Fotoprotección

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La protección del verano

FILTROS Y PANTALLAS SOLARESfotoproteccion4

Enero 2019

El 5% de la energía radiante que llega a nuestro planeta corresponde a radiación ultravioleta. Proveniente del sol. La cantidad que se reciba está determinada por una serie de factores entre los que se incluye el  ángulo con que incidan los rayos, (hora del día, latitud y estación del año), la  composición de la atmósfera y presencia de superficies que reflejen e incrementen al intensidad  de la misma como la nieve, la arena o los espejos de agua.

El índice UV es un número que indica en forma simple la cantidad de radiación ultravioleta al que está expuesta una persona en la superficie terrestre.  El mismo puede variar entre 8 en los países más cercanos a los polos y 20 en las proximidades del ecuador. Se utiliza para valorar la radiación solar en diferentes regiones y climas y en función de ello adoptar las medidas de fotoprotección más adecuadas.

Se denomina fotoprotección a la sumatoria de mecanismos naturales  de cada organismo más los externos (por fuera de él) para prevenir los efectos nocivos de la radiación solar.

Está claramente demostrado que la luz solar, la radiación ultravioleta A, B y C, y las lámparas y camas solares son agentes  que provocan cáncer en los humanos.

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Dentro de la fotoprotección nos detendremos en esta oportunidad para hablar sobre los filtros o protectores solares para la piel, instrumento claramente externo, de uso frecuente a fin de detener los efectos nocivos del sol frente a su exposición.

El índice que mide la  protección solar de un filtro frente a la radiación ultravioleta se denomina factor de protección solar (FPS).  Mide la capacidad de un filtro para retrasar la aparición del eritema solar (piel roja al tomar sol). En la práctica, por ejemplo, FPS 20 significa que la piel de una persona con dicha protección necesitará 20 veces más de radiación para ponerse roja o colorada que sin la misma.

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Los distintos métodos para medir el factor de protección solar dependen de  tests biológicos empleados y pueden variar ligeramente sus resultados. No obstante todos ellos se expresan con un sistema de numeración. La relación numérica no se debe interpretar como lineal. O sea, los factores bajos de protección poseen un incremento notable de acción. En valores altos  los aumentos numéricos representan incrementos mínimos de protección. Otro factor importante a tener en cuenta es la capacidad del fotoprotector para distribuirse uniformemente por la superficie expuesta, pudiendo modificar de esta manera el efecto deseado.

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Se debe recordar que los fotoprotectores sólo constituyen una parte de las medidas a tener en cuenta cuando se habla de fotoprotección. Es, como se dijo, un método externo creado por el hombre que se agrega a las barreras naturales que todos poseemos y a las conductas de prevención que incluyen la vestimenta, los horarios no aconsejados para la exposición y la exclusión de niños menores de 6 meses de todo contacto directo con el sol.

Entre las barreras naturales comentadas anteriormente se destacan la sudoración  y el bronceado. Este último es producto de la producción y distribución de melanina con el fin de reducir la agresión solar. Sin embargo su presencia indica que el organismo ya fue agredido por el sol y debido a ello puso en marcha sus defensas.

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Los fotoprotectores que se colocan sobre la piel pueden actuar utilizando dos mecanismos diferentes. Algunos funcionan a modo de escudo, evitando que los rayos tengan contacto con la piel, generalmente son compuestos inorgánicos. Entre ellos se destaca el Óxido de zinc, componente frecuente de los protectores labiales. Otros actúan absorbiendo y rechazando la radiación solar por medio de sustancias específicas, suelen ser compuestos orgánicos, los más expendidos y utilizados en la actualidad. Estos últimos no deben ser utilizados en niños menores de 6 meses por la posibilidad de absorción o reacciones alérgicas importantes. Para estas edades, como se dijo, la prohibición del contacto directo con el sol es absoluta.

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La utilización de productos fotoprotectores junto con repelentes nunca es aconsejable dada la posibilidad de la reducción del factor de protección o el incremento de la absorción del producto utilizado como repelente.

El fotoprotector de elección es el que protege tanto de las radiaciones A y B, (UVA, UVB), y posea un factor de protección 15 o superior, colocándose aproximadamente media hora antes de la exposición solar y renovándolo cada 2 hs. o luego del baño o transpiración excesiva. En niños con piel muy clara o con pecas u ojos claros el fotoprotector debe ser superior a 30.

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Como conclusión, queda clara la utilidad de los fotoprotectores, siempre y cuando se tengan en cuenta las demás medidas preventivas para evitar el envejecimiento prematuro y los cánceres de piel. Debemos hablar entonces y promover la fotoeducación que incluya pautas claras a la población en general y desde temprana edad en particular.

Fuente: Comité de Dermatología. Sociedad Argentina de Pediatría.

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