EL NIÑO INQUIETO
Lo que hay que saber
Octubre 2022
Hay niños y niñas que nunca parecen estar quietos. Suelen estar prestando atención a distintas cosas al mismo tiempo y son motivo de consulta a distintos profesionales.
Si bien esta conducta suele observarse en el hogar, generalmente es el jardín o la escuela la que alerta por el comportamiento del pequeño.
Suelen ganarse el mote de “traviesos” por parte de padres y maestros. Algunas de las travesuras pueden terminar en accidentes o lesiones que motivan la alerta de la escuela.
Cuando llegan al consultorio estos niños generalmente no poseen antecedentes de patologías que puedan justificar alteraciones en la conducta. Suelen ser niños sanos al examen físico y con un examen neurológico también normal.
Algunas veces, la justificación a este tipo de comportamiento se encuentra en la falta de límites establecidas en la casa, que comienzan a manifestarse durante la sociabilización y el cumplimiento de normas al ingreso escolar.

Sin embargo, en algunos niños, estas conductas no son siempre problemas de límites en el hogar o la escuela, sino que hay algún problema en ellos que motiva ese comportamiento.
Generalmente hay antecedentes que pueden ser importantes a la hora de orientar un diagnóstico. El niño inquieto del jardín o de la escuela suele haber sido un bebé llorón y con problemas para conciliar el sueño a la noche. Algunas veces hay recuerdos de berrinches frecuentes en la casa o dificultades para respetar el turno en los juegos de mesa compartidos con la familia.
Obviamente, los informes del jardín o la escuela son muy importantes. Muchos niños catalogados como “traviesos” no poseen, a pesar de sus travesuras, problemas en su actividad diaria. Suelen completar las tareas, no pierden o dejan olvidados sus útiles en forma casi continua y tienen un aceptable rendimiento académico. Pero hay otros niños que, a diferencia de los primeros, los problemas de conducta alteran el rendimiento escolar, ya sea por no quedarse quietos y/o por la desatención casi constante. Estos últimos pueden corresponder a una entidad conocida como “Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad”, muchas veces abreviada con las siglas TDAH.
Es importante señalar que el mencionado cuadro posee dos vertientes: la atención y la hiperactividad y cada una de ellas puede tener distinto grado de participación en los síntomas.
El TDAH es un cuadro que suele diagnosticarse por algunos de los antecedentes aquí descriptos provenientes de la casa, de la escuela y de la observación del comportamiento del niño durante la consulta. No hay estudios de laboratorio ni de imágenes que orienten o colaboren con el diagnóstico, siendo habitualmente normales.

El origen del trastorno es desconocido, pero se cree que existiría un origen genético dado que suelen encontrarse antecedentes familiares al respecto. Creencias populares en cuanto al tipo de alimentación, técnicas de crianza, excesivo uso de pantallas, la pobreza, caos familiar, etc. están descartadas, aunque algunas de ellas pueden exacerbar los síntomas o dificultar el tratamiento.
Lo importante a destacar es que estos niños suelen poseer la capacidad intelectual para desempeñarse normalmente en la escuela, siendo la desatención y la hiperactividad los motivos del bajo rendimiento escolar y de los trastornos en la conducta.
Si bien, como se dijo anteriormente no hay estudios específicos para el diagnóstico de este cuadro, existen tests integrados por varias preguntas dirigidas a padres y educadores para conocer si hay signos de desatención y/o inquietud corporal que justifiquen el diagnóstico de TDAH y el inicio del tratamiento correspondiente.
INATENCIÓN:
Se valora considerando seis (o más) de los siguientes síntomas si se mantienen durante al menos 6 meses afectando directamente las actividades sociales y académicas/laborales.
- Falla en prestar la debida atención a los detalles o por descuido se cometen errores en las tareas escolares, en el trabajo o durante otras actividades.
- Tiene dificultades para mantener la atención en tareas o actividades recreativas.
- Parece no escuchar cuando se le habla directamente.
- No sigue las instrucciones y no termina las tareas escolares, los quehaceres o los deberes laborales.
- Tiene dificultad para organizar tareas y actividades.
- Evita, le disgusta o se muestra poco entusiasta en iniciar tareas que requieren un esfuerzo mental sostenido.
- Pierde cosas necesarias para tareas o actividades.
- Se distrae con facilidad por estímulos externos.
- Olvida las actividades cotidianas.

HIPERACTIVIDAD:
Se valora considerando seis (o más) de los siguientes síntomas si se mantienen durante al menos 6 meses afectando directamente las actividades sociales y académicas/laborales.
- Juguetea o golpea con las manos o los pies o se retuerce en el asiento.
- Se levanta en situaciones en que se espera que permanezca sentado.
- Corretea o trepa en situaciones en las que no resulta apropiado.
- Es incapaz de jugar o de ocuparse tranquilamente en actividades recreativas.
- Está “ocupado”, actuando como si “lo impulsara un motor”.
- Habla excesivamente.

En algunos niños a estos componentes se les agrega la impulsividad, la que se puede detectar también mediante las siguientes preguntas:
Con frecuencia:
- Responde inesperadamente o antes de que se haya concluido una pregunta.
- Le es difícil esperar su turno.
- Interrumpe o se inmiscuye con otros.
Las conductas de los niños con TDAH no sólo suelen afectar el rendimiento académico, sino que pueden provocar daños corporales hacia el mismo niño y hacia los demás, dada la posibilidad de accidentes tanto en el hogar, la escuela y la vía pública ya sea por imprudencia o desatención.
El TDAH no es propio de la niñez, pero da la oportunidad de diagnosticarlo y tratarlo. De no hacerlo el cuadro persiste en los adultos, provocando inconvenientes de distinto tipo en el ámbito académico y/o laboral.
El tratamiento del mismo se realiza por medio de un equipo de profesionales que generalmente incluye al pediatra de cabecera, al psicopedagogo/a, al psicólogo/a y al psiquiatra infantil. Se recurre generalmente a la psicoterapia, al juego y en algunas oportunidades a medicaciones específicas que tienen en cuenta la gravedad de los síntomas. El apoyo de la escuela es fundamental para comprender el comportamiento de estos niños sumado, algunas veces, a la necesidad de contar con una docente integradora que trabaje con el pequeño.
Fuente: Vericat A. “Los problemas del neurodesarrollo”. Programa Nacional de Actualización Pediátrica. Sociedad Argentina de Pediatría. 2022