Detección de trastornos en el desarrollo

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Frente al inicio del jardín o del primer grado

tgd1APARICIÓN DE TRASTORNOS EN EL DESARROLLO DE LOS NIÑOS

Marzo 2017

Comienzan las clases y muchas familias enfrentan un desafío. ¿El desarrollo de sus hijos podrá dar respuesta a los requerimientos que la actividad escolar exige?

El desarrollo al que nos estamos refiriendo es el del cerebro, y específicamente a la replicación de las neuronas y a la formación de centros y  redes para una más rápida y eficaz transmisión de los pensamientos y movimientos.

Uno de los objetivos de los controles médicos es comprobar un crecimiento y desarrollo acordes con la edad expresadas por la adquisición de habilidades. Cuanto más temprano se detecten problemas más posibilidades habrá de encontrar las causas de los mismos y hallar el tratamiento más efectivo.

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Los trastornos del desarrollo son muchos y variados. Algunos son tan importantes y comprometen tanto el desenvolvimiento del niño que es fácil para todos darse cuenta de la alteración. Otros en cambio son sutiles y pueden no ser percibidos, por lo menos en sus inicios, por sus familiares e incluso por los controles médicos. Los primeros suelen tener comprometidas distintas áreas como son la motricidad, el lenguaje, el intelecto, etc. Estos casos generalmente corresponden a enfermedades contraídas por la madre durante el embarazo, alteraciones genéticas o patologías severas durante los primeros años de vida. Dichos niños usualmente poseen diagnósticos más precisos e inician en la medida de sus posibilidades tratamientos de estimulación y rehabilitación en forma precoz.

Distintos son los casos de niños con trastornos más sutiles. Los padres pueden llegar al médico con ese motivo de consulta. La comparación del desenvolvimiento del niño con otros de su misma edad suele ser habitualmente referida. Muchas veces es la maestra la que alerta a los padres por trastornos en la conducta o en el aprendizaje.

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Hay trastornos que sólo involucran algunas áreas como pueden ser la motricidad fina, el lenguaje, la comunicación con las personas, etc. Otras veces se trata de niños que poseen un retraso en la adquisición de habilidades logrando finalmente desarrollarlas luego de un período más prolongado.

Hay factores de riesgo para presentar este tipo de trastornos. Los biológicos incluyen los antecedentes del parto, el muy bajo peso al nacimiento, internaciones prolongadas en terapia neonatal, infecciones graves, especialmente las que comprometen al sistema nervioso, intoxicaciones, etc. Los socio ambientales incluyen a la pobreza, el bajo nivel de educación materna, ambas relacionadas generalmente con la escasez o ausencia de estimulación del niño.

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También se encuentran factores protectores para no desarrollar este tipo de trastornos: entre ellos se destacan la lactancia materna y el “apego” o sea el establecimiento del vínculo entre la madre y su hijo.

Lo cierto es que muchas familias pueden notar desde pequeños algunos trastornos en el desarrollo de sus hijos. Otras en cambio toman conocimiento durante los primeros meses de la escolaridad. En estos casos es la maestra del jardín o del primer grado quien informa que el niño no se comunica, no juega, no habla o habla poco o no realiza las actividades que debería desarrollar para la edad, superando la etapa normal de adaptación de otros niños. Otras veces el padre o la madre coinciden en que su hijo se comporta en la casa de la forma que relatan en el jardín habiéndole restado importancia. Algunas veces, estos informes provocan cambios de jardín o escuelas en forma innecesaria, perjudicando aún más el desenvolvimiento del niño.tgd5

El jardín o la escuela no debe ser el lugar donde por vez primera se detecte un trastorno en el desarrollo del niño. Algunas veces suele haber en la historia del mismo retardo en la adquisición de habilidades que pudieron pasar desapercibidos tanto por los padres como por los profesionales durante los controles de salud. La edad del niño cuando comenzó a sentarse, cuando inició la marcha, cuando empezó a hablar, son datos siempre relevantes.

Por el contrario, en otras oportunidades son los padres los que alertan al médico en relación a la conducta del niño. Generalmente no se equivocan.

El pediatra durante el control de salud puede descubrir signos físicos que suelen ser sutiles para los padres como alteraciones en la motricidad fina o gruesa, en la audición, en la adquisición de habilidades, en la comunicación, etc.

Para confirmar esos hallazgos el médico cuenta con tests que  evalúan el desarrollo del niño. Los mismos constan de objetos sencillos que, generalmente por medio del juego, comprueban el cumplimiento de  pautas madurativas correspondientes a la edad, explorando  distintas áreas. De esta forma se puede llegar a una fundamentada sospecha  de algún trastorno o retardo en el desarrollo del niño que posibilite posteriormente tratamientos o rehabilitaciones adecuadas.

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El jardín o la escuela no deberían ser los primeros en descubrir y comunicar trastornos en el desarrollo de los hijos. Indudablemente se evitarían frustraciones innecesarias de niños, padres y educadores. Por el contrario el jardín y la escuela, previamente informados, deben estar preparados para recibir a estos alumnos, proporcionando la estimulación y promoviendo la socialización con los medios más adecuados.

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