Burbujas contra la pandemia

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Estrategias para asegurar la presencialidad

LA ESCUELA Y LAS BURBUJASburbuja1

Abril 2021

La pandemia desde sus inicios fue incluyendo en nuestro vocabulario palabras que, sin ser nuevas, no tenían el significado que poseen a la fecha. Así como durante el año anterior nos acostumbramos a mencionar las palabras “hisopado” o “testeo”, ahora le toca el turno a “burbuja”. Si bien todos los que poseen hijos en edad escolar saben a qué nos referimos con este término, es conveniente definirla para poder entender mejor su funcionamiento frente al peligro del Covid 19.

Una burbuja social es en principio un agrupamiento de personas, en este caso de niños y docentes que comparten un mismo ambiente, el aula, no teniendo contacto directo con otros grupos durante su estancia en el centro educativo. 

La burbuja se extiende más allá del aula, dado que a la hora del recreo o el comedor se mantienen las pautas de aislamiento, evitando el contacto con otros niños, más precisamente con otras burbujas.

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Estos grupos de convivencia están contemplados especialmente para los niños de Jardín y Primaria, con un máximo de 15 a 20 integrantes y un tutor o docente. De esta forma, partiendo del conocimiento que dentro de ella se encuentran todos sanos, el distanciamiento social entre sus integrantes puede dejar de ser estricto, facilitando las relaciones interpersonales entre sus integrantes y en general el acto educativo en sí mismo. Por otra parte, en el caso de aparecer un niño o adulto con síntomas sospechosos o enfermo se evita poner en cuarentena al resto de las clases y miembros del colegio, aislando sólo a esa “burbuja”.

Toda burbuja social, como la escolar, requiere un alto compromiso de sus integrantes, que en este caso recae en los padres y madres, dado que es fundamental que en cada casa o familia se cumplan las medidas higiénicas para evitar la enfermedad y, en el caso de suceder, exista una rápida comunicación con el resto de las familias y la escuela para “romper” en forma oportuna la burbuja, comenzando el aislamiento de todos sus integrantes. Lo ideal es que cada hogar arme su propia burbuja, evitando contactar, en la medida de lo posible, con otros grupos de personas.

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Es importante en este tramo señalar también lo que no se consideran “burbujas”, para de este modo también comprender mejor su significado. No son burbujas los grupos de amigos o amistades de los padres del niño, los integrantes de la familia que no están día a día conviviendo ni menos aún los compañeros de trabajo de los progenitores, precisamente porque cada uno de los integrantes de estos grupos interactúan a su vez con infinidad de personas posibilitando la aparición de contagios.

Unas 88 «burbujas» escolares fueron aisladas o quedaron sin actividad desde el inicio de las clases presenciales en la Ciudad de Buenos Aires desde el 17 de febrero, debido a la aparición de contactos o casos de covid, según informes del Ministerio de Educación porteño. Sin embargo, no se ha comprobado a la fecha que las escuelas durante estos meses de presencialidad hayan contribuido a un incremento en los casos de la enfermedad.

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La aparición de síntomas tan inespecíficos como tos, dolor de garganta, decaimiento y fiebre motivan a diario el aislamiento y/o hisopado del niño afectado, poniendo en jaque la continuidad de la burbuja en caso de confirmarse la infección por Covid. El mismo peligro ocurre cuando un padre, madre o familiar cercano del niño enferma por Coronavirus. Al convertirse el hijo en contacto estrecho debe evitar el ingreso a la burbuja por la posibilidad de la diseminación de la enfermedad.

Si bien todos los esfuerzos están dirigidos a detectar un contacto o incluso un contagio en forma precoz para salvar la “burbuja”, no debemos olvidar que el Covid 19 suele ser asintomático en los niños, siendo muchas veces casi imposible saber con seguridad si un niño está libre del virus. De aquí la importancia de estar atentos a cualquier síntoma por leve que sea.

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Otro punto importante a considerar en las “burbujas” son los adultos que las integran, especialmente los y las docentes. A diferencia de los niños suelen cursar la enfermedad con síntomas e incluso algunas veces con complicaciones. Poseen generalmente una actividad social más amplia que sus alumnos, por lo tanto, con mayor riesgo de contagiarse, constituyéndose muchas veces en los responsables de la ruptura de las burbujas. En estos casos, los niños se convierten en contactos estrechos de la docente, motivando el aislamiento de todo el grupo.

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La aplicación de las vacunas a este calificado personal seguramente reducirá las situaciones comentadas.

Se requiere en todo momento una coordinación efectiva entre las autoridades responsables de la educación y de la salud en cada jurisdicción. Es importante que la escuela posea directivas precisas emanadas de ambos ministerios para saber actuar frente a los distintos escenarios que se vayan presentando. De todos estos factores dependerá que la presencialidad en las aulas sea una realidad durante este 2021-

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