La sordera en los bebés

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LA SORDERA INFANTIL

Febrero 2018

Uno de los atributos más importantes del ser humano es el lenguaje. Para su desarrollo es imprescindible poder oír desde los primeros días de vida. Sin una buena percepción auditiva el niño no será capaz de relacionarse con sus semejantes y exponer sus deseos y necesidades de forma más precisa.

Según la OMS 5 de cada 1000 niños nacen con una pérdida de audición que los discapacita o la sufren durante la primera infancia.

Las hipoacusias o sorderas poseen distinto tipo de gravedad, no sólo por el grado de disminución en la audición, sino también por el momento en el que aparecen. Como es fácil de comprender serán más graves las que se iniciaron en forma precoz antes de que el niño comience a hablar, ya que impedirán el desarrollo normal del lenguaje. De allí que su detección precoz  sea fundamental para poder llegar a un diagnóstico e iniciar un tratamiento y estimulación precoz.

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 La hipoacusia debe detectarse antes de los 3 meses y comenzar el tratamiento antes de los 6 meses de edad para prevenir las secuelas en el lenguaje y la comunicación. Sin embargo las sorderas tienen un período en el que pueden pasar desapercibidas, dado que justamente previo al inicio del lenguaje ningún bebé habla. No obstante ello hay muchas veces en las que los padres aportan datos significativos dirigiendo la atención del profesional a la audición del bebé. Por ejemplo la referencia que el bebé nunca se asusta frente a ruidos bruscos e intensos ni reacciona o gira su rostro cuando la madre le habla o le canta. Otras veces un chico que no habla o no tiene un desarrollo de su lenguaje acorde a su edad pone de manifiesto que no oye correctamente.

¿Por qué un niño puede nacer sordo?

Uno a tres de cada mil bebés  nacen con hipoacusia severa. Las más frecuentes son  originadas por  trastornos en la transmisión del impulso nervioso que llega al cerebro. Dicha afección es secundaria en mayor medida a trastornos genéticos y en menor porcentaje a infecciones adquiridas durante el embarazo o parto (toxoplasmosis, rubeola, etc.), a tóxicos y a trastornos obstétricos como asfixia durante el parto, prematuridad extrema y bajo peso al nacer. Dentro de los trastornos genéticos hay síndromes que asocian la sordera con otras malformaciones en distintas partes del cuerpo. Por último hay un 10% de sorderas de origen desconocido, sin antecedentes que puedan orientar en el tipo de afección.

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La audición normal requiere de un adecuado funcionamiento sensorial que es nada menos que la llegada de la señal, originada en los oídos, a la corteza cerebral. El arribo permanente de esta información motiva el desarrollo y maduración de esa zona del cerebro y su asociación con otras áreas, entre ellas la del lenguaje.

La audición pues necesita como todos los sentidos del estímulo para su correcto desarrollo. Dicha maduración es un proceso constante y dinámico. Es importante comprobar que un recién nacido oye, pero también es fundamental comprobar que ese niño sigue oyendo durante los primeros años de vida.

Para la detección temprana de los trastornos de la audición contamos con dos estudios: las otoemisiones acústicas (OEA) y los potenciales evocados auditivos del tronco cerebral (PEATC).

Las OEA son obligatorias por ley y solicitadas a todo recién nacido, generalmente antes de su alta sanatorial. Es un estudio que en forma rápida determina si ante un estímulo auditivo las células nerviosas de cada oído interno son capaces de recibirlo. En realidad investiga la normalidad en la conducción del sonido desde el oído externo hasta  el oído interno. Cuando la prueba es normal se informa que “pasa” ese estímulo para cada oído. Cuando no se obtiene la respuesta requerida se informa que “no pasa” y obliga a repetir la prueba en días posteriores dado que pueden existir falsos positivos motivados por obstrucciones pasajeras del conducto auditivo que impiden la llegada del sonido sin tener una real afección auditiva.

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Los PEACT en cambio estudian el impulso nervioso que llega al cerebro luego del estímulo auditivo. Es como obtener un electroencefalograma del nervio auditivo y de la vía auditiva en el tronco cerebral. Es el complemento perfecto de las OEA.

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Con estas pruebas de ejecución relativamente sencilla y rápida se logra obtener un diagnóstico precoz de hipoacusia que permite muchas veces lograr un diagnóstico de la afección e iniciar el tratamiento y la rehabilitación correspondientes.

Aunque los estudios en el recién nacido hayan resultado normales los padres siempre deberán estar atentos a las respuestas auditivas de sus niños. Hay patologías que comienzan a manifestarse luego del nacimiento y evolucionan a hipoacusias severas. Por lo tanto es fundamental consultar si hay dudas en la calidad de la audición de un niño.

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Existen tablas que permiten según la edad evaluar el desarrollo auditivo en relación a reacciones o respuestas obtenidas luego de un estímulo o solicitud.

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