La educación y la pandemia

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Comenzar las clases en pandemia

VOLVER A LA ESCUELAclases3

Febrero 2021

La pandemia sigue su curso y nos va enfrentando a nuevos desafíos. Comienza 2021 y más allá de la llegada inminente de las vacunas la mirada de todos está puesta en el retorno de los niños a las aulas en forma presencial.

La virtualidad permitió en 2020 que muchos niños pudieran continuar la comunicación con los docentes y sus compañeros, tratando de desarrollar lo mejor posible el año escolar.

Así, la computadora encendida se convirtió en muchos hogares en la escuela virtual, permitiendo la interacción desde niños de jardín hasta adolescentes secundarios con maestros y profesores.

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En nuestro país, como en el resto del mundo, el impacto de esta emergencia ha dejado huellas que probablemente se verán reflejadas durante los próximos años, requiriendo el trabajo coordinado de la escuela con las familias.

Se ha identificado el impacto de esta emergencia en la situación emocional de chicas y chicos, la modificación de los hábitos de sueño y alimentación en los más pequeños y la angustia en los mayores, afectando el desarrollo de las emociones y del conocimiento.

Sería injusto no reconocer la ventaja de haber podido contar con estos medios frente a esta emergencia. Sin embargo, la virtualidad trajo también consigo trastornos en el lenguaje, la socialización y la comunicación que van más allá de la ganancia o pérdida del año escolar.

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Desde ya, resulta invalorable el esfuerzo realizado durante el año pasado por toda la comunidad para garantizar la continuidad educativa a través de la comunicación remota. No obstante, ello, la situación relevada en nuestro país indica que menos de la mitad de los hogares contó el año pasado con acceso fijo a Internet de buena calidad y 1 de cada 2 tampoco con una computadora disponible para usos educativos. Del mismo modo, muchos niños se convirtieron en víctimas de la violencia familiar, en relación al mayor tiempo transcurrido en los hogares.

Durante los primeros meses de la pandemia y probablemente frente al desconocimiento de la misma, la mayoría de los estudios científicos creyeron ver a los niños como un reservorio de la enfermedad, dado que, si bien no desarrollaban la misma o lo hacían en forma leve, podían transmitir fácilmente el virus a la familia y especialmente a los convivientes mayores. Esto determinó que el confinamiento mundial incluyera el cierre de escuelas para disminuir la propagación de la pandemia. Actualmente y con un mejor conocimiento de la enfermedad se sabe que los niños en edad escolar no constituirían una fuente importante de contagio. La educación presencial no parecería ser el principal promotor de los incrementos de la infección, del mismo modo que los estudiantes no parecerían estar expuestos a mayores riesgos de infección en comparación con el hecho de no asistir a la escuela, siempre y cuando se apliquen medidas de prevención. El personal escolar tampoco parecería estar expuesto a mayores riesgos.

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En virtud de esta información y con protocolos de seguridad acordes se puede afirmar que las escuelas no constituirían un factor principal de transmisión del virus en la comunidad, por lo que sería prioritario iniciar la actividad presencial durante este año probablemente de forma progresiva. Todo ello teniendo en cuenta, además, la realidad local en el desarrollo de la pandemia. Allí donde existan altos valores de transmisión comunitaria y sobrecarga de los servicios de salud deberán ponerse en la balanza los beneficios y los riesgos de la concurrencia a las escuelas.

A partir de protocolos establecidos, con el consenso de los distintos sectores involucrados, es posible el retorno a la presencialidad. Para ello se requiere planificar los cuidados, garantizar una movilidad segura a las escuelas y sostener servicios básicos de protección. El personal docente y no docente debe también comprometerse a continuar la prevención también fuera de la escuela. El estado deberá garantizar también el normal funcionamiento de los servicios sanitarios y el correcto mantenimiento de las aulas.

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El derecho a la educación de los chicos y chicas argentinas debe trascender las diferencias políticas y unificar a una sociedad golpeada por la pandemia.

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Fuente: “Posición frente al regreso de las clases presenciales”. UNICEF ARGENTINA 2021.

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