Clases presenciales

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Un desafío frente a la pandemia

EL RETORNO ESPERADOvuelta6

Marzo 2021

Finalmente, las clases presenciales comienzan a ser una realidad en nuestro país. Si bien en forma progresiva en algunos niveles o regiones, la luz verde está encendida para que tanto alumnos como docentes vuelvan a las aulas.

Muchas opiniones se han vertido al respecto tanto a favor como en contra y resulta muchas veces difícil para los padres conocer a ciencia cierta los beneficios y perjuicios que tal determinación puede provocar.

En principio es importante conocer la situación epidemiológica durante la pandemia. Hasta el momento, los datos apuntan a que los niños menores de 18 años de edad representan cerca del 8,5% de los casos notificados y registran un número relativamente bajo de muertes en comparación con otros grupos de edad, presentando frecuentemente una enfermedad leve. Esta cifra quizás sea menor dado que está demostrado que muchos niños cursan la infección en forma asintomática. Sin embargo, no están exceptuados de presentar cuadros graves de la enfermedad, más aún si alguno posee alguna patología preexistente que pudiera agravar el pronóstico y la evolución de la misma. El período de incubación es similar al de los adultos, entre 1 y 14 días, habitualmente entre 5 y 6 días.

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Teniendo en cuenta que la pandemia recién está cumpliendo un año, aún no se conoce a ciencia cierta el papel de los niños en la transmisión del virus y de la propagación del mismo en la comunidad. Dado que muchos países apenas acaban de empezar a levantar las restricciones que limitaban las actividades, todavía están por verse los efectos a largo plazo de la apertura de las escuelas en la transmisión comunitaria. Los estudios provenientes especialmente del hemisferio norte indican que el efecto de la reapertura de las escuelas sobre la transmisión en el resto de la comunidad podría ser pequeño, pero faltan evidencias científicas independientes para confirmar dichas conclusiones. Por otra parte, las características socioeconómicas y edilicias suelen ser bastantes dispares en distintos puntos del planeta. En realidad, las consecuencias a considerar deben abarcar a toda la comunidad educativa que incluye no solo a niños y niñas sino también al personal docente, no docente y a sus familias.

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Queda claro que la escuela es fundamental para el desarrollo y el bienestar de los niños, niñas y adolescentes, no sólo para la adquisición de conocimientos sino también para el fortalecimiento de aspectos emocionales y sociales, el cuidado de la nutrición, de la salud y la realización de la actividad física. La escuela al mismo tiempo constituye un lugar seguro, permitiendo a padres y madres trabajar, contribuyendo a la actividad económica de la sociedad.

El cierre de las escuelas en el contexto de la pandemia marcó aún más las diferencias económicas y sociales, siendo más perjudicial el aislamiento en aquellos niños vulnerables con distinto tipo de carencias.

Será importante entonces considerar y saber de antemano que, la concurrencia de niños y niñas a la escuela durante el transcurso de una pandemia aún vigente, posee beneficios, pero también peligros que no sólo se circunscriben a ellos sino también a toda la sociedad. Por lo tanto, es fundamental saber que la apertura de las escuelas requiere de un compromiso del Estado en reunir las condiciones necesarias para que la actividad presencial pueda llevarse a cabo, pero también de la responsabilidad de las familias en cuanto al cuidado y prevención de la enfermedad. Debemos considerar a la comunidad educativa como una gran “burbuja”. En ella están incluidos los niños/as, el personal de la escuela, las familias y en algunos ámbitos el transporte. Cualquier integrante de la misma afectado puede perjudicar al resto, aunque no sea partícipe necesario del hecho educativo.

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Independientemente de las medidas que se implementen en cada institución y de la responsabilidad del Estado en garantizar el cumplimiento de las mismas, está el compromiso de las familias en no romper la mencionada “burbuja”. Será fundamental continuar en los hogares con las medidas conocidas para prevenir al Covid 19 y la comunicación oportuna a la escuela de cualquier caso sospechoso o confirmado de la enfermedad. En contrapartida, las iniciativas comunitarias destinadas a corregir los falsos rumores también pueden contribuir de forma fundamental a reducir el riesgo de infección.

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En conclusión, el inicio de la escolaridad presencial es bienvenida y la seguirá siendo mientras todos los actores en esta situación cumplan con los protocolos de prevención establecidas. Al mismo tiempo los datos epidemiológicos que a partir de ahora se reciban confirmarán si se va en la dirección correcta y los ajustes que se deban realizar. Mientras tanto el avance de la vacunación en la población hará lo suyo brindando la seguridad que todos necesitamos.

Fuentes:

  • Documento conjunto de posicionamiento para la vuelta a las escuelas. Sociedad Argentina de Pediatría. 2021
  • Preguntas y respuestas sobre las escuelas y la COVID-19” . Organización Mundial de la Salud. 2020

 

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