Nacer: el gran desafío

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nacer4LOS RIESGOS DURANTE LAS PRIMERAS HORAS DE LA VIDA

Septiembre 2016

Pocos pueden llegar a pensar que el nacimiento de un ser representa en forma paradójica el momento más peligroso para su vida. Es un lapso de tiempo crítico que suele iniciarse con el trabajo de parto y la adaptación posterior al mundo exterior.

Es un profundo y trascendental cambio que pone en juego la fortaleza del bebé para enfrentarlo. De allí también la importancia de un embarazo normal que pueda promover un crecimiento y desarrollo fetal acorde para enfrentar con éxito el stress del nacimiento.

La salida al mundo exterior implica para el bebé hacerse cargo de funciones que hasta ese momento eran responsabilidad materna. Sus pulmones necesitan expandirse para iniciar la respiración y oxigenar de esa forma sus glóbulos rojos. DE un ambiente “climatizado” como el interior del útero debe pasar a regular su temperatura. El metabolismo a cargo de la placenta es transferido a partir de esos instantes a sus propios órganos. Si bien durante la gestación se fue relacionando estrechamente con su madre, es a partir del nacimiento  cuando comienza a construir y necesitar vínculos afectivos con sus cuidadores. Comienza a definir su forma de alimentación que tendrá repercusión sobre su crecimiento y desarrollo.

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Todo esto dependerá de la normalidad de los órganos vitales y el grado de madurez del niño, de la energía almacenada por el feto, especialmente durante el tercer trimestre del embarazo, para hacer frente al gasto que significa su salida al mundo exterior. Por tal motivo los prematuros hacen frente a semejante esfuerzo sin completar en forma total sus reservas, llegando por lo tanto al momento del parto en franca desventaja.

Es por todo ello que el nacimiento de un bebé implica una serie de riesgos que, si bien en la actualidad pueden pasar desapercibidos, comprometen el inicio de la vida e incluso la calidad de la vida futura.

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El desafío frente a un nacimiento también involucra a la comunidad. En el siglo XIX por ejemplo,  el parto era un acontecimiento familiar, privado, atendido por matronas o comadronas. En tales circunstancias las madres o niños con problemas tenían pocas posibilidades de recibir cuidados de mayor complejidad. Los índices de mortalidad en esas épocas alcanzaban cifras de 80 muertes maternas cada 10.000 partos y morían 100 de cada 1000 recién nacidos. La institucionalización de los nacimientos en hospitales o sanatorios fue mejorando progresivamente esas cifras a guarismos muy pequeños. Es precisamente por esta circunstancia que en la actualidad muchas veces no nos damos cuenta del riesgo de vida que trae aparejado cualquier parto o más aún una cesárea. Si bien los protagonistas son siempre el recién nacido y su madre quienes los rodean deben estar disponibles para ayudarlos si hace falta. Esa colaboración implica, con los actuales conocimientos, reducir las causas que ponen en riesgo la vida de todo recién nacido, especialmente en su primera hora, denominadas muertes prevenibles. Esto apunta especialmente a facilitar la adaptación del niño al mundo exterior con ambientes adecuados y climatizados para su recepción, al entrenamiento de los profesionales encargados y a la rápida y eficaz disposición de alta tecnología médica si fuese necesario. En realidad la intervención profesional comienza mucho antes, durante el control del embarazo materno y de  la salud fetal. El control del embarazo permite detectar a tiempo las anomalías que permitirán elegir el centro adecuado par el nacimiento y disminuir los riesgos asociados.

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Todas estas consideraciones no deben implicar la deshumanización de la llegada al mundo de un nuevo ser. Así el contacto piel a piel con su madre en forma inmediata luego del nacimiento, la puesta al pecho y la internación conjunta siempre deben ser alentadas y promovidas. El examen físico, la antropometría, el baño, las profilaxis, la identificación obligatoria y la confección de la historia clínica deben postergarse en el recién nacido saludable para permitir ese contacto precoz. El aporte del conocimiento científico y de la capacidad tecnológica de los profesionales no puede reemplazar los aspectos afectivos, emocionales, nutricionales e inmunológicos que aporta la familia.

El parto y más aún la cesárea siguen implicando un momento de riesgo para la madre y el bebé. Si bien siempre son los únicos protagonistas de esta historia, la intervención adecuada de terceros puede significar muchas veces la diferencia entre la vida y la muerte de cualquiera de ellos.

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Fuente: Rossato N. La primera hora del recién nacido. 2016 Programa Nacional de Actualización Pediátrica. Sociedad Argentina de Pediatría.

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