La escuela frente al Covid 19

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Compromiso de todos

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Marzo 2021

El retorno a clases presenciales en el contexto de la pandemia lleva a toda la comunidad a tomar precauciones a fin de evitar que las escuelas no constituyan focos de propagación del Covid 19. Más allá de los protocolos establecidos por las autoridades educativas y sanitarias, las preguntas y dudas provenientes tanto de familias como de docentes no se hacen esperar, y es lógico que así sea.

Como sabemos es poco probable que los niños cursen una presentación grave de la enfermedad, según refieren la mayoría de los trabajos científicos. Sin embargo, no queda claro si los niños pueden constituirse en fuentes importantes de contagio para otros niños y para los adultos.

La relación estrecha de los niños con sus docentes puede facilitar la cadena de contagios, donde el adulto y el niño con enfermedades crónicas pueden ser los más perjudicados.

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A pesar de los protocolos que incluyen las medidas de higiene, el distanciamiento y la constitución de “burbujas” van surgiendo preguntas tanto en las familias como en los docentes que seguramente serán formuladas a médicos y especialistas a lo largo del año.

Particularmente en lo que respecta a los niños la principal inquietud de los padres está referida a los posibles cuadros de vías aéreas superiores, anginas, diarreas acompañadas o no de fiebre que puedan constituirse en sospecha de coronavirus durante este ciclo. La preocupación se justifica dado que, en años “normales” sin pandemia, los cuadros catarrales, las diarreas y las fiebres son siempre “moneda corriente” en la consulta diaria. La aparición del Coronavirus en 2020 junto al confinamiento redujeron en forma paradojal la frecuencia de estos cuadros en los niños, fenómeno observado tanto en guardias como en consultorios. El presente año probablemente sea distinto y de presentarse estos últimos, motivarán mayor preocupación, independientemente de la evolución favorable de los síntomas.

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En realidad, la presentación de cualquiera de estos cuadros referirá, en forma o no justificada, a un probable caso de coronavirus, adquiriendo una relevancia que en otras épocas hubiera sido impensada.

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Indudablemente la sospecha de Coronavirus ante la aparición de estos signos y síntomas en niños constituye la estrategia más adecuada para preservar las “burbujas”. Las familias deberán estar preparadas para iniciar aislamientos hogareños motivados por la sospecha de enfermedad como también por el contacto estrecho con el probable infectado. La posibilidad de realizar hisopados en ambos casos podrá resolver las dudas, confirmando o no la presencia del virus.

Si bien los docentes tienen la posibilidad de realizar testeos de anticuerpos, tampoco hay seguridad que no adquieran la enfermedad durante el intervalo entre los mismos o por fuera de la comunidad educativa. La posibilidad que los niños se constituyan en contactos estrechos del docente probablemente motivará nuevos aislamientos esperando resultados y evoluciones.

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Frente a todos estos posibles inconvenientes deben prevalecer la responsabilidad de padres y madres, responsabilidad que siempre se reclama y adquiere aún mayor importancia en época de pandemia: los niños no deben asistir a clase con fiebre o con antecedentes de haberla presentado, con tos y mocos, o diarrea y vómitos. Si bien estas determinaciones puedan provocar inconvenientes en la dinámica familiar siempre será mejor esta actitud a iniciar un brote de Coronavirus en la escuela. Del mismo modo la obligación de comunicar la aparición de un caso en la familia que hubiera tenido contacto estrecho con el niño o la niña.

Si bien las escuelas cuentan con protocolos especiales que incluyen los mencionados eventos es importante reforzar y motivar actitudes en favor de la salud de niños y adultos.

Este 2021 es sin dudas un año escolar distinto, atravesado por la pandemia, requiriendo del esfuerzo de todos para mantener la presencialidad de las clases de la mejor forma posible.

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