Leche de madre: leche dinámica

Share on FacebookTweet about this on Twitter


pechoinmunidad1
LOS COMPONENETES DE LA LECHE MATERNA, SUS CUALIDADES Y SUS MODIFICACIONES

Agosto 2013

La leche de madre contiene todos los elementos indispensables para el recién nacido y el lactante además de brindar protección contra las infecciones. Del mismo modo sigue siendo una fuente importante de nutrientes hasta pasado el año de vida. La composición de este fluido es dinámica, obedeciendo a mecanismos hormonales que regulan la concentración de nutrientes, células y sustancias químicas. La leche de vaca o las fórmulas producidas a partir de ella carecen en absoluto de todos los sistemas de defensa que la madre transmite a su bebé, especialmente frente a los microorganismos causantes de diarreas, tampoco modifican su composición en relación a las necesidades del niño según su crecimiento y desarrollo.

En la leche de vaca el contenido de proteínas, fósforo, cloruro, sodio y potasio es excesivo, especialmente para bebés de pocos meses de edad. Esto puede afectar en especial a los riñones dado que son sobrecargados por la concentración de estos componentes.
La leche materna posee menos hierro que la de vaca. No obstante la facilidad para aprovechar el mismo, lo que llamamos “biodisponibilidad”, es mayor y mejor en la humana. Por lo tanto, los niños que no toman pecho tienen mayor posibilidad de presentar anemia durante los primeros años de vida.
Recientes investigaciones han mostrado que la proteína de la leche de vaca, sin modificar o modificada en la fórmula, podría incrementar los riesgos de diabetes en niños susceptibles.

Estos son algunos de sus componentes principales:

pecho a demandaProteínas:
El componente proteico de la leche materna lo constituye la caseína y las proteínas del suero. Los fragmentos de caseína obtenidos luego de la digestión estimularían el sistema inmunológico del lactante. Dentro de las proteínas del suero, la denominada alfa lactoalbúmina es mayoritaria con una composición adecuada para los requerimientos del lactante. Otra proteína importante es la lactoferrina que tiene la capacidad de captar moléculas de hierro. Ya en el intestino del bebé la misma competiría con algunas bacterias por la obtención de dicho metal, privándolas del mismo y disminuyendo de ese modo el desarrollo patogénico. La lactoferrina se encuentra en cantidades muy elevadas en el calostro y aunque desciende posteriormente, su presencia se mantiene a lo largo de toda la lactancia. En la leche de vaca es diez veces inferior a la existente en la leche humana.
Las inmunoglobulinas, fracciones proteicas relacionadas con anticuerpos, están en gran concentración en la leche de madre, especialmente en el calostro. La principal es la inmunoglobulina A. Se produce en la glándula mamaria y su función es unirse a virus y bacterias impidiéndoles que penetren la pared intestinal del bebé. La importancia radica también en que los anticuerpos producidos están dirigidos contra los patógenos ambientales a los que están sometidos la mamá y su bebé. O sea, son específicos para ese bebé y en ese ambiente.
Otro grupo importante de proteínas en la leche de madre lo constituyen las enzimas. Entre ellas la lisozima de importante acción bactericida en el intestino del niño y la lipasa, responsable de la alta digestión y absorción de grasas por los bebés alimentados a pecho. Otra función importante que se le atribuye es la inactivación de la Giardia lamblia, parásito muy frecuente en poblaciones de bajos recursos.
Entre otros componentes relacionados con el nitrógeno se encuentran la taurina y los nucléotidos. La primera intervendría en la maduración de las retinas y los segundos actuarían en la modulación de las respuestas inmunitarias del nuevo ser.

el-pecho-maternoAzúcares o Carbohidratos:
La lactosa es el principal carbohidrato presente en la leche materna y se produce en la glándula mamaria a partir de la glucosa. Aporta, junto con la grasa, la energía necesaria para el normal crecimiento y desarrollo del bebé, favoreciendo la implantación de una flora bacteriana en el intestino del niño que compita contra colonias patógenas que quieran invadirla.
Existen además otros azúcares o carbohidratos que además de nutrir al niño también tendrían funciones defensivas contra distintos tipos de gérmenes. Existe gran interés en ellos dado que cumplirían una función prebiótica, promoviendo también el desarrollo de bacterias que compitan con microorganismos agresivos y patógenos.

Lípidos o grasas:
Representan una importante fuente de energía para el bebé y aportan aproximadamente el 50% de las calorías totales. Son fuente de ácidos grasos esenciales y vehículo para la absorción de ciertas vitaminas. Realizan un aporte balanceado de ácidos grasos omega 6 y omega 3. Los poliinsaturados de cadena larga, que no se encuentran en la leche de vaca, son beneficiosos en la etapa de crecimiento y maduración del sistema nervioso central del bebé.

Minerales:
La concentración de Calcio y Fósforo en la leche materna es óptima. El 99% del calcio corporal está presente en huesos y dientes en la forma de fosfato de calcio, que otorga dureza y estructura. La absorción de ambos es del 55% en la leche materna contra el 38% en la de vaca.
El Hierro es esencial para la producción de glóbulos rojos pero también en el desarrollo cognitivo. La leche materna es una fuente de hierro de alta biodisponibilidad, como explicamos anteriormente. Si bien se encuentra en concentraciones muy bajas, se absorbe más del 70% de su contenido en comparación con el 30% de la leche de vaca. Probablemente la ya mencionada lactoferrina posibilite la mejor absorción del mismo.
El Zinc y el Cobre también están involucrados en el desarrollo inmunológico del niño participando además en distintos procesos metabólicos. Ambos se encuentran en la leche de madre en proporciones diferentes a las encontradas en la leche de vaca.

pecho a demanda 4Vitaminas:
La leche de una madre bien nutrida presenta cantidades suficientes de vitaminas para el normal crecimiento del bebé con la excepción de algunas de ellas. Es el caso de la vitamina K, relacionada con el proceso de la coagulación sanguínea. Dada su escasa concentración en la leche materna se aconseja su administración en el momento del nacimiento para evitar hemorragias en las primeras horas de vida.
La vitamina D cumple una importante función en la mineralización de los huesos incrementando la absorción de Calcio y Fósforo. Cuando por razones climáticas, geográficas o culturales no se recibe la influencia de los rayos solares, se hace necesario su aporte diario durante los primeros 6 meses de vida.
La vitamina E se encuentra en mayor concentración en la leche materna que en la de vaca. Esto resulta ventajoso en función de su capacidad antioxidante.
La vitamina A interviene en el proceso de la visión y es necesaria para el crecimiento normal, la reproducción, el desarrollo fetal y la respuesta inmunológica. Su concentración en la leche humana es variable, ya que depende de la ingesta materna.
La principal acción de la vitamina C es la de agente antioxidante y en la intervención del desarrollo de los cartílagos y los huesos. Además estimula la absorción del hierro. La leche humana normalmente es rica en su concentración, siendo mayor que en la de vaca.

INFLUENCIA DE LA DIETA MATERNA EN LA COMPOSICIÓN DE LA LECHE:

Datos recientes sugieren que las similitudes entre las leches de madres que viven en diferentes regiones son más notorias que las diferencias. A pesar de ello se evidencian algunas diferencias regionales, en especial en la concentración de ciertas proteínas, minerales y vitaminas. Si bien se desconocen las causas se explicarían, en parte, por la dieta materna y el medio ambiente.
Por ejemplo, en las madres desnutridas habría una disminución en la concentración de la grasa láctea. Del mismo modo, la composición de la grasa ingerida por la madre, principalmente la acumulada durante el embarazo, serían los principales determinantes de la composición de los ácidos grasos de la leche. Una dieta materna rica en ácidos grasos poliinsaturados determinaría mayor contenido de éstos en la leche. No obstante no existen evidencias de que el colesterol y otras grasas de la leche humana puedan modificarse con la dieta materna.
La ingesta proteica materna no modifica los niveles de proteína total. Sin embargo podría provocar modificaciones entre sus distintos componentes.
La lactosa es el parámetro de mayor estabilidad ante la variación de la dieta materna, incluso ante situaciones de desnutrición o suplementación.
La dieta materna generalmente no afecta la concentración de calcio de la leche.
En relación a la vitamina A, su concentración estaría en relación directa con la alimentación y reservas de la madre, ya que la suplementación no se ve reflejada en el contenido lácteo hasta que los depósitos maternos estén cubiertos.

CAMBIOS DE COMPOSICIÓN:
La leche materna no tiene una composición estática en el tiempo. Tampoco lo tiene durante el transcurso de la mamada. Al principio, la leche es más acuosa y calma la sed del niño, siendo rica en proteínas, minerales, vitaminas y lactosa. Al finalizar es de color más blanco, con más grasa.
La lactancia materna puede dividirse en 4 fases: calostral, transicional, madura e involucional. La composición de la leche madura se modifica durante el curso de la lactancia, aunque no tan marcadamente como en las primeras semanas. Muchos nutrientes presentan un descenso gradual en su concentración de aproximadamente el 10 al 30% durante el primer año de lactancia.

pechoinmunidad4FACTORES QUE INFLUYEN EN LA CANTIDAD DE LECHE MATERNA:
Si bien la producción máxima de leche materna se alcanza generalmente entre el tercer y quinto mes de lactancia, manteniéndose constante durante los meses siguientes, la misma está influida por factores psicológicos, fisiológicos y sociológicos, los que con frecuencia se encuentran relacionados entre si. Entre los factores psicológicos es conocido que los trastornos emocionales y la ansiedad provocan alteraciones en la secreción de leche y en casos extremos pueden llegar a interrumpir la producción glandular.
No obstante la frecuencia, la duración y el vigor de la succión del lactante son los factores que más influyen en la cantidad de leche producida por la glándula mamaria, es decir, que la secreción está afectada por la demanda.
Los motivos sociales incluyen especialmente el trabajo materno y la dificultad de mantener la lactancia exclusiva. Es importante señalar que si esto ocurre entre los 3 y los 5 meses la declinación en la producción de leche es generalmente marcada mientras que si es posterior a este período podría mantenerse en una cifra mayor a 500 ml hasta después de los 18 meses.

La leche materna tiene una naturaleza dinámica ajustada a las necesidades del niño en crecimiento y no sólo aporta componentes nutritivos sino también aporta factores “bioactivos” necesarios para el desarrollo infantil. Debido a ello la lactancia materna exclusiva hasta los 6 meses reporta múltiples beneficios, tanto para el lactante como para la madre que amamanta.
Fuente: Macías S. y col. “Leche materna: composición y factores condicionantes de la lactancia. Arch.Argentinos de Pediatría. 2006