Invierno, tos y mocos

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EL INVIERNO Y LAS ENFERMEDADES Bronquitis2RESPIRATORIAS

Los mocos no se curan con antibióticos

Julio 2017

La fiebre, los mocos y la tos invaden las salas de espera de guardias. Comenzó el invierno y con él las enfermedades respiratorias acechan, atacando especialmente a los niños más pequeños.

Se suele dividir a estas patologías en altas o bajas. Las primeras son las que comprometen a la nariz y la faringe, produciendo los resfríos y las faringitis en forma respectiva. Las bajas en cambio afectan a la tráquea y los bronquios provocando traqueítis, bronquitis y bronquiolitis. Todas tienen en común su origen generalmente viral y su principal incidencia durante los meses de invierno.

Hay muchos virus que provocan estas enfermedades: el sincicial respiratorio, responsable de la mayoría de las bronquiolitis en los bebés, el virus de la influenza con sus distintos grupos, el adenovirus, el para influenza, etc. Todos al ingresar al organismo provocan inflamación de las mucosas que lleva primero a la congestión y luego a la hiperproducción de moco por las células que normalmente cumplen esa función.

La congestión y la producción de moco son los responsables de la mayoría de los síntomas de estas enfermedades. El compromiso más serio se localiza en las vías respiratorias de menor calibre, como son los bronquiolos, obstruyendo el paso del aire hacia los alvéolos pulmonares con las consecuencias ya comentadas en artículos anteriores

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Como en toda infección, la aparición de la enfermedad, el curso de la misma y su duración dependen del tipo de virus, de la cantidad ingresada, de la edad del niño y del estado previo a contraer la enfermedad, en especial en lo que respecta a su nutrición y a sus defensas.

Todos estos virus poseen muchos subgrupos y suelen cambiar sus características año tras año dificultando la elaboración de vacunas efectivas contra ellos. La vacuna antigripal, por ejemplo, ha cambiado muchas veces su composición en virtud de las epidemias durante las distintas épocas y regiones. El ingreso de estos virus al organismo habitualmente produce síntomas generales. Son comunes el decaimiento general y la fiebre que en algunas oportunidades es alta y prolongada. Los vómitos, también frecuentes, suelen originarse por el moco que el niño traga, acumulándose en el estómago. El niño no expectora, vomita, más aún si el acceso de tos sucede luego de haber comido.

Las características de las deposiciones también se modifican. Las secreciones no vomitadas llegan al último tramo del aparato digestivo cambiando el color y la consistencia de la materia fecal.

La tos comienza siendo seca para luego convertirse en catarral, movilizando mocos, ayudando generalmente a desobstruir las vías respiratorias.

La dificultad respiratoria es característica de las infecciones respiratorias bajas, siendo la bronquiolitis la más frecuente en los bebés. En estos casos el niño utiliza músculos respiratorios accesorios para inspirar y eliminar el aire, moviendo la panza y las costillas.

Bronquitis4Los catarros de vías aéreas superiores acompañados de fiebre, tan comunes durante estos meses responden a las características señaladas anteriormente. Comúnmente se las denomina “estados gripales” a pesar de no tratarse estrictamente de “gripe”. Son cuadros que se identifican como virales dado el estado general del niño, sus síntomas y los antecedentes de enfermedad similar en la familia o compañeros. La vacuna contra la gripe no protege contra estas infecciones.

El tratamiento de todas ellas pasa especialmente por el reposo, que generalmente debe prolongarse al menos por una semana y mediante el control de la fiebre que suele prolongarse por varios días. Esta última no siempre es perjudicial. Algunos estudios afirman que constituiría una defensa del organismo frente a estas enfermedades. Por otra parte se recuerda que las convulsiones por fiebre son raras en mayores de 2 años.

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En las enfermedades respiratorias bajas el tratamiento apunta a resolver la dificultad respiratoria. En estos casos la terapéutica se orienta a mejorar la ventilación favoreciendo la eliminación del moco y si fuera necesario el aporte de Oxígeno.

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Ninguno de los cuadros comentados requiere antibióticos dado el origen viral de todos ellos. Las complicaciones de estas enfermedades tampoco se evitan dando antibióticos. En el caso de las infecciones altas las otitis suelen constituir una de ellas. En las bajas el compromiso pulmonar confirmado por radiología suele justificar la indicación de los mismos. Tampoco se aconseja el uso de antitusivos o expectorantes salvo estricta indicación médica.

El cumplimiento del reposo por parte de los niños en edad escolar es fundamental no sólo para facilitar la evolución de la enfermedad sino también para evitar que contagie a sus compañeros.

El frecuente lavado del  manos, la protección adecuada de boca y nariz durante los accesos de tos,  la ventilación de los ambientes y el uso de pañuelos descartables, son importantes para reducir los contagios y las recaídas. En los lactantes, las defensas aportadas por el pecho materno son aliadas fundamentales en la resolución de estas enfermedades.

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