Los niños y el inicio de la deambulación
CONSULTAS SOBRE LA MARCHA
Diciembre 2019
La marcha puede definirse como una sucesión de pasos que permite a toda persona el desplazamiento en posición bípeda, propia del ser humano. La marcha normal requiere un control preciso de los movimientos de las extremidades, la postura y el tono muscular, un proceso extraordinariamente complejo que involucra a todo el sistema nervioso.
La deambulación tiene una gran importancia en el desarrollo psicomotor del niño pues le da autonomía para moverse en el espacio, aumenta su campo de visión y le permite tomar y manipular objetos que antes no estaban a su alcance.
La adquisición de la marcha es un proceso de maduración genéticamente determinado, que implica la organización gradual de estructuras nerviosas a las que se suman el incremento y perfeccionamiento de distintas habilidades.
Debido a ello cada niño posee un tiempo propio para comenzar a caminar que es resultado de su “programación genética” determinando el momento adecuado en función de la propia maduración. El resto quedará para la estimulación que puede en algunos casos acelerar los tiempos.
Entre los 9 y los 15 meses de edad, período en el cual inicia o desarrolla la marcha, primero con apoyo o sostén y luego sin él, suelen surgir consultas generalmente motivadas por variantes de posiciones normales durante esta etapa.

El inicio de la bipedestación y luego de la marcha obliga al niño a tener posturas que pueden llamar la atención a padres y madres pero son totalmente normales a fin de mantenerse estables.
La más consultada es la separación de las rodillas y sus piernas, adoptando los miembros inferiores una silueta de paréntesis. Si bien dicho fenómeno se inicia cuando logra pararse sin apoyo, es mucho más evidente en algunos niños cuando comienzan a caminar por sí solos. Esto suele acompañarse de una ligera flexión de las rodillas que pueden facilitar la fácil sentada frente al cansancio o alguna dificultad durante las primeras caminatas. Los brazos generalmente se abren, separándose del cuerpo.
Todas estas posiciones relatadas son normales y tienden a incrementar la base de sustentación de un cuerpo que está aprendiendo a apoyar ambos pies sobre el suelo para luego intentar caminar. Los primeros pasos en este período lógicamente serán cortos sin casi levantar los pies. Es fácil darse cuenta que la maduración de la deambulación implicará también la capacidad de mantener el equilibrio con pasos más largos y seguros permitiendo de a poco comenzar a subir escalones con apoyo o iniciando pequeñas corridas.

Durante esta etapa también es frecuente la consulta sobre la posición que adoptan los pies. Ambos o uno de ellos pueden tener una orientación que preocupan a padres y cuidadores. Generalmente estos fenómenos son transitorios y terminan corrigiéndose en forma espontánea una vez iniciada la marcha en forma completa.
Otra consulta bastante habitual es el pie plano que siempre está presente en esta etapa de la vida y no requiere ninguna intervención.
En todos estos casos será importante el estímulo que significa el pie apoyado contra el piso, sobre superficies que no permitan deslizamientos.

Hay niños que durante esta etapa suelen caminar en puntas de pie. Generalmente se trata de una postura que abandonarán en un corto plazo sin requerir tampoco ningún tratamiento. Es importante observar si el niño puede apoyar totalmente la planta del pie cuando una persona lo sujeta. Lo mismo, si podemos flexionarlo en 90 grados mientras se encuentre acostado. En muy escasas ocasiones el fenómeno puede ser debido a una cortedad de los tendones del talón que pueden requerir desde tratamiento kinésico y/o quirúrgico. Otras raras veces enfermedades neurológicas pueden acompañarse del cuadro comentado.

Como dijimos al comienzo, el inicio de la deambulación requiere del correcto funcionamiento neurológico y músculo esquelético. Este último aspecto queda resaltado en los casos de luxaciones congénitas de cadera no detectadas en forma precoz. Estos niños no pueden iniciar esta etapa en forma normal dado que la articulación de una o ambas caderas se hallan descolocadas. Dicho cuadro requiere de resolución siempre quirúrgica con resultados finales no siempre alentadores.
Los traumatismos, frecuentes durante el inicio de la marcha pueden retrasar levemente los progresos en la misma ya sea por dolor o miedo, siendo siempre provisorios y vencidos por el afán del niño de conquistar el espacio.

En contrapartida, si un niño había alcanzado la independencia en su marcha y de un día para el otro se niega a caminar o mas aun cojea, se deben siempre investigar los motivos, especialmente en las plantas y en las caderas.
La sinovitis transitoria de cadera es un cuadro bastante frecuente en niños pequeños, ya comentado en un artículo anterior, secundario a una inflamación pasajera del líquido que recubre a la articulación. Generalmente es de evolución favorable en forma espontánea y correspondería a una etiología viral.