¡Mi hijo no me come nada!

Share on FacebookTweet about this on Twitter


anorexia2CAMBIO DE HÁBITOS Y COSTUMBRES PARA ALIMENTAR A NUESTROS NIÑOS

OCTUBRE 2011


La frase se repite en muchos consultas. “¡Mi hijo no me come nada!” “No tiene el menor interés por la comida”. “Si por él fuera no comería nunca”. Los padres se desesperan porque el niño que antes no tenía dificultades para comer en la mesa, ahora se distrae, juega en la mesa, mira televisión, etc. Generalmente se trata de niños sanos con crecimiento y desarrollo adecuados para la edad y en los que el pediatra muchas veces no encuentra en el examen clínico motivos para alarmarse.

Sin embargo la preocupación persiste y la pregunta que sigue, dirigida al profesional es frecuentemente: “¿No habrá que darle algo para que tenga apetito?”.

En realidad, la importancia del tema no radica en lo poco o mucho que come. Lo fundamental es conocer si el niño tiene un crecimiento y desarrollo adecuado para la edad y si se encuentra sano. En la mayoría de los casos estas condiciones se encuentran presentes y en algunas podrá haber un cierto estancamiento en el peso. La tarea del médico con la colaboración de la familia será entonces descubrir malos hábitos alimentarios, manifestados en la ingesta de comidas o bebidas de poco valor calórico que estuviesen reemplazando a las importantes. Muchas veces con la desesperación para que el niño ingiera alimentos los adultos no diferencian comidas saludables de las que pueden provocar rápidamente saciedad sin alimentar. Un niño que es traído a la consulta por estos motivos con una bolsa de papas fritas justifica que luego al llegar a la casa no quiera comer. Lo mismo ocurre con las golosinas que generalmente consumen estos niños, los yogures y los “postrecitos” vendidos como saludables.

                                     anorexia-infantil

A partir de los 2 años de edad generalmente los niños suelen “aburrirse” de las comidas. Si se siguen presentando platos con papillas mezcladas, sin modificación en los colores ni en las texturas ni en las consistencias, el acto de comer pasa a ser algo mecánico y sin placer. Al chico lo divierten más otras cosas que puede hacer ya con su cuerpo.

Entonces la comida deberá ser entretenida, sin que signifique ello entretener al niño para que coma. Los alimentos deberán ser variados en color, consistencia y sabor. El niño deberá experimentar con sus alimentos. Mirarlos, tocarlos, llevárselos a la boca con sus manos o cubiertos. Es importante la textura de los alimentos. No se recomiendan comidas demasiado “secas” que dificulten la deglución. En esos casos se deberá emulsionarlas para que las mismas sean más cremosas.


alimentandoLa presentación de nuevos alimentos requiere estrategias de presentación. Se elegirá el momento del día en el cual generalmente el niño tiene más apetito y se lo acompañará en menor cantidad de algún plato preferido.

La compañía durante las comidas son también importantes. No sólo de la persona encargada de darle de comer. Si el niño ve que los adultos comen junto a él se estimulará el hábito de sentarse a la mesa para compartir los alimentos.

El momento de comer debe desarrollarse en un ámbito tranquilo, donde no haya apuros ni para iniciar ni para finalizar el mismo.
Los líquidos en las comidas pueden convertirse en enemigos para que el chico coma. Los jugos artificiales y las bebidas gaseosas facilitan la sensación de temprana saciedad por la distensión que provocan. El gusto dulce que poseen hace atractivo el consumo de los mismos y suelen ingerirse sin límite antes, durante y después de la comida.
                                 anorexia3
Las distracciones en el momento de comer son importantes para que un niño no coma. Un televisor encendido mientras se come interferirá con la atención que se le debe prestar al alimento que se ingiere, lo mismo ocurrirá con una computadora o similar. El problema se agrava cuando el niño impone a los adultos en forma explícita o implícita que los aparatos se enciendan como condición para comer. Se constituyen así círculos viciosos que luego son muy difíciles de interrumpir.

Los alimentos deben elegirse siempre teniendo en cuenta la cantidad, la calidad y la variedad de los mismos. La cantidad estará relacionada al tamaño de las porciones y también a la calidad del alimento. Los alimentos de mayor calidad generalmente requieren de menor cantidad para nutrir en forma adecuada. La energía aportada en estos últimos es siempre mayor, acorde con el crecimiento que experimenta un niño. Los alimentos con más calidad son los que aportan proteínas, minerales y vitaminas. Por ello son generalmente los más caros. La variedad logrará que el niño coma distintos alimentos con calidades y cantidades acordes a su edad. También posibilitará que, como dijimos antes, el niño no se aburra de comer “siempre lo mismo”. Importará entonces la preparación y presentación de los platos.

                             seguridad alimentacion1

No se debe agregar sal a los alimentos. Tampoco consumir demasiada azúcar.
Un párrafo importante lo ocupa la leche. La leche de madre es fundamental y exclusivo alimento hasta los 6 meses de vida. Es aconsejable continuar con la lactancia materna y el inicio de alimentos complementarios a partir de esa edad. Se puede continuar con el pecho más allá de los 2 años, siempre y cuando a partir de esa edad no interfiera con el resto de los alimentos, más aún si la leche ingerida es la de vaca. En este caso el niño no debe reemplazar alimentos importantes por leche. Muchos padres se sienten tranquilos cuando niños mayores de 2 a 3 años consumen mucha leche. Otros en cambio insisten en que el niño la tome a toda hora o la complemente con productos lácteos como yogures o postrecitos. Lamentablemente vivimos en una cultura láctea, “la cultura del yogur” dicen otros. Desde los medios nos inculcan que sin un yogur no podríamos vivir, que hay un yogur para cada gusto o necesidad. Y a esa cultura ingresan los niños. Lo más importante en cuanto a leche está en la lactancia materna. Un niño que a partir de los 2 años toma leche de vaca no debería tomar más de 2 a 3 raciones por día, entre las cuales estarían por supuesto el desayuno y la merienda.