Límites

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limites3CUÁNDO Y CÓMO PONERLOS

Mayo 2007

Hablar de límites es hablar del desarrollo de la personalidad del niño. La misma se constituye  en el vínculo con sus padres, el grupo de compañeros, los maestros, el resto de la familia, etc. Muchas veces se asocia el término “límite” con autoritarismo o falta de libertad y es por ello que muchas veces los padres temen caer en actitudes autoritarias. Todo lo contrario. La puesta de límites permitirá al niño seguir disfrutando de su libertad a medida que se le vaya otorgando gradualmente. Es importante generar un sentimiento de confianza y respeto hacia las demás personas. Debemos partir de la base que un niño sintiéndose respetado aprende a respetarse a sí mismo, surgiendo desde allí el respeto hacia los demás.

Limitar significa ordenar, marcar espacios y tiempos, diferenciar el mundo infantil y el adulto. Esta actividad permitirá al niño alcanzar su ubicación como persona dentro del mundo familiar y del extrafamiliar, adecuando su conducta. La falta de límites genera desorden, caos a nivel mental y desorganización.

Los límites protegen y socializan al niño.

Los límites en el primer año:

Entre los 6 y los 12 meses el niño comienza a separarse de su madre, volviendo a ella para lograr reabastecerse de su presencia. Por lo tanto aparecen nuevas capacidades: comienza a distinguir nuevas personas, el niño comienza a entender las prohibiciones empieza a captar el espacio que circunda su cuna. Investiga fuera de los barrotes. Comienza a tener preferencias, eligiendo el juguete que más le gusta y no el que tiene más cerca.

A nivel afectivo comienzan a demostrar enojo, rabia, celos, alegría, placer, afecto. Es importante que los padres puedan aceptar la expresión de esas emociones tanto sean positivas o negativas. Una de las principales adquisiciones de este período es la comprensión progresiva de las prohibiciones, estimulando de esta forma el camino a la autonomía. La crianza en esta etapa se centraliza en el cuidado corporal y el sostén afectivo del bebé. Es importante que los padres mantengan una rutina ordenada, que el niño tenga su espacio. El clima emocional sereno y distendido de los padres ayuda a que el bebé se acomode paulatinamente a las rutinas de la casa.

Cuando aprende a caminar solo, el niño se esfuerza por alcanzar la autonomía, logrando salir por primera vez del alcance materno. Trata de satisfacer su curiosidad, su necesidad de actividad. La intervención de los padres entonces se hace muy necesaria. La palabra más usada por la madre es el NO, con el movimiento de la cabeza que generalmente el mismo chico imita. El dominio del NO es un hecho de consecuencias trascendentales para el desarrollo mental y emocional del niño. Le posibilita la capacidad para el juicio y la negación en sus años futuros. Por otra parte, los padres con sus actitudes ya están mostrando sus normas. El niño prueba y desafía las prohibiciones. Los padres por medio de los juegos y de la imaginación deben canalizar las conductas desafiantes. Se lo debe habituar a la disciplina social sin coartarlo en sus iniciativas creativas. A pesar de todo, aún no es capaz de respetar las prohibiciones. Ante el NO, primero responderá, pero luego sentirá la urgencia de la exploración y el descubrimiento.

 2 y 3 años

El niño ya es capaz de asumir las prohibiciones y empieza a darse cuenta de lo que puede y no puede hacer. No obstante en esta etapa, cuanto más enojado un padre, más desafiante y rebelde se vuelve el chico. La tarea no es sencilla y se debe buscar el equilibrio con mucha comprensión y paciencia. Por una parte, estimular la autonomía no significa permitirle hacer todo lo que quiera. Por el otro lado, si los límites son rígidos se coartará el desarrollo de la autonomía futura.