Hipertensión arterial

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HIPERTENSIÓN ARTERIAL EN LOS NIÑOS

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Marzo 2020

La hipertensión arterial es una enfermedad frecuente en adultos que tiene la particularidad de contar generalmente con el desconocimiento de quien la padece, careciendo por lo tanto de control. Según estudios en Argentina el porcentaje de adultos con presión elevada alcanza al 36,3%.

La importancia del diagnóstico de hipertensión en los niños radica en que, junto con los antecedentes familiares, constituyen los principales datos para predecir la enfermedad hipertensiva en los adultos. En contrapartida, la presión normal durante la infancia suele relacionarse con presiones normales durante la vida adulta.

Hace mucho tiempo se creía que la hipertensión arterial era patrimonio de la gente “grande”. Era raro que en la consulta de un niño se controlara la presión. Los ahora adultos difícilmente recuerden tomas de tensión arterial cuando eran niños. Afortunadamente la medición de la presión está definitivamente incorporada al control de salud de los niños, a partir de los 3 años de vida y por lo menos una vez al año, siempre y cuando los valores sean normales.

Se estima que hay un 3,5 % de niños con hipertensión arterial. Los obesos tienen una probabilidad 5 veces mayor de desarrollar presión alta.

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Como sabemos, la medición de la presión considera siempre 2 valores. La sistólica y la diastólica, conocidas vulgarmente como la “máxima” y la “mínima” en forma respectiva.

Los valores de tensión arterial en los niños no son fijos. Van aumentando en relación al crecimiento de los niños y, para considerar las cifras normales de presión, se deben considerar tablas que relacionan la medición obtenida con el sexo, la edad y la talla. Por lo tanto, en los niños hasta los 16 años  no hay valores fijos para considerar una presión como normal o elevada  sino  que se comparan con las tablas referidas tanto para la sistólica como para la diastólica.

A partir de los 16 años se considera que la tensión arterial sistólica y diastólica no deben superar los 140 mm. y 90 mm. en forma respectiva, sin diferencia de sexo o estatura.

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El diagnóstico de hipertensión en los niños no suele ser simple. A excepción de los que poseen antecedentes familiares de la enfermedad, la obtención de un valor elevado en la consulta generalmente toma por sorpresa a los padres.  Generalmente el niño como le ocurre al adulto no presenta síntomas. Sin embargo una única medición en el consultorio no permite diagnosticar una hipertensión dado que suelen requerirse diferentes tomas en distintas consultas para confirmarla o iniciar estudios para investigarla.

Tomar la presión arterial a un niño no siempre es sencillo. Se debe contar con la colaboración del mismo para lo cual debe explicarse en forma previa el procedimiento, evitando que la presión sobre el brazo termine por asustarlo. El manguito, como se denomina al brazalete que se insufla para tomar la presión, debe poseer el tamaño adecuado para el diámetro y la longitud del brazo del pequeño. De allí que se recomiende que los controles se realicen en consultorios pediátricos o con personal especializado o familiar entrenado, evitando la utilización de los manguitos habitualmente usados para los adultos.

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El diagnóstico de hipertensión en los niños siempre exige investigar si existe alguna enfermedad o alteración que la provoque y del mismo modo estudiar si hay órganos que hayan sufrido daño por los valores aumentados de  presión.

El tratamiento instituido se orientará generalmente al origen de la hipertensión y/o a la gravedad de la misma. Sin embargo en casi todos los casos el tratamiento no medicamentoso suele ser muy importante, modificando hábitos y estilos de vida. Entre ellos, la disminución del consumo de sodio es fundamental, no solo el agregado a las comidas sino también el incorporado a alimentos enlatados o envasados. Sumamente beneficioso también es el control y la normalización del peso corporal en niños obesos o con sobrepeso.

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Además se debe estimular la actividad física aeróbica, evitando el sedentarismo e incorporar a la dieta  vegetales, limitando el consumo de alimentos o infusiones muy azucarados.

Fuente: Pompozzi L. «Hipertensión arterial en el niño y el adolescente». Programa Nacional de Actualización Pediátrica. SAP. 2019

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