La escuela y el coronavirus

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Conviviendo con el Covid 19

LA PANDEMIA, EL BARBIJO Y LA ESCUELAbarbijo1bis

OCTUBRE 2020

La pandemia por coronavirus modificó y continúa modificando la vida de grandes  y chicos. El aislamiento en sus distintas fases, obligó a adoptar costumbres y reconsiderar determinadas creencias que muchos suponían resueltas.

El principal ejemplo a citar es el  uso de las mascarillas o tapabocas. Es interesante recordar aquí que estos protectores comenzaron a usarse en nuestro país luego del arribo de la pandemia, en base a recomendaciones que probaban su eficacia en la prevención de los contagios. Como en la mayoría del mundo más adelante se convirtieron en obligatorios y finalmente indispensables para poder salir del hogar, siendo a la fecha  parte de la vestimenta de cualquier persona.

Una vez iniciado el uso del barbijo, miles de personas en todo el mundo emprendieron la confección de máscaras caseras de distintos colores y tamaños.

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Desde un comienzo se supo la poca afectación de los niños por la enfermedad pero también que podían ser el vehículo para contagiar a los adultos, en especial a los abuelos, por lo que el uso del barbijo se trasladó rápidamente también hacia los más pequeños.

No fue infrecuente comenzar a ver niños muy pequeños con barbijos, no obstante las recomendaciones para evitar su uso en los mismos, especialmente en menores de dos años. Es sabido y aceptado que la utilización de tapa bocas en esta franja etaria puede resultar hasta mortal ya que dificultan la respiración, disminuyendo el Oxígeno e incrementando el Dióxido de Carbono, llevando de esta forma a la asfixia.

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Así como el resto de la población, el niño en edad escolar pudo adaptarse en forma mayoritaria al uso del barbijo, especialmente durante los inicios de la cuarentena, en los cortos períodos permitidos para el paseo en compañía de sus padres. Más adelante, la apertura de parques y lugares públicos abiertos posibilitó que muchos chicos volvieran a verse las caras.

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 Frente al probable inicio de clases con algunos grupos de niños en ambientes abiertos, las autoridades han elaborado protocolos  en los que el barbijo, a partir de los 6 años de edad, sumado  al distanciamiento preventivo, sigue siendo un  aliado importante para evitar  contagios. Al igual que los padres, los docentes deberán tener en claro su correcto uso, sus beneficios y peligros.

Se deberá insistir en el correcto lavado de manos, siendo fundamental  antes y después de sacarse el tapabocas. Los barbijos no se deberán prestar ni dejar  depositados en cualquier lugar. Tampoco deberán ser motivo para llevarse las manos a la cara en forma frecuente. No se deberán mojar y tendrán que reemplazarse e higienizarse en forma correcta. Desde ya el ritmo y la necesidad de su uso estarán relacionados con el ambiente, la actividad y el distanciamiento que pueda haber entre los alumnos. No será necesaria su utilización, por ejemplo, durante los recreos y no se debería usar durante competencias deportivas

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La conducta y el comportamiento de los chicos podrán verse también alterados.

No será infrecuente encontrar niños  que tengan miedo o rechacen las máscaras. No sólo a usarlas sino también en verlas en los rostros de compañeros y maestras. Los niños más pequeños poseen normalmente una capacidad disminuida para el reconocimiento de los rostros, habilidad que se alcanza aproximadamente a partir de los 14 años. Por lo tanto,  el uso del tapabocas en el adulto y especialmente en el docente,  eliminará en el niño parte de la información de la identidad, edad y emoción de la persona. Los niños con trastornos del aspecto autista,  con déficit de atención o hiperactividad y ansiedad social podrán  ser particularmente vulnerables a estos fenómenos durante la jornada escolar.

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Si bien la vuelta a clases con estas condiciones aún se sigue discutiendo es importante prever el desarrollo de la actividad durante el próximo año. La convivencia con el virus a esta altura parece inevitable dado que la vacuna probablemente recién pueda comenzar a aplicarse durante el primer trimestre.

Sin embargo la experiencia que se está acumulando en el hemisferio Norte con la vuelta a clases, al tiempo de la aparición de rebrotes, servirá indudablemente de gran utilidad para ser aplicada en estas latitudes.

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