La adaptación de los chicos al jardín

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adaptacion10¿QUIÉN DIJO QUE ES FÁCIL?

Tiempo al tiempo

por la Lic. Lorena Ruda*

Mayo 2012
Empezó el jardín! Para muchos, un día más. Para otros el primer día en su haber, . ¡Parecía que faltaba tanto…! .pero, aquí estamos, “adaptándonos”. La nueva etapa implica un cambio para todos. Nos enternecíamos imaginando a nuestro hijo/a entre los compañeritos, jugando con otros nenes, hablándole a la maestra. Nos intrigábamos cómo serían esos días, qué haría sin nosotros!
Creíamos conocer a nuestro hijo pero de pronto nos puede sorprender. Aquel que en casa no para de hablar en el jardín se enmudece…y ahí la madre, acompañándolo en la adaptación tratando de estimularlo: – “dale Pepito, contale al amigo, charlale a la maestra, si vos sabes…”. Nuestras presiones, nuestros deseos, nuestras ganas están enfocadas a que el nene nos demuestre que va a estar contento y feliz de quedarse en el jardín. Nuestra ansiedad se pone en juego en este período, rogando que el tiempo de la adaptación sea el esperable o “normal” y que coincida con el que nosotras pretendamos. Se ponen en juego distintas clases de sentimientos en esta etapa tanto en las mamás como en los chicos.
Los niños son rutinarios. Probablemente, hasta este momento, sus vidas estaban medianamente organizadas, con una rutina establecida tanto de horarios como de lugares y personas que cuidaban de ellos. Quizás muchos de ellos tenían como conocidos para quedarse a los abuelos o algún otro familiar mientras los padres trabajaban o estudiaban. Pero el inicio del jardín cambia todo. Nada será comparable con la separación que ocurre cuando un niño ingresa a una salita. Un mundo nuevo comienza y no sólo para él.
Caras nuevas, niños por todos lados, maestras, auxiliares, directoras, maestra de esto de aquello, de sala de 1, de 4… Nenes llorando, otros riendo, otros gritando y otros ya peleando por algún juguete. En ese contexto pretendemos que nuestro hijo entre a la sala, hable con la maestra, demuestre sus monerías, que de entrada le resulte el mejor plan estar ahí, junto a un montón de gente que nunca vio, y no extrañe su casa, su mamá o su papá o su abuela o niñera. .
¿Cuánto tarda un adulto en sentirse cómodo en un trabajo nuevo, con compañeros nuevos, jefe nuevo, lugar nuevo, baño nuevo?. El niño sale de su tranquilizadora rutina para comenzar una nueva vida, donde, además, tiene que aprender a sociabilizarse, a compartir (sobre todo a la maestra), a esperar, a sentarse para merendar, a ser uno más y no “el nene más lindo de todos
La adaptación no es sólo “adaptarse” a la situación nueva sino que, simultáneamente el niño transita un proceso de separación de su mamá, proceso no demasiado fácil. Ya para los dos años empieza a consolidarse lo que llamamos el “yo”, un ser independiente, diferenciado no sólo de la mamá sino también de los pares. El jardín pone de manifiesto que la díada mamá-bebé comienza a separarse, evidencia ante el niño que la mamá tiene deseos de “otra cosa”, y eso es vivido con angustia ya que hasta ahora esa madre estaba colmada por ese niño. Por supuesto ya han habido pequeñas separaciones previas: el destete, el cambio de cuarto, dejarlo en la casa de alguien, etc, Pero el jardín es otra etapa. Constituye una efectiva separación. Naturalmente se vive como un duelo de a dos . Lo que hay que conseguir es superarlo pero sin evitar o esconder el llanto que amerita dicha situación Luego llegará el tiempo de poder disfrutar de las actividades que cada uno, por su lado, realizará estando solo. Lograr que el niño pueda relajarse en ese lugar y jugar sin estar “esperando que vuelva mamá”, sin sentir “me abandona”. Tiene que poder confirmar que mamá se va pero vuelve, y para esto es necesario el período de adaptación. Lo ideal sería que llegue el día en el que el chico diga “chau mamá” y feliz de la vida entre a la salita a jugar. Ese momento siempre llegará, pero no todos tendrán el mismo tiempo.
Si en los primeros intentos de separación el niño es conciente de lo cambios que le esperan, seguramente se angustiará y más se aferrará a su madre, incluso podrá enfermarse: fiebres, catarros, espasmos, etc.. Esto no siempre indica enfermedad sino una reacción del organismo a la nueva etapa
Hay casos en que los niños no registran este proceso y no patalean, ni gritan, ni lloran ni se enferman. No obstante ello, no quiere decir que haya habido una verdadera adaptación. En algún momento se darán cuenta y el llanto aparecerá. O quizá lleguen a la casa y estén enojados, peguen o muerdan. En ambassituaciones cuando puedan estar solos en el jardín, cuando sepan qué actividades tienen cada día, cuando logren anticipar “ahora viene la merienda”, cuando internalicen a sus compañeros y a la maestra, podrán también disfrutar de estar ahí, en ese lugar que elegimos para que ellos, además de entretenerse, se vayan construyendo como seres, aprendan y formen su propia identidad.

Es un momento muy importante para ellos, y por más que supongamos “todos se adaptan”, debemos respetar sus tiempos, tratar de no presionar, de no volcar nuestras necesidades y expectativas en ellos. Observemos qué sucede y de esa forma la adaptación será mucho más eficaz.

*Lic. Lorena Ruda Psicóloga U.B.A. M.N. 44247
Emilio Ravignani 1744 Ciudad de Buenos Aires T.E.: 15-3-696-1806