La salud auditiva

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       Discotecas, auriculares y dispositivos móviles

ruido4LOS DAÑOS CAUSADOS POR EL RUIDO

Agosto 2017

La audición depende de una serie de pasos complejos para convertir las ondas sonoras que viajan por el aire en señales eléctricas. Las mismas llegan al cerebro a través del nervio auditivo. Las ondas sonoras entran al oído externo a través de un pasaje estrecho llamado “conducto auditivo” que llega hasta el tímpano. El movimiento de las ondas sonoras que entran hace que el tímpano vibre y a la vez transmita estas vibraciones a tres huesecillos diminutos del oído medio. Estos huesecillos se llaman martillo, yunque y estribo. Los huesecillos del oído medio amplifican las vibraciones de sonido que llegan en el aire y se convierten en vibraciones líquidas dentro de la cóclea en el oído interno. La cóclea tiene forma de caracol y está llena de líquido. Tiene una membrana elástica a lo largo de su estructura conocida como “membrana basilar. Una vez que las vibraciones llegan hasta el líquido dentro de la cóclea, se forman ondas que viajan a lo largo de la membrana basilar. Las células ciliadas, que son células sensoriales sujetas a la superficie de la membrana, “bailan” con el movimiento de la ola. Al moverse las células ciliadas hacia arriba y hacia abajo permiten que ciertas sustancias químicas entren,  generando así una señal eléctrica.  El nervio auditivo, finalmente, lleva la señal eléctrica al cerebro, donde es traducida a sonidos que podemos reconocer y entender.

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Conocida desde hace mucho tiempo la pérdida de audición por ruido comenzó siendo una enfermedad relacionada con las condiciones laborales. La industrialización que aconteció desde fines del siglo diecinueve trajo aparejado el funcionamiento de máquinas y con ellas la exposición del trabajador al ruido que producían. Posteriormente el auge del  transporte automotor sumó  el ruido ambiental al problema.

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La mayoría de los casos de pérdida de audición inducida por el ruido son causados por el daño o la muerte de las células ciliadas mencionadas anteriormente. La sobre estimulación  es el factor determinante para dicha destrucción. Dado que las mismas no se reproducen, el daño es permanente.

La intensidad del sonido en estos casos supera la capacidad del oído para absorber semejante estimulación.

La pérdida de la audición inducida por ruido es un fenómeno que se incrementa año tras año según todos los estudios realizados en distintas partes del mundo. Se estima que en Estados Unidos, por ejemplo,  el 15% de la población adulta presenta una disminución en la audición de distinto grado, cuya causa seguramente proviene de la exposición al ruido. Si bien los oídos están expuestos a una variedad de sonidos desde el nacimiento, la intensidad del mismo y su duración son los que están relacionados con el daño. La disminución de la audición puede ser provocada entonces tanto por un ruido intenso como por ejemplo una explosión o por el contacto con sonidos intensos en forma diaria o permanente.

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La intensidad de los mismos se mide en decibeles, estimándose que son perjudiciales aquellos que superan los 80. Exponerse por mucho tiempo o repetidamente a sonidos de 85 decibeles o más puede causar pérdida de audición. Mientras más alto sea el ruido, más rápido se desarrolla la pérdida de la audición.

Estos son los niveles promedio de algunos sonidos comunes, medidos en decibeles:

  • Una conversación normal: 60 decibeles
  • El sonido de tráfico pesado en la ciudad: 85 decibeles
  • Las motocicletas: 95 decibeles
  • Un reproductor de música al máximo volumen: 105 decibeles
  • Las sirenas: 120 decibeles
  • Los petardos y las armas de fuego: 150 decibeles

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Durante las últimas décadas los niños y los adolescentes se han agregado a la población que sufre daño por ruido. La Organización Mundial de la Salud estima que actualmente 43 millones de jóvenes entre 12 y 35 años presentan discapacidades auditivas. Las prácticas inseguras de escucha, como el uso de dispositivos electrónicos y auriculares en forma reiterada, son unas de las principales causas. En los países de ingresos medios y altos, casi el 50 % de los jóvenes de entre 12 y 35 años escuchan sus dispositivos electrónicos (MP3, teléfonos móviles y otros) a niveles inseguros. Cerca de un 40 % de estos mismos jóvenes están expuestos potencialmente a niveles excesivos de ruido en discotecas, bares y eventos deportivos. Estar expuesto a 100 decibeles durante más de 15 minutos es considerado un nivel sonoro de riesgo. Cien decibeles es el nivel medio en una discoteca.

Todo niño o adolescente que escucha música por sus auriculares se encuentra en riesgo si el sonido puede ser percibido también en el ambiente. Esta situación es lamentablemente común sobre todo en los medios de transporte.

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La consecuencia inmediata de estas costumbres son las hipoacusias de distinto grado que ya se observan durante los controles de salud efectuados a escolares y estudiantes. De continuar dicha tendencia seguramente se incrementará en el futuro la cifra de discapacitados auditivos.

Dado que estamos frente a una hipoacusia que se puede prevenir deben fomentarse conductas que eviten el daño.  Bajar el volumen de los dispositivos (y colocarlos a un máximo de un 60 % de su capacidad); limitar el tiempo de exposición a actividades ruidosas, utilizar tapones en trabajos que entrañen riesgo. Asimismo, la agencia sanitaria de Naciones Unidas sugiere a los padres y profesores que eduquen a los jóvenes sobre los riesgos de niveles de sonido inseguro. La OMS propone a las compañías que fabrican dispositivos electrónicos que incluyan en sus diseños niveles seguros de audición y que informen de los riesgos de incumplirlos. A los centros de ocio y de deportes se les invita a reducir el volumen, ofrecer tapones a los clientes y a brindar espacios sin ruido. Finalmente, la OMS urge a los gobiernos a modificar la legislación para limitar el ruido en actividades recreativas.

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