a enfrentar estos episodios. La complicación más frecuente de estos resfríos es la otitis media que se manifiesta con dolor en los oídos luego de algunos días de catarro. Los vómitos provocados por las secreciones también son frecuentes como así también las diarreas secundarias a las mismas. Muchas veces, a pesar del foco claro y la buena entrada de aire en ambos pulmones, la fiebre se prolonga y la consultas al pediatra suelen reiterarse. En algunas oportunidades, especialmente en los lactantes, la aparición de los mocos constituye el inicio de cuadros de dificultad respiratoria, especialmente la bronquiolitis. Será importante para padres y maestras tener presente signos de alarma para la consulta precoz y tratamiento oportuno.

Se deben considerar algunos aspectos que pueden evitar o disminuir el contagio de todos estos cuadros entre los niños pequeños. El principal es el lavado frecuente de manos, tanto de niños, padres y cuidadores, especialmente antes de alimentarlos o cambiarlos, antes y después de cocinar o concurrir al baño. Se deben usar pañuelos descartables, y se debe enseñar desde temprana edad la costumbre de taparse la boca y la nariz en forma adecuada cuando se estornuda o se tose. La mejor forma es hacerlo siempre utilizando el pliegue anterior de los codos, tratando de evitar para ello las manos.

Los niños con fiebre no deben concurrir al jardín o la escuela. Tampoco deberían ir si durante el día anterior la presentaron. Del mismo modo los vómitos y las diarreas contraindican la permanencia en las instituciones educativas.

Cuando un niño tuvo fiebre se deben esperar al menos 24 horas sin hipertermia para que pueda volver a la escuela. Los mocos y la tos sin fiebre no contraindican la concurrencia a la misma siempre y cuando no provoquen imposibilidad para realizar las actividades, vómitos o dificultad respiratoria.

Está comprobado que los primeros días del inicio de mocos constituyen los picos máximos en la diseminación de virus, especialmente si se acompañan de fiebre. Debido a ello es importante la colaboración de cada familia para atenuar, en la medida de lo posible, la circulación y contagio de enfermedades respiratorias altas. Hay que tener en cuenta que muchos de los niños de jardín suelen tener hermanitos recién nacidos o lactantes. Un simple catarro en un niño preescolar puede constituir una bronquiolitis en un bebé. Habrá que verificar al inicio de cada año escolar el carnet de inmunizaciones y aplicar la vacuna antigripal en aquellos que posean su indicación.