Colecho

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colecho¿Y SI DORMIMOS JUNTOS?

Ventajas y desventajas del colecho

Abril 2012

¿Los bebés deben dormir con los padres en la misma cama? ¿Hasta cuándo en la misma habitación?

Los padres frecuentemente formulan estas preguntas buscando una respuesta que contemple las ganas de tener al niño cerca para cuidarlo y el deseo de retomar la intimidad y el confort en el dormitorio de los adultos. El problema es siempre más importante frente al primer bebé, cuando los departamentos poseen pocos ambientes o también inclusive en los que, a la inversa, tienen viviendas amplias donde la posibilidad de instalar al bebé en otra sala es sencilla.

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El niño duerme en colecho cuando lo hace en la misma cama con alguno o ambos padres. En realidad, la palabra significa compartir el lecho con alguien. En el caso del bebé generalmente lo hace junto a la madre. La costumbre del colecho es tan antigua como la humanidad. Culturas milenarias han llevado hasta nuestros días su práctica en forma natural. En la actualidad países desarrollados de Oriente acostumbran a que los niños duerman en la misma cama de sus padres durante determinados meses o incluso años. Razones culturales, climáticas, religiosas o geográficas han llevado a muchos pueblos a criar a sus niños practicando el colecho a la hora de dormir.


colecho10Es en Occidente y, probablemente a partir de sociedades económicamente desarrolladas, donde, la idea de sacar al niño de la cama y luego de la habitación de los padres, fue ganando adeptos. Seguramente las casas más amplias, más confortables y con más ambientes favorecieron dicha postura. Lo importante y lo tranquilizador es que no se encontraron diferencias significativas en los resultados de ambas crianzas.

Lo positivo del colecho es que favorece la alimentación al pecho a demanda, transmite seguridad al niño, impide que el niño se enfríe, (en lugares con bajas temperaturas) y facilita la alarma de la madre cuando el niño presenta algún problema mientras duerme. Es importante destacar que Japón, donde el colecho es costumbre, es el país con menor incidencia de la llamada “muerte súbita del lactante”, que aparece imprevistamente cuando un niño previamente sano y sin enfermedad aparece muerto cuando se lo intenta despertar.

El problema del colecho es la posibilidad de aplastar o asfixiar accidentalmente al bebé durante el sueño. Debido a ello no se aconseja a madres que reciben medicación ansiolítica, que llegan muy cansadas a la noche y cuando es de suponer que no se despertarán fácilmente si el niño es aprisionado. Del mismo modo las camas poco amplias, donde incluso la pareja o la madre duerme incómoda, hacen que el colecho resulte dificultoso y más aún peligroso. Un capítulo aparte merece la pérdida de la intimidad de la pareja, sumando un factor que puede desequilibrar la relación entre ambos.

El bebé puede compartir la habitación sin necesidad de realizar colecho con los padres. Un moisés primero o una cuna más adelante posibilitan generalmente la cohabitación, o sea, se comparte el dormitorio. En estas condiciones el niño se encuentra cerca de su madre, facilitando el control visual y auditivo de los movimientos y necesidades del bebé. Se promueve su futura independencia ya que conocerá su propio entorno si se despierta, sin requerir en forma inmediata el consuelo de su madre. Dar el pecho a demanda puede ser mas dificultoso las primeras noches y algunas veces motivará el traslado del niño a la cama. Por otra parte será importante en la conciliación del sueño del bebé cómo acostarlo en la cuna. Se deberá recordar que debe apoyarse sobre superficies firmes, que los piecitos toquen el fondo de la cuna, impidiendo que se deslice hacia abajo para que no quede tapado por los cobertores. Del mismo modo se deberá asegurar que duerma boca arriba o de costado, nunca boca abajo, salvo indicación médica que indique lo contrario. El abrigo será el adecuado en relación a la temperatura del ambiente.

Generalmente practicar el colecho con un bebé requiere pautas culturales que se transmiten de forma generacional. Habitualmente son madres que han visto criar a sus hermanos de esa forma o incluso han dormido junto a ellos cuando eran niños. Otras veces esa práctica es una necesidad, dada la imposibilidad de contar con comodidades o lugar suficiente. Sea como fuere, el colecho generalmente dificulta la salida del niño de la cama de los padres, cuando ellos lo consideren necesario, más aún si se agrega al grupo familiar un nuevo bebé. Es por ello que, de practicarlo, se lo aconseja durante los primeros 6 meses y no más allá del año, salvo condiciones especiales del ambiente o de la vivienda.

                                               

N0026761 A family sleeping in bed together

Otra circunstancia es el colecho ocasional, mucho más frecuente en nuestra sociedad. Es fácil y habitual llevar a un bebé a la cama, generalmente mientras comienza a conciliar el sueño o tomando el pecho antes de llevarlo a la cuna o para apaciguar el llanto en el medio de la noche. También durante las mañanas, cuando la mamá pudo descansar o luego de la última mamada. Los mimos, las caricias, los masajes son acciones gratificantes para ambos. Otras veces será la enfermedad la que facilite la llegada del niño a la cama de sus padres. La seguridad y el placer al estar junto a ellos motivan muchas veces la mejoría rápida de patologías frecuentes de la infancia.

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Lo que se aconseja generalmente en el consultorio es que el bebé comparta el dormitorio con sus padres, utilizando una cuna o camita adaptada a tal función, con las características ya descriptas, que se encuentre al lado de la cama de los padres, de preferencia lo más cercana posible a su madre. Tal situación se mantiene hasta que el niño comience a prolongar el sueño nocturno, sus despertares no sean tan frecuentes y la relación o conocimiento con su madre se encuentre afianzada. También influirá la relación de la pareja, la cooperación del padre en el cuidado del bebé y las experiencias personales y familiares al respecto. Estas condiciones generalmente se dan a más tardar al inicio del tercer mes de vida. A partir de allí el bebé puede pasar a otro ambiente. De no existir la posibilidad física de poseer otra habitación se aconseja separarlo por medio de un biombo o divisor de ambientes similar. No obstante ello, el niño debe estar siempre cercano a la habitación de sus padres para posibilitar escucharlo con facilidad. Existen en la actualidad aparatos de bajo costo que permiten monitorizar los sonidos y/o movimientos producidos por el bebé.

Dormir con el niño implica, por supuesto, que tanto el ambiente como el resto de la casa se encuentren libre de humo. Hay evidencias que la “muerte en cuna” es más frecuente en hogares donde se fuma.

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Tanto el colecho como la cohabitación son prácticas de crianza profundamente arraigadas en las distintas culturas, que siempre se deben considerar antes de promover o contraindicarlas. Será importante la experiencia personal de los padres, la situación de la pareja y el asesoramiento profesional para aclarar cualquier clase de dudas que el tema motive.

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