El intestino y sus secretos

By | 27 septiembre, 2020
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El fenómeno de la flora intestinal

PROBIÓTICOS, PREBIÓTICOS Y SIMBIÓTICOSprobio1

OCTUBRE 2020

El intestino humano contiene millones de bacterias, hongos, virus y levaduras que conviven en equilibrio  y mantienen una relación armónica con el mismo.  Ese universo de microorganismos constituye la  denominada microbiota sobre la cual existe evidencia clara de su intervención en el desarrollo y la regulación del sistema inmunitario.

También llamada “microflora”, la misma es un conjunto de microscópicos seres vivos que conviven con el ser humano, actuando en forma sinérgica con éste, constituyendo un ecosistema y adquiriendo la categoría de órgano.

Desde el nacimiento se establece la población microbiana en el intestino que además colonizará la piel, el sistema genitourinario y el árbol respiratorio, siendo este proceso fundamental en las futuras defensas y respuestas inflamatorias del organismo.

Al nacer, el intestino del bebé se halla libre de gérmenes, ocurriendo durante el parto la primera colonización seguida posteriormente por los gérmenes aportados mediante la alimentación. De aquí se desprende uno de los beneficios de la leche materna, responsable del aporte de bacilos y gérmenes específicos para comenzar a poblar el tubo digestivo. A lo largo del primer año, la flora intestinal se va modificando paulatinamente por influencia de factores ambientales, edad, sexo, alimentación, volviéndose más estable tras el segundo año de vida.

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Para tener una dimensión del tamaño de la denominada “microbiota” basta decir que la población microbiana en el intestino del ser humano incluye unos 100 billones de bacterias pertenecientes a  500 a 1000 especies distintas.

La relación del ser humano con esta flora es la de una simbiosis, es decir una relación de mutuo beneficio. Mientras se le brinda un hábitat y nutrición, este universo de microorganismos contribuye en forma significativa para el normal funcionamiento de nuestro cuerpo. Dado que posee funciones metabólicas, provee energía a partir de los nutrientes que le llegan, produciendo por ejemplo ácidos grasos de cadena corta, algunas vitaminas y efectos favorables sobre la absorción de hierro y calcio. Por otra parte posee funciones de protección dado que evita la invasión por agentes infecciosos, interviniendo además en la proliferación de la pared intestinal sumado al desarrollo y modulación del sistema de defensas.

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Se descubrió recientemente que la flora estaría capacitada para reconocer los elementos extraños al organismo que ingresen, desarrollando  sistemas de prevención y rechazo de posibles agresiones que lleguen desde el mundo exterior. El intestino es por lo tanto el hábitat natural de una población muy numerosa de microorganismos, principalmente bacterias que se han adaptado a vivir en la luz del tubo digestivo. Este verdadero ecosistema está constituido por especies nativas que se adquieren al nacer y durante el primer año de vida y especies que transitan temporalmente por el intestino, aportados por alimentos, bebidas, etc. que enriquecen aún más el sistema.

Cuando existe una agresión a esta flora, por causas externas  como ciertos tipos de alimentos y drogas o internas como las denominadas enfermedades autoinmunes, se produce una alteración en el equilibrio del ecosistema, desencadenándose probablemente alguna enfermedad cuya manifestación más importante suele ser el dolor abdominal y la diarrea.

Para evitar el mencionado desenlace o para recuperar el equilibrio perdido han cobrado importancia los denominados alimentos funcionales que añaden un efecto beneficioso sobre la salud a la función nutritiva. Entre sus constituyentes algunos de estos alimentos poseen:

  • Probióticos: microorganismos vivos que administrados en cantidades adecuadasprobio3 producen un efecto beneficioso para la salud. Se suman a la flora intestinal y la enriquecen.
  • Prebióticos: son sustancias que nutren a grupos seleccionados de microorganismos que habitan el intestino, favoreciendo el crecimiento de bacterias beneficiosas sobre las dañinas.
  • Simbióticos: Así se denominan a los alimentos que asocian a los dos anteriores.

Los probióticos pueden ser útiles en un gran número de patologías pediátricas, especialmente en las diarreas y paradójicamente  en la constipación crónica. También pueden ser utilizados para las alergias en piel y las provocadas por los alimentos, dado que la flora intestinal se comporta como una barrera inmunológica Sin bien los resultados en su utilización no son completamente concluyentes, estas sustancias serían especialmente útiles para acortar la evolución de las diarreas prolongadas. Los probióticos aportarían los microorganismos que se hubieren perdido en estos cuadros.

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Los prebióticos, como se dijo anteriormente son ingredientes que, al ingerirlos y llegar al intestino, dan lugar a cambios específicos en la composición y/o actividad de la flora, confiriendo de esta manera beneficios en la salud de la persona que los incorpora.

La leche materna constituye una fuente incomparable de probióticos  dada la cantidad de microorganismos beneficiosos que contiene.  Además posee gran variedad de sustancias prebióticas dirigidas a nutrir y cuidar a los gérmenes aportados.

Un bebé alimentado a pecho exclusivo posee defensas frente a distintos tipos de infecciones, especialmente las diarreas durante el primer año de vida, dada la protección brindada por la flora bacteriana enriquecida y estimulada por la leche de madre.

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Existen otros alimentos que proveen sustancias probióticas pudiendo ser útiles durante la infancia y también en el resto de la vida. Muchos de ellos tan comunes como el yogur, el queso, las aceitunas y el chucrut. Del mismo modo, la industria farmacéutica ha desarrollado medicamentos que aportan los microorganismos beneficiosos por medio de gotas o cápsulas. La indicación de estos últimos generalmente está dirigida a combatir diarreas prolongadas  o para prevenir la agresión a la flora intestinal por parte de drogas, especialmente durante el tratamiento con antibióticos. Requieren siempre el criterio médico para su indicación.

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El intestino humano es una de las partes del cuerpo que más sorpresas está deparando a los investigadores, funcionando como un ente dinámico donde conviven millones de “microhabitantes”. De su equilibrio dependerá en gran parte la evolución y el pronóstico de muchas enfermedades, tan frecuentes como las diarreas  y los cólicos, tan graves como la fibrosis quística y tan recurrentes como las alergias y el colon irritable de los adultos.

Fuente: Panisello J. “Probióticos y prebióticos en edad pediátrica”. Form Act Pediátricas en Atención Primaria. Barcelona. 2014

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