CITOMEGALOVIRUS
MARZO 2023

Un enemigo escondido
El citomegalovirus pertenece a la familia de los virus herpes caracterizados por permanecer en el con organismo una vez producida la primera infección y presentar reactivaciones, la mayoría de ellas sin síntomas a lo largo de la vida.
Sin embargo, cuando la infección se adquiere durante el embarazo puede originar serias repercusiones en el feto. La infección por citomegalovirus en este período es la más frecuente en los países desarrollados y es la principal causa de sordera de origen infeccioso.
El virus puede pasar de la madre al hijo a través de la placenta, durante el trabajo de parto o luego del mismo a través de la leche materna. Pero sin dudas, la más importante para desencadenar la enfermedad en el feto es la transplacentaria.

La infección por este virus suele ocurrir a partir de la infancia sin que ello implique generalmente síntomas, llegando por lo tanto muchas mujeres a la edad fértil con anticuerpos que evitarían la reinfección durante el embarazo.
Desafortunadamente no todas las mujeres llegan a esta etapa con anticuerpos para esta enfermedad habiendo distintas prevalencias según las regiones y características socioeconómicas de las mismas. Así en países con menos recursos como en África, Asia y Sudamérica el porcentaje de niños preescolares con anticuerpos para el citomegalovirus es de aproximadamente el 95% mientras que en Estados Unidos y el Reino Unido existen poblaciones con menos del 20% de positividad.

En Argentina, con cerca de 700.000 nacimientos por año, se calculan aproximadamente 1500 recién nacidos afectados anualmente.
Por lo tanto, la infección durante el embarazo ocurre principalmente en mujeres sin inmunidad contra el virus, en mujeres que poseen anticuerpos, pero son infectadas por una cepa distinta durante la gestación o por una reactivación de la infección antigua, recordando la propiedad de estos virus de permanecer en el organismo en reservorios, teniendo posibilidades de reaparecer.
La infección congénita y las secuelas asociadas pueden ocurrir independientemente del trimestre del embarazo en que se infecte la madre, si bien las más graves ocurren con la infección contraída durante la primera mitad del mismo.
Como se dijo anteriormente, la vía más importante del contagio fetal es la producida a través de la placenta. Sin embargo, también hay posibilidades de contagio durante el trabajo de parto por intermedio de las secreciones vaginales, también durante el postparto por intermedio de la leche y por último también por medio del contacto estrecho madre-hijo durante los primeros meses de vida.

Se estima que entre el 1 y el 4% de las embarazadas pueden presentar una infección por citomegalovirus durante la gestación. En la gran mayoría de ellas no habrá síntomas y sólo en algunas podrá haber fiebre, ganglios aumentados de tamaño, cansancio. En estos casos, la consulta médica probablemente encuentre aumento del tamaño del hígado y del bazo que alerte en cuanto a la posibilidad de la infección.
Lamentablemente las anomalías más frecuentes se pueden encontrar en el feto por intermedio de las imágenes que brinda la ecografía. Así se podrán detectar entre otras: calcificaciones en el cráneo, microcefalia, (cabeza pequeña), retraso en el crecimiento fetal, alteraciones en el hígado y el bazo, incremento o disminución del líquido amniótico, (polihidramnios u oligoamnios) y edemas generalizados.
Sin embargo, sólo el 10% de los recién nacidos con citomegalovirus presentan síntomas y de ellos el 90% manifestará secuelas a largo plazo. Dentro de los bebés que nacen con síntomas son frecuentes los retrasos del crecimiento y la prematurez, la ictericia, agrandamientos de hígado y bazo, microcefalia, hipotonía, convulsiones, sordera, etc.
Entre los niños que nacen asintomáticos, la gran mayoría desarrollará secuelas a lo largo de la vida entre las cuales se destaca la sordera uni o bilateral, convulsiones, microcefalia, alteraciones en la visión, etc.
Habitualmente la presencia del virus puede confirmarse durante el embarazo dentro de los estudios de laboratorio que se soliciten al inicio del mismo. Los más comunes informan sobre la presencia de anticuerpos contra el citomegalovirus y de encontrarlos diferenciar si se trata de una infección pasada o una reciente que, según vimos, puede transferirse al feto por medio de la placenta. Existen en la actualidad otros métodos más específicos para identificar al virus en la sangre y en distintas secreciones. La punción del líquido amniótico, (amniocentesis) puede confirmar la infección, en especial si las imágenes que brinda la ecografía fetal son compatibles sumado a la serología positiva.
El tratamiento en la embarazada no es efectivo. Los antivirales durante la gestación no han demostrado disminuir la tasa de infecciones tanto en el feto como en el recién nacido. En estos últimos, no obstante, la utilización de antivirales específicos ha logrado mejorar la audición y el neurodesarrollo siempre y cuando se inicien desde el primer mes de vida.

La prevención como en toda enfermedad siempre es la mejor alternativa. En este caso evitando la infección materna, especialmente durante el embarazo. Se ha demostrado que en el caso de las embarazadas el contagio se produce principalmente en aquellas que conviven con un hijo menor de 6 años, especialmente si concurre a un jardín. Por ejemplo, los niños que van a jardines maternales tienen un riesgo del 40% de adquirir la infección, generalmente asintomática, que posteriormente transmitirán a la madre. Lo mismo ocurre con el personal que trabaja en estas instituciones.
Todas estas mujeres deberían considerarse con riesgo de poseer al citomegalovirus y cursar una infección o una reinfección durante el embarazo. Más aún si en el curso del mismo aparecen anticuerpos que indiquen infección reciente.

Medidas de prevención para gestantes:
- No compartir utensilios de higiene personal
- Evitar la exposición directa con saliva y secreciones respiratorias
- Lavado frecuente de manos con agua y jabón, principalmente luego del cambio de pañales.
- Lavado de juguetes con agua y jabón
- Evitar besos en manos o mejillas.
No existe a la fecha vacunas que eviten las infecciones por este virus. El tratamiento de las embarazadas con anticuerpos contra el mismo se encuentra en etapa de investigación.
Fuente: Ensinck G. “Citomegalovirus”. Programa Nacional de Actualización Pediátrica. Sociedad Argentina de Pediatría. 2022.