Rubeola

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¿NO SERÁ RUBEOLA?

La  importancia de su diagnóstico y  prevenciónrubeola2

Julio 2019

 La rubeola es una enfermedad viral muy contagiosa que se transmite a partir de gotitas respiratorias entre contactos cercanos o en forma esporádica,  pudiendo afectar a niños y adultos. Conocida  por ser la causante de abortos y mal formaciones fetales cuando se contrae durante el embarazo, es una patología que puede ser prevenida en forma eficaz con la vacuna. Gracias a la misma los casos registrados siguen en franca disminución junto con los cuadros en embarazadas y recién nacidos.

No obstante ello, en forma periódica nos enteramos de “probables” casos de rubeola que obligan al cuerpo médico a descartar o confirmar la enfermedad para evitar que la misma pueda propagarse, especialmente a mujeres que se encuentren gestando.

La rubeola posee una incubación habitual de aproximadamente entre 14 y 21 días luego de lo cual aparece un cuadro similar a un catarro o estado gripal que puede incluir conjuntivitis, malestar general, dolor de garganta, fiebre e hinchazón de algunos ganglios, (adenopatías), que pueden localizarse generalmente por detrás de las orejas, el cuello y la nuca; estos últimos muy característicos. Los niños no siempre pueden presentar los mencionados signos y síntomas, pasando rápidamente a la segunda etapa de la enfermedad.

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En ella aparece un brote que se inicia sobre el rostro y cuello diseminándose rápidamente al tronco y extremidades superiores.  Se manifiesta como pequeñas manchitas rosadas que empalidecen fácilmente si se comprimen. No pican y al segundo o tercer  día toman características más puntiformes. Mientras todo esto ocurre sobre la piel, en el paladar suelen aparecer algunos puntitos rojos correspondientes a petequias que terminan confluyendo en una gran mácula rojiza.

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El brote dura entre 3 a 5 días retrocediendo el resto de los signos y síntomas en forma progresiva.  Luego del quinto día de la aparición de las manchas en piel la enfermedad deja de ser contagiosa.

La evolución generalmente es favorable reportándose en forma  inusual infecciones sobre el sistema nervioso, provocando encefalitis.

No todas las personas afectadas poseen síntomas floridos de la enfermedad. En especial los niños pueden llegar a  la consulta con el brote, sin fiebre y con mocos o dolor de garganta.

Dado lo inespecífico del cuadro, la primera sospecha de la enfermedad aparece cuando no hay antecedentes de vacuna, especialmente en los adultos o cuando no hay esquema completo de la inmunización en los niños. Estos son los casos en los que se deben solicitar estudios de laboratorio para corroborar si los anticuerpos que se elevan en sangre corresponden a la rubeola.

rubeola6Del mismo modo, cualquier persona que posea signos y síntomas tan inespecíficos puede estar contagiando sin saberlo a una embarazada. Es el caso de los contagios intrafamiliares, donde el padre o uno de los hijos no vacunados o parcialmente vacunados transmiten la enfermedad a la madre embarazada.

La solución a todos estos problemas lo constituye la correcta inmunización contra la enfermedad. En nuestro país la misma se administra junto con la antisarampionosa y la antiparotídea, constituyendo la llamada Triple Viral. En el calendario de vacunaciones debe aplicarse al año y a los cinco años de edad, previo al ingreso de la escuela primaria.

La inmunidad completa contra la enfermedad se obtiene a partir de estas dos dosis, del mismo modo que contra el sarampión.

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La embarazada que adquiere rubeola puede presentar los mismos síntomas inespecíficos comentados anteriormente. Los tres primeros meses de la gestación constituyen los de mayor riesgo dado que con mayor frecuencia la enfermedad se transmite al feto produciéndose lo que se denomina rubeola congénita. La misma es provocada por el virus contraído por la madre que pasa a través de la sangre a su bebé. El mismo puede presentar diferentes anomalías algunas de las cuales pueden provocar la muerte fetal.

Los niños que nacen con rubeola congénita suelen contagiar el virus por varios meses. Las principales anomalías que suelen presentarse son: escaso crecimiento dentro del útero, microcefalia (cabeza pequeña a expensas del cerebro), meningoencefalitis por el virus de la rubeola, cataratas, alteraciones en la retina, hipoacusia o sordera, malformaciones cardíacas, patologías en hígado, bazo y huesos.

Dada la gravedad de este cuadro es habitual incluir el dosaje de anticuerpos contra la rubeola en mujeres en forma previa al embarazo y aplicar la vacuna en aquellas con serología negativa una vez que el mismo finalice.

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La inmunización no debe ser indicada durante el embarazo dado que la misma posee virus atenuados de la enfermedad. Del mismo modo las mujeres vacunadas deben evitar la concepción al menos 28 días después de la vacuna.

Todo caso de rubeola en cualquier persona constituye una alarma epidemiológica que obliga a las autoridades sanitarias  a detectar la fuente del contagio y bloquear la propagación de la enfermedad.

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