¿Qué es la invaginación intestinal?

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INVAGINACIÓN INTESTINAL

Lo que hay que saberinva2

Marzo 2021

La denominada invaginación intestinal del lactante consiste en la introducción de una porción distal del intestino delgado en otra próxima, (a modo de telescopio), constituyendo de esa forma una obstrucción de la luz del mismo y en la circulación sanguínea que nutre sus paredes. Es la primera causa de oclusión intestinal en los lactantes y niños pequeños con un pico de incidencia entre los 5 y los 9 meses, más frecuente en varones. El fenómeno ocurre generalmente entre las últimas porciones del intestino delgado y el inicio del intestino grueso, (localización íleo-cólica).

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En el 90 % de los casos no se descubre una enfermedad o condición predisponente. Lo que si queda más o menos claro que en su origen interviene una “cabeza” de invaginación que opera como punta para que esa porción se introduzca en la proximal. Se cree que muchos cuadros que producen inflamación de la mucosa intestinal podrían generarlo. Por ejemplo, la hipertrofia de muchos ganglios secundarios a gastroenteritis o cuadros respiratorios virales o la presencia de pólipos intestinales. En los pocos casos en los que se encuentra la causa, el llamado divertículo de Meckel parece ser el motivo más frecuente. El mencionado divertículo es un es una de las anormalidades congénitas más comunes. Ocurre cuando la unión entre el intestino y el cordón umbilical no se cierra completamente durante la evolución fetal. Esto conduce a la formación de una pequeña bolsa en el intestino delgado, que, cursando muchas veces sin síntomas previos, puede constituirse en la cabeza de la invaginación e iniciar el fenómeno descripto. Es importante citar también aquí la presentación que puede ocurrir acompañando al síndrome urémico hemolítico. En estos casos la invaginación estaría producida por la inflamación de los vasos que nutren a las paredes del intestino.

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Como se dijo anteriormente la consecuencia inmediata de la invaginación o inturcepción es la obstrucción intestinal y con ella la aparición de los principales síntomas y signos en el bebé: el llanto y los vómitos. El niño en las presentaciones características se encuentra inicialmente con buen estado general, pero con episodios de llanto intenso provocados por el dolor, que pueden estar intercalados con breves momentos de tranquilidad. Sin embargo, estos últimos con el correr de las horas se van haciendo más breves pasando a un llanto continuo y permanente.

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Generalmente el cuadro se acompaña de vómitos inicialmente alimentarios y con el correr del tiempo biliosos dada la obstrucción de la vía digestiva. Son frecuentes también las cacas o deposiciones teñidas con sangre roja acompañada de moco, denominadas frecuentemente “en jarabe de grosellas”. No suelen aparecer en forma precoz dado que la obstrucción no se encuentra muy próxima a las últimas porciones del intestino grueso y del ano. La sangre obedece a la obstrucción del flujo sanguíneo provocada por la invaginación. Los vasos nutrientes de la pared intestinal quedan así estrangulados impidiéndose la circulación, volcando sangre en la luz del tubo digestivo. La consecuencia de dicho fenómeno, en caso de no tener resolución, es el infarto y la muerte o necrosis de las porciones del intestino afectado con posibilidad de shock y compromiso futuro en la absorción de alimentos.

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La aparición simultánea de todos estos signos y síntomas suele ser infrecuente pero la fuerte sospecha de un cuadro grave en padres o cuidadores hace generalmente que la consulta no se haga esperar.

Los estudios radiográficos y ecográficos suelen confirmar el diagnóstico de la afección y muchas veces identificar la ubicación y la cabeza de la invaginación.

La resolución en los cuadros no complicados suele realizarse mediante la reducción neumática o hidráulica de la porción invaginada utilizándose una enema especial, guiando el avance del aire o el bario mediante la radioscopia simultánea.

 El tratamiento quirúrgico queda reservado para aquellos niños en los que existen contraindicaciones para la reducción no quirúrgica debido a complicaciones, (perforación intestinal, shock) y cuando fracasa la reducción no quirúrgica.

El pronóstico es excelente en los niños en los cuales la resolución por medio de la enema o la cirugía es realizada en tiempos de evolución adecuados.

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