EL SUEÑO TAMBIÉN SE PUEDE TOMAR VACACIONESEl ciclo sueño-vigilia que se repite como una constante en nuestras vidas es regido por un «reloj biológico» que nos dicta cuándo debemos dormir y cuando estar despiertos. Este ciclo constante es llamado también ritmo circadiano, (del latín circa: circular, diano: día).

El responsable de este ritmo se encuentra en el sistema nervioso central, más precisamente en la glándula hipófisis que, estimulada principalmente por la luz solar, regula la distinta secreción de hormonas durante el día y la noche. De esta forma se incrementa la circulación de melatonina para la inducción del sueño, disminuye la temperatura corporal y la tensión arterial. Los mecanismos de defensa también se reducen en relación también a la disminución de los corticoides.
Las alteraciones en este ciclo generalmente están provocadas por motivos laborales, viajes y más raramente por enfermedades neurológicas. Hay etapas en la vida durante las cuales el «reloj» puede retrasarse o adelantarse sin constituir patologías. Es el caso de la adolescencia y las personas mayores en forma respectiva. Los jóvenes suelen tener dificultades para conciliar el sueño durante las primeras horas de la noche. Luego prolongan el mismo y por lo tanto tienen dificultad para despertar temprano. La gente mayor, por el contrario, suele tener sueño ya en las últimas horas del día y por el contrario despiertan antes de los amaneceres sin poder continuar durmiendo. Estas pequeñas alteraciones serían consecuencia de modificaciones en la secreción de melatonina.
El ciclo de vigilia-sueño se va adquiriendo principalmente durante los primeros años de vida en forma progresiva. De ahí que, frente a la consulta por un niño que no duerme, se interrogue a los padres sobre sus hábitos y costumbres. Es frecuente la asociación entre hijos que suelen conciliar el sueño tarde con padres que se acuestan también tarde. De allí el consejo que desde muy pequeños, el horario del sueño nocturno sea precedido por una progresiva disminución en la luz de los ambientes, acompañada también por la eliminación de ruidos.
Los viajes generalmente alteran el ritmo circadiano, en especial los prolongados y los realizados en avión. Los niños son los menos afectados, manteniendo generalmente los ciclos si se viaja de noche y despertando durante las horas de luz. No obstante ello suelen recuperar las horas no dormidas en el viaje durante la primera noche del nuevo destino. Los adultos en cambio suelen experimentar más inconvenientes, en especial cuando se viaja en avión y en contra del reloj, o sea hacia el este, (Europa), pudiendo provocar fatiga, disminución de las facultades cognitivas durante la vigilia forzada, insomnio durante el período de descanso y sueño no reparador.

Los viajes en auto deben realizarse durante las horas diurnas. No se aconsejan los horarios nocturnos dado que se ha comprobado ampliamente la mayor frecuencia de accidentes durante las noches. En ello radica principalmente la oscuridad pero también tiene su importancia la alteración del ritmo vigilia-sueño dada la reducción de los mecanismos de alerta y defensa.