Dar pecho aporta defensas

Share on FacebookTweet about this on Twitter

pechoinmunidad5EL PECHO Y EL SISTEMA INMUNE

Agosto 2012

La leche de madre es reconocida como el alimento ideal para el recién nacido por sus propiedades nutritivas. También es conocido el beneficio emocional que significa dar y recibir pecho.

En esta oportunidad nos referiremos a los beneficios inmunológicos de la lactancia materna. O sea, las defensas que provee frente a ciertas enfermedades disminuyendo su frecuencia o gravedad.

Hay distintas categorías a considerar cuando se habla de lactancia materna y del mismo modo distintos tiempos de duración de la misma. Los beneficios serán mayores cuanto más exclusiva sea la teta especialmente durante los 6 primeros meses.

Categorías de lactancia materna:

Lactancia materna exclusiva El niño es alimentado sólo con leche materna. Puede recibir vitaminas, minerales, medicación y sales de rehidratación oral.
Lactancia materna predominante El niño es alimentado con leche materna. Puede recibir aguas, tes o jugos, (líquidos no nutritivos), además de vitaminas, minerales, medicación, etc.
Lactancia materna completa Se trata de la suma de las dos categorías anteriores.
Lactancia materna parcial El niño recibe leche materna y otras leches u otros alimentos.

Las conclusiones arribadas en estudios recientes confirman que dar pecho aleja en los bebés el riesgo de contraer diarreas severas. Del mismo modo reduce la frecuencia de otitis y de hospitalización frente a infecciones respiratorias bajas, esto último relacionado probablemente por la menor gravedad de las mismas. Los efectos protectores se identifican mejor aún cuando se estudian comunidades con pobre saneamiento ambiental, fuentes de agua poco seguras, dificultad en la conservación adecuada de alimentos y otras variables que pueden contribuir al riesgo de infección.

Los beneficios de lactancia materna no sólo alcanzan al bebé. Los últimos estudios refieren una reducción del cáncer de mama en mujeres que dieron pecho por más de 12 meses. Los mismos resultados se obtuvieron con la frecuencia del cáncer de ovario.

La leche humana, entre otros factores, suple las defensas aún inmaduras del recién nacido y el lactante, ofreciendo numerosos anticuerpos que actúan en forma directa sobre el intestino, siendo el calostro donde se concentra la mayor cantidad de ellos. De allí el motivo importante para dar pecho en forma precoz. La inmunidad conferida por este medio brinda defensas contra una gran cantidad de agentes patógenos, frecuentes en las diarreas como la escherichia coli, la shigella, la salmonella y virus entre los que se encuentran el de la polio y el sincicial respiratorio responsable de la bronquiolitis.

En la leche materna también hay sustancias que por su naturaleza limitan el crecimiento bacteriano, evitan la adhesión de las bacterias a las paredes del intestino y reparan las células dañadas para que la recuperación ante infecciones sea más rápida. Otras tienen efectos antinflamatorios, habiéndose demostrado también la presencia de hormonas y factores de crecimiento.

La leche humana también aporta bacterias, denominadas probióticas, (lactobacilos, bifidobacterias) que conforman la flora intestinal “normal” del bebé. Estos gérmenes ocupan receptores en las células intestinales compitiendo con los microorganismos que producen enfermedad. Del mismo modo interactúan con los glóbulos blancos, (linfocitos), programando las futuras respuestas del sistema inmune frente a los agentes infecciosos.

Los prebióticos también se encuentran en la leche de madre. Son sustancias que aumentan el crecimiento de las bacterias probióticas. Generalmente son azúcares no digeribles que fermentando en el intestino generan una mayor acidez del medio evitando la invasión de microorganismos patógenos.

En síntesis, lo que compone el efecto inmunológico protector de la leche humana en el niño en desarrollo es la suma de las acciones individuales de muchos factores y la compleja interacción entre ellos.