Reflujo gastroesofágico

By | 28 agosto, 2020
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ENFERMEDAD POR REFLUJO GASTROESOFÁGICO

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Septiembre 2020

Los alimentos deglutidos llegan normalmente hacia el estómago por medio del esófago, un órgano cilíndrico encargado de transportarlos por medio de ondas peristálticas hacia el estómago.

El reflujo gastro-esofágico se define como el pasaje del contenido que se encuentra  en el estómago hacia el esófago. Este fenómeno suele ser un proceso normal en muchos lactantes, manifestado habitualmente por regurgitaciones o vómitos luego de la leche. Sin embargo, cuando este mecanismo es capaz de producir una lesión en alguno de los órganos involucrados o un deterioro en el crecimiento del niño se habla de Enfermedad por reflujo gastroesofágico.

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Normalmente existe una válvula (esfínter) responsable que el alimento llegado al estómago no pueda retornar al esófago. No obstante ello, muchas veces la permanencia del lactante en posición acostada, la cortedad de su esófago y la inmadurez del esfínter hacen que parte de lo contenido en el estómago llegue nuevamente al conducto esofágico. La lentitud en la digestión y el aumento de la presión en el abdomen, como por ejemplo durante el llanto, facilitan también la producción del fenómeno.

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Como se dijo anteriormente, la gran mayoría de los episodios ocurren en los lactantes normales sin producir consecuencias en ninguno de los órganos involucrados sin desencadenar patología.

La enfermedad por reflujo gastro-esofágico se produciría por el mismo mecanismo pero, a diferencia de lo anterior, provocando síntomas y/o lesiones en alguno de los órganos involucrados.

De esta forma, debido al volumen, su contenido o  una predisposición anatómica, el reflujo lesiona la mucosa del esófago, no preparada para recibir material generalmente ácido proveniente del estómago.

Estudios estadísticos han determinado que el reflujo en lactantes y niños ocurre en un 8% y de ellos sólo el 0,1 al 0,3% manifiestan algún síntoma. Dentro de estos últimos el 60% estará libre de síntomas entre los 18 y 24 meses de edad, el 30% continuará con ellos hasta los 4 años y en ausencia de tratamiento el 10% podría tener complicaciones en la evolución.

rge6Los síntomas del reflujo suelen ser variables según la edad del niño. Ya se comentó que en los lactantes las regurgitaciones o vómitos suelen aparecer en los primeros meses de vida y habitualmente se prolongan hasta los 8 a 10 meses. Probablemente con el espesamiento de las comidas el fenómeno va desapareciendo o al menos deja de provocar síntomas. Afortunadamente sólo unos pocos lactantes sufrirán la enfermedad secundaria a dicho fenómeno, manifestando, además de los vómitos, retardo del crecimiento, irritabilidad, dificultad o dolor al tragar y algunas veces arqueamientos de la espalda durante la alimentación. Se han descripto también neumonías por episodios reiterados de aspiración y espasmos bronquiales.

rge7Los preescolares pueden presentar vómitos intermitentes, rechazo del alimento y complicaciones respiratorias similares a las descriptas en los lactantes. Los niños mayores manifiestan la enfermedad como lo hacen  los adultos: acidez, regurgitaciones frecuentes, dificultad o dolor al terminar de tragar el alimento. En casos severos, la lesión producida en el esófago suele causar pequeñas hemorragias que pueden llevar a anemias crónicas.

Algunas veces es difícil  establecer un diagnóstico dado que lo comentado obedece a una desviación de un fenómeno normal,  especialmente en los lactantes. Por lo tanto, en ellos será de suma importancia valorar, además de los síntomas ya descriptos, repercusiones del estado general como un deficiente incremento en el peso, irritabilidad manifiesta o patologías respiratorias reiteradas. En los niños más grandes y adolescentes las manifestaciones de dolor o acidez son más claras y motivan generalmente la consulta.

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Cuando los signos o síntomas no alcanzan para definir la enfermedad se cuenta con un conjunto de estudios que suelen facilitar el diagnóstico.

La radiografía con contraste, la denominada “seriada esófagogastroduodenal” suele ser la prueba inicial que generalmente no permite por si sola arribar al diagnóstico. Otros recursos, solicitados por el especialista corresponden a la medición del ácido que llega al esófago y la endoscopía con el fin de evaluar la presencia de lesiones en la zona afectada.

El tratamiento dependerá de la edad y la gravedad del cuadro. En los lactantes generalmente con alimentación complementaria basta con espesar la leche o las comidas hasta que la maduración haga lo propio y el reflujo desaparezca. En otras ocasiones se puede sugerir cambios en la posición del niño luego de la alimentación o incluso durante el sueño.

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Hay medicamentos que pueden mejorar el cuadro, especialmente para los niños más grandes y adolescentes. Algunos actúan reduciendo el ácido (antiácidos) y otros están destinados a aumentar la eficiencia del esfínter gastroesofágico y acelerar el vaciado del estómago.

Tanto los estudios diagnósticos como los tratamientos generalmente corresponden al pediatra gastroenerólogo.

Las complicaciones a largo plazo pueden ser variadas e inespecíficas. Ronquera, laringitis, erosiones dentales, otitis recurrentes, bronquitis y neumonías frecuentes. Las lesiones en el esófago pueden llevar con el tiempo a hemorragias y  obstrucciones secundarias a la cicatrización de las mismas.

Fuente: Fierro M. “Reflujo gastroesofágico”. Noticias Metropolitanas. Sociedad Argentina de Pediatría. 2018

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